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viernes, 10 de septiembre de 2010

El tiempo de los gitanos

Recuerdo en mi infancia mis visitas a los campamentos gitanos que se establecían a las afueras de mi pueblo natal. Aparecían allí sin previo aviso, pero nadie les impedía levantar sus carpas y vivir algunos días en ese nuevo sitio que no era más que un eslabón en su vida transhumante. En ese entonces los conocíamos con el nombre de gitanos y nos arrastraba la curiosidad de ver a esos seres exóticos , sobre todo a las mujeres, vestidas con ropas de tantos colores, dientes de oro, trenzas largas y la mano extendida para adivinarnos la suerte. Los rumores de la gente estaban cargados de advertencias: cuidado con ellos, roban lo que pueden, escondan las bicicletas, cuiden las gallinas y cualquier otra cosa de valor. Nunca vi a nadie quejarse que los hubieran robado, pero los prejuicios de entonces son los mismos que ahora existen en Europa.

Francia ha expulsado en las últimas semanas a cientos de romaníes luego de desmantelar los asentamientos que habían construído a las afueras de París . Al presidente Sarkozy y a su ministro del interior no les ha temblado la mano al decidir que los romaníes son la amenaza número uno contra la seguridad pública de ese país.
El parlamento europeo luego del debate que tuvo lugar esta semana votó por una resolución que critica severamente a Francia por las medidas de corte fascistoide lesivas al derecho de los ciudadanos de la UE de moverse libremente por toda la Unión durante 3 meses.  Por primera vez en mucho tiempo el tema del pueblo romaní, su marginación y discriminación está sobre la mesa de los políticos nacionales y europeos como en este momento.

Aquí en Suecia la policía expulsó el verano pasado a unos 70 romaníes por mendigar en la ciudad de Estocolmo. Mendigar no está prohibido por la ley en caso de ser ciudadano extranjero, y menos para un ciudadano sueco. Sin embargo la policía sueca encontró en la ley de extrajería un parágrafo donde un ciudadano de otro país, incluso perteneciendo a la UE, puede ser deportado si se encuentra practicando una "acción deshonesta", integrando la mendicidad a la lista de esas deshonestas actividades.

Después que la mayoría de los partidos políticos -con excepción del partido conservador y el ministro de Migración Tobías Billström- y las organizaciones de DDHH criticaran esa decisión, la policía revisó sus rutinas y estudió con más rigor el código penal.  Ahora parece que si la mendicidad no está vinculada a una actividad delictiva, no habría motivo para deportar a los mendigos que en las plazas, en el metro y en otros lugares han comenzado a ser parte de un paisaje al que los suecos no estaban muy acostumbrados.
Claro que si miramos la realidad ayudados con una lupa no se puede negar que también a menudo nos encontramos con otros tipos de mendigos, en su gran mayoría nórdicos, los que integran el grupo denominado A-laget , es decir los que beben y adoran a Baco la mayor partes de las horas del día y de la noche sentados en lugares públicos mientras el tiempo lo permite. Ellos no corren el riesgo de ser deportados cuando mendigan unas coronas para "viajar a su  pueblo natal", aunque la policía los deporta a algún calabozo si los encuentra con demasiada graduación alcohólica en la sangre.

Pero los romaníes que han sido perseguidos durante siglos en Europa sufren las consecuencias más serias del avance de la ultraderecha y de la derecha más conservadora que quieren tranquilizar a su electorado, y como siempre encontrar chivos expiatorios a los problemas coyunturales.

En Suecia muchos romaníes tienen mucho para contar de un pasado que no fue misericordioso con su forma de ver la vida, y como pueblo migrante sufrieron las consecuencias de una política oficial que le permitió a la antropología dedicarse a la investigación de "las razas" en la Universidad de Uppsala. Entre los años 1921-35 muchas mujeres y hombres  fueron esterilizadas/os y fueron además víctimas de estudios "científicos" en los que se inspirarían más tarde los nazis alemanes para justificar el exterminio de judíos, romaníes y otras minorías.

Esta semana ha ocurrido algo sin embargo que despierta una cierta esperanza en la colectividad romaní: se han levantado voces cada vez más fuertes en la esfera política europea,  donde se pide crear una "comisión de la verdad" que ponga sobre el tapete los abusos a que fueron sometidos los romaníes durante los últimos cien años en el caso de Suecia. Incluso con tufillo demagógico se propone establecer un "Plan Marshall" para los romaníes,  etc.etc.

Nadie duda que en el caso de Suecia estamos en campaña electoral y por esa razón existe la oportunidad de perfilarse como defensor de este grupo étnico para algunos partidos. Muchos se preguntan si después de las elecciones del 19 de septiembre la cuestión romaní desaparecerá de la misma manera que apareció al apagarse los ecos de las deportaciones en Francia, República Checa, Italia, Alemania, Suecia, etc.
 El hecho que el tema haya sido debatido intensamente en los medios  puede ayudar sin embargo a esta minoría étnica a ganar espacios en la sociedad a pesar de la renunecia y prejuicios que sin dudas son muy extendidos entre las diferentes capas sociales de la sociedad, y tal vez sus reclamos sean escuchados y sus derechos respetados.

En Europa se calcula que la población romaní alcanza los 12 millones dispersados por toda Europa, pero concentrados especialmente en Rumania y Bulgaria. Hoy día viven en Suecia unos 50 000 romaníes. Y para ver su grado de marginación basta con constatar el nivel de desempleo que alcanza su población económicamente activa: el 80 por ciento están desempleados, aunque la mayoría vive en una economía informal que los estados nacionales miran por supuesto sin ninguna simpatía y la gente en general desprecia, porque creen que todos los romaníes se dedican al contrabando de niños, prostitución y al robo.

 Un alto porcentaje de los niños romaníes en edad escolar no terminan sus estudios.  Pero la marginación y la discriminación no son sólo el resultado de una cultura que se niega a asimilarse al resto de la sociedad. El riesgo es que las medidas que se tomen en el futuro por los gobiernos nacionales y la UE sean para contentar a cierta opinión pública, pero no cambie absolutamente nada la realidad de los romaníes. O por el contrario, debamos acostumbrarnos a ver por la tv los progroms que los estados nacionales realizan contra los asentamientos romaníes al volverse la opinión mayoritaria en los países europeos más xenófobos e intolerantes, convirtiéndolos en una fácil presa de caza en los tiempos de crisis económica y política.

Rosa Taikon, una romaní de 83 años, que lleva 50 años luchando por los derechos de su pueblo en Suecia y Europa, me dijo en una entrevista que ya estaba harta de escuchar siempre las mismas promesas de los políticos, lo que se necesitaba eran acciones concretas como la aprobación de leyes a nivel europeo que terminen con la discriminación de los romaníes y de otros grupos étnicos minoritarios en los países miembros de la UE. Sin embargo esa posiblidad está lejos por el momento. El Parlamento europeo presiona a la Comisión Europea y al Consejo de Ministros para que pongan más empeño en encontrar soluciones a la situación de los romaníes que se plantean en cada estado miembro. Sobre todo la Comisión con su presidente Barroso tiene una papa caliente en su agenda junto con la comisaria Cecilia Malmström para resolver los nudos gordianos que han crecido como tumores en la sociedad europea.

 El futuro puede ser mejor para los romaníes si el compromiso asumido por los representantes en el parlamento europeo y a nivel nacional es algo más que demagogia oportunista. Si por desgracia se convierte sólo en eso, entonces recibirán una cobarde bofetada más cuando creían que estaban viendo la luz al final del túnel.
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