Páginas vistas la semana pasada

miércoles, 31 de mayo de 2017

Mario Arregui y el eco de sus cuentos



Esta mañana revisando los libros de mi biblioteca descubrí uno de la editorial ARCA de Uruguay, apenas de 130 páginas, escondido entre otros más panzones y de dura encuadernación. Me sorprendió agradablemente que al liberarlo de aquel apretón reconocer la tapa del mismo. Su título es Ramos Generales del autor Mario Arregui. No es el único escritor  de nuestro Flores natal que ha aportado a las letras de la literatura uruguaya, aunque su creación, y espero no equivocarme, es la que más trascendencia ha tenido en el género del cuento, del relato corto que comprime espacio y tiempo con ese desenlace mágico y a menudo inesperado.

Mario era un hombre ya bordeando la edad de los cincuenta años (nació en 1917) cuando lo conocí en el café Beyruti a mediados de los 60 donde solía ir a tomar café y charlar con amigos de su generación, pero como eran reuniones abiertas y espontáneas, nadie ponía muchos reparos que dos o tres “pendejos” como nos llamaban, nos arrimáramos a escuchar. Eramos chicos que salíamos de la adolescencia, 16 - 17 años,  pero estábamos hambrientos de literatura y de escuchar a tan renombrado prosista y tertuliano. Porque Mario Arregui no solo era escritor, también era un aficionado a contar anécdotas sobre sus viajes o experiencias que resultaban siempre exóticas a nuestros oídos de muchachos provincianos que apenas habíamos salido del cascarón  pueblerino de Trinidad, la ciudad donde él también había crecido y cursado sus primeros años de estudios primarios y secundarios.

A través de sus dos hijos, Martín y Alejandro, con quien habíamos cursado juntos la escuela y el liceo, llegué a visitar la casa de Mario emplazada en una esquina, frente a la Plaza Flores. Eran los años de la emergente Revolución cubana. La invasión de Bahia de Cochinos y la crisis de los misiles habían quedado atrás, pero en Uruguay observábamos con interés la incipiente lucha tupamara y los debates sobre la necesidad de unir a la izquierda en un gran frente amplio.

Mario era miembro del Partido Comunista uruguayo, incluso fue su candidato en las elecciones departamentales, aunque no recuerdo que fuera un marxista-leninista ortodoxo, por el contrario era un hombre que había recogido de muchas fuentes una ideología abierta de izquierda, consciente de las iniquidades del sistema capitalista, de las injusticias y desigualdades a las que nos enfrentábamos en aquéllos años. Defendía con ahínco a la revolución de los barbudos cubanos en debates que tenían lugar en el el cine Plaza, cuando todavía era posible debatir sobre estos temas. Pero estaba bastante solo, nuestro pueblo era conservador, y en parte lo sigue siendo, pero el sueño de la nueva sociedad y el hombre nuevo parecían realizables en nuestro ingenuo fervor juvenil por la revolución en aquéllos años donde la juventud se levantaba contra la guerra de Vietnam y participaba en Europa en el Mayo del 68.

El libro mencionado Ramos Generales removió en mi memoria al encontrarlo aquéllos años, más precisamente 1967, en que buscando la forma de empezar a redondear un cuento inspirado en mis lecturas de Horacio Quiroga, William Faulkner y el propio Mario Arregui le pregunté a Martín  si podía prestar la máquina de escribir de su padre y además sentarme  en la pieza donde tenía el escritorio y la biblioteca. Mario solía ausentarse muchos días a veces por su trabajo en el campo, y su casa abierta era el ágora para algunos amigos que buscábamos libros y comentábamos las impresiones de lo último leído.  Yo deseaba fervientemente llevar un cuento mío de las hojas de un cuaderno escrito a mano a plasmarlo sobre un folio blanco.  Recuerdo que aquella máquina de escribir  era una vieja y pesada Remington, si es que la memoria no me traiciona, seguramente de los años cincuenta y pesaba probablemente más de diez quilos pero sus teclas eran livianas y repiqueteaban sobre el papel con una música acompasada cuando lograba escribir varias palabras sin equivocarme.

Corría el año 1971,  era año de elecciones en Uruguay y formalmente se había constituido el Frente Amplio. En esos agitados meses un puñado de jóvenes nos habíamos organizado en comités de base, pertenecientes a distintos grupos de izquierda, socialistas, comunistas, cristianos y otros, mayoritariamente estudiantes de bachillerato,y así participar activamente en la campaña electoral. Recuerdo que repartíamos volantes con la propaganda política del Frente y del partido en que cada uno militaba, y teníamos a Mario como uno de los baluartes que con su moto BMW con sidecar nos acompañaba cuando disponía de tiempo a distintos barrios del pueblo, o nos fue a buscar en una ocasión a la comisaría cuando la policía nos había arrestado por repartir “volantes subversivos”.

La primera edición de Ramos Generales fue impresa en 1985, el año de su fallecimiento. Mario tenía 67 años cuando murió en Montevideo.  La misma edad que hoy tengo yo al recordarlo, muy lejos de nuestra ciudad natal. Tal vez esta casualidad de encontrar su libro a esta edad me ha empujado a escribir estas líneas en honor a su recuerdo. En este libro mencionado Mario se explaya sobre el género “cuentos” como la forma más antigua de la humanidad de comunicar anécdotas, episodios, experiencias, pero en forma oral cuando la palabra escrita todavía no existía.
  “El cuento parece ser hijo del fuego y de la noche” escribió Mario mentando entre otros a los gauchos orientales como parte de esa tradición oral rodeando los fogones. Y luego arremete a dilucidar si su narrativa era criollista o gauchesca, algo que rechaza a pesar que muchos de sus cuentos tienen el ámbito rural como escenario. Él identificaba sus narraciones con “… la literatura a secas que no se constriñe  a un hombre circunstancial sino que persigue e interroga al hombre también a secas, y solamente se ve limitada por las limitaciones de su creador”. Cree que la literatura es una “rama de la Antropología -sin duda la rama más deleitosa, (la cursiva es mía) tal vez la más afinada, la más rica, la más potenciada de aventura”.

Algunos años más tarde de aquella emocionante experiencia personal de sentarme frente a la primera máquina de escribir en mi vida de muchacho imberbe para escribir el primer cuento, aunque este cuento finalmente fuera a parar al cesto de la basura,  recuerdo que Mario había regresado  de un viaje a Europa y a Cuba donde había participado como miembro del jurado en el certamen "Cuentos" de la editorial Casa de las Américas. A este viaje lo llama 20 000 Leguas de viaje,donde cuenta anécdotas de los lugares emblemáticos que visitó en Praga y en París. Recorriendo a pie esas ciudades en invierno se perdía conscientemente  por los barrios de ambas ciudades, dejándose llevar probablemente por la intuición de que detrás de cada esquina había algo nuevo por descubrir. Quedó fascinado con Praga pero la Ciudad Luz no lo impresionó tanto, nos cuenta. Voló luego por encima de España rumbo a Portugal y maldijo la hora de no poder visitar el país, de donde seguramente venían sus antepasados, por causa de la dictadura de Franco. Aterrizó en cambio en Lisboa y lo que allí vio le desagradó tanto por la impronta fascista y la situación de una ciudad muy empobrecida que partió hacia las Canarias para regresar desde allí a Uruguay. Hoy Lisboa es una ciudad adorada por quien la visita, lejos de aquella gris e invernal que él nos describe.

Mario fue un escritor escrupuloso y obsesionado con la forma e inventor de palabras, o mejor dicho un “retorcedor"  de las mismas para transformarlas sin quitarle el sentido original. Poseía un lenguaje serpenteante que se deslizaba en sus textos, generalmente apoyado en una erudición que muchos escritores uruguayos de la llamada generación del 45 ostentaban. 
Sartre, Breton, Malraux, Hemingway, Kafka, Onetti, Borges, E.A. Poe y otros escritores europeos y americanos  aparecen en estos capítulos más  personales de Ramos Generales y acuden a su auxilio a medida que va hilvanando la costura del relato. Autores que alguna vez leímos, otros aún son una deuda que tenemos con la literatura, y que Mario había leído  en profundidad. El libro se completa con nueve cuentos inéditos que se suman  al universo arreguista con variados personajes y escenarios.

Su ocupación de escritor la combinaba con el trabajo en la estancia que había heredado de su padre. De ahí su cabal conocimiento de los ambientes que muchas veces aparecen en sus cuentos, la mentalidad de los personajes y lo inexorable de sus destinos. Son cuentos sobre hombres duros, curtidos por sus vidas azarosas, hombres atenazados por las culpas, ambiciones, ignorancia, soledad, locura que los van acorralando hasta encontrar el destino final. Las mujeres rara vez aparecen como protagonistas, algo que Mario reconoce al recibir la crítica de un escritor cubano que señala sin decirlo directamente  que el machismo está presente en sus relatos. “Cada uno nace en el año destinado y en el lugar que le toca en suerte, y no puede escapar de ellos, yo nací en el Uruguay de 1917…” escribe a modo de disculpa.

No pocas veces es la muerte la que  termina sellando los cuentos de Mario. Porque la muerte es un mastín implacable  presente en mucho de sus cuentos, definitiva y liberadora. El último relato del libro, Abejas, tiene el tono autobiográfico de alguien que presiente y “escucha" el zumbar de la muerte. Era el zumbido de las abejas que emitían los muertos según una creencia de los antiguos griegos, escribe Mario. “Fumo con la misma lentitud, y lo mucho de muerto que hay en un hombre de mi edad que agradece fraternalmente la cortesía de las abejas”. Era diciembre de 1984. Pasado un poco más de un año, el 8 de febrero de 1985, moría este referente de la literatura y narrativa de nuestra pequeña patria trinitaria. También a él irremediablemente le alcanzó esa fatal protagonista de sus cuentos. Y los que todavía estamos vivos esperando el zumbido, le agradecemos a Mario la herencia que nos dejó, y la historia dirá si humildemente pudimos aportar nuestro granito de arena a esa inmensa playa que es la Literatura con mayúscula.
OBRAS
Noche de San Juan (Número, Montevideo, 1956).
Hombres y caballos (Alfa, Montevideo, 1960).
La sed y el agua (Alfa, Montevideo, 1964).
La puerta abierta (1966).
Tres libros de cuentos (Arca, Montevideo, 1969), recopilación de sus tres primeros libros con un estudio crítico de Ángel Rama. Fue reeditado por Irrupciones (Montevideo, 2010) con prólogo de Elvio Gandolfo.
Cuentos (Col. La Honda, Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 1971), selección de cuentos.
El narrador (Biblioteca de Marcha, Montevideo, 1972), antología con algunos cuentos inéditos.
Veinte cuentos (Editorial Arte y Literatura, La Habana, Cuba, 1978). Selección y prólogo de Virgilio López Lemus.
La escoba de la bruja, (Ácali Editorial, Montevideo, 1979).
Líber Falco (Arca, Montevideo, 1980), emotivo esbozo biográfico del poeta.
Ramos Generales (Arca, Montevideo, 1985).
Correspondencia, 1981-1985 (1990).å
Los mejores cuentos, (Ediciones de la Banda Oriental, 1996).
Un cuento con un pozo y otros escritos (Biblioteca Artigas, Colección de Clásicos Uruguayos, Vol. 182, Montevideo, 2009), antología.
Diálogos sem fronteira. Mario Arregui y Sergio Faraco: Correspondencia. Porto Alegre: L&PM, 2009 (en portugués).


Fuente: Wikipedia

domingo, 28 de mayo de 2017

Chismes y Rumores ADIÓS AL ACUERDO CLIMÁTICO - DICE DONALD T.

Después de cientos de apretones de manos, con jeques, presidentes, primeros ministros y tantos otros líderes políticos de primer y segundo rango, vender armas por miles de millones de dólares, prometer paz permanente en Medio Oriente, besarle la mano al Papa, etc, etc, Donald T. se ha decidido hacer oficial lo que ya había anunciado durante su campaña electoral: No al acuerdo climático de París 2015. No lo ha dicho oficialmente todavía, pero nuestras fuentes revelan que antes de partir hacia el "pantano" (swamp), así definió a Washington antes de asumir como presidente, Donald T. está dispuesto a borrar con el codo lo que costó años de negociaciones entre los países  y estudios científicos para intentar salvar al planeta. 


- Donald Trump- Muchachos, me he decidido. El acuerdo de París irá a parar al tacho de la basura. Las reuniones con el G7 me han convencido que estos energúmenos quieren salvar al planeta. Y lo que van a hacer es hundirlo. Que el sol, el viento, las olas y no sé cuantas pendejadas más van a sustituir al  gas y al petróleo. Soñadores, estúpidos que no saben nada de lo que ocurre en realidad. Y quieren culparnos a nosotros los norteamericanos de haber perjudicado el clima con nuestras industrias y emisiones de dióxido de carbono.
- Scott Pruitt (experto en clima y director de EPA - la Agencia de Protección Medioambiental)
Donald, eres maravilloso, te felicito por haber irrumpido en los salones de todos estos jefesuchos de estado y expertos en climatología de la forma que lo hiciste: con una gallardía digna del líder del país más Grande del Mundo, título que Brasil había hecho suyo durante décadas. Ya sabes lo que vengo sosteniendo desde hace años, el cambio climático es producto de los vientos solares. Si sopla del sur o del norte...
-DT: Bien, bien, reserva tus teorías para otra ocasión. Aquí lo que importa es hacer negocios, el petróleo y el gas son dos reservas naturales que ni mínimamente estás agotadas. Y vamos a explotarlas al máximo. Nuestras plantas industriales y de energía movidas por el oro negro seguirán emitiendo CO2 sin restricciones.
- SP: Sin dudas que muchas empresas dedicadas al negocio estarán relamiéndose y con las manos preparadas para aplaudirte cuando lo hagas oficial. Halliburton, Schulemberger, Weatherford, Bronco Driller y tantas más están esperando la confirmación. Tu sabes que tengo contacto con ellas asiduamente. No es legal, claro, pero uno siempre se encuentra con alguien de casualidad en el hall o en los pasillos de los hoteles ...
DT: Claro, claro, no des más explicaciones que las paredes tienen oídos. Antes que reforme al FBI, a la CIA, y a las otras hermanass debemos ser cuidadosos con lo que decimos. Muchos resentidos quieren filtrar a nuestro principal enemigo, la prensa en general, salvo FOX por supuesto, estas grabaciones hechas en secreto. No quiero más investigaciones ni del Congreso ni del FBI. Aquí mando yo, como lo hice con mis empresas. Y al que no le guste, you are fired!!
SP: Sabes Donald, esa orden la vienes repitiendo muy a menudo. Y lo deslumbrante de todo esto es que reemplazas a los energúmenos y leguleyos que hablan todo el tiempo de la ley y de la sagrada Constitución, con gente multimillonaria, es cierto un poco ignorante de esto o de lo otro, pero que poco a poco van entrando en el ruedo, como dicen en España, je je!
DT: Hemos tomado el Poder. Esta nueva élite que quiere hacer nuevamente grande a EEUU  está por primera vez directamente sentada en la Casa Blanca y con mayoría en el Congreso. Vamos a disecar el pantano. Antes ejercíamos el poders a través de políticos de carrera, oportunistas, aventureros y auto-denominados mesías. Ahora somos nosotros, como la logia de los masones lo hizo en otro tiempo, ahora no necesitamos de esos intermediarios y alcahuetes. Veo la luz Scott, nuestra industria bélica repartirá juguetitos a diestra y siniestra para nuestros aliados, a buen precio sin dudas, combatiremos el terrorismo en sus cuevas, Europa tendrá que pagar más por su defensa, conquistaremos nuevos planetas ricos en minerales para nuestra industria, los colonizaremos, nos clonaremos los ímprobos hombres y mujeres de nuestra civilización, extenderemos la raza humana en el universo. Seremos los amos, los Putos Amos, como dice ese Wyoming en la Sexta de España.
SP: Grandes visiones mi rey. Oye a propósito del tema, he visto la última versión de Alien Covenant de Ridley Scott. Se trata de una misión como la que describes. Con cientos de seres humanos y miles de embriones congelados que van rumbo a colonizar otro planeta. Bueno, la película no termina bien para los humanos, por lo menos en esta última versión, veremos que pasa en le próxima,  por eso debemos  enviar una tripulación muy confiable y los robots o "sintéticos" como los llaman en esta versión de Alien, no deben tener sentimientos. Sino querrán reemplazarnos.
DT: Ejem! Dejemos esas visiones futuristas de lado por el momento, Scott. Oye has visto a mi querida esposa? Aquí en Taormina hace mucho calor y ella es muy sensible a las altas temperaturas. A lo mejor se ha perdido en esas calles polvorientas. Pobrecita, es tan delicada...Viste que no quiso ir de la mano conmigo cuando bajamos del avión? Me tiene preocupado, querrá pedirme el divorcio?
- SP: Ojo! que ahí llegan los de CNN y Washington Post. Hagámonos los dormidos, la mejor manera de evitar abrir la boca.

Y recuerden, son sólo chismes y rumores... Hush-Hush!






















sábado, 27 de mayo de 2017

Cuentos en la Nube UN NEGOCIO ESTUPENDO

Renato Peñarol Villagrán era un hombre de acción. Una flecha para los negocios según los que llegaron a conocerle, gente que en honor a la verdad no tenía ni idea sobre las actividades que ocupaban la vida de Villagrán. Él se lanzaba con energía inagotable cada  vez que veía una posibilidad de obtener una buena recompensa por su participación en algún negocio. Pero en realidad  estas oportunidades no eran tan importantes, aunque  Renato Peñarol solía alardear de ellas. Por alguna razón estaba predestinado al frecuente fracaso a pesar de toda la simpatía que derramaba a su paso y el entusiasmo que desplegaba en lograr lo que se proponía.  Frecuentemente los negocios que emprendía eran de poca monta y nunca tenía dinero suficiente para financiarlos. Pero él creía y no renunciaba al golpe de suerte final que lo llevaría a obtener una fortuna, que con el paso del tiempo parecía cada vez más lejana.

Los que lo conocieron comentan que cuando lograba ganar algunos pesos se los gastaba esa misma noche en los bares, de juerga con los amigos y las chicas del ambiente hasta las primeras luces del día. Le gustaba hablar, tejer historias y contar inagotables anécdotas… y mentiras. Tenía amigos en todos los rincones del país. A su manera era un tipo seductor, pero los años y los fracasos lo fueron desgastando poco a poco.

Después de jubilarse se alojó en un cuarto de pensión, lo más barato que pudo encontrar en aquél Montevideo de los últimos años de la década del 70. La ciudad todavía vivía un periodo de opresión y represión, luego de que los militares se apropiaran definitivamente del poder.
Esa noche de julio se había sentado a cenar en el comedor de la pensión, escuchando el informativo de Radio Carve y el comunicado de los militares sobre los peligros que acechaban en la sociedad. No obstante no se perdía ningún movimiento de Dorotea, la dueña de la pensión, que terminaba de servirle la porción de comida de la cena.
- Eso es lo que queda del puchero del mediodía. Hice un salpicón - le dijo Dorotea, que le cocinaba un par de veces a la semana. Lo hacía por lástima.  La jubilación como antiguo empleado del estado era escasa y Renato Peñarol semanalmente le entregaba a ella  algún dinero para las compras en el mercado. Dorotea aprovechaba y se quedaba con alguna parte de lo que cocinaba para consumo propio. Era un trato justo, pensaba ella, fuera del alquiler que Renato Peñarol pagaba puntualmente por la pieza.
- Está bien, comeré ese salpicón. El puchero estaba rico a pesar de que le pusiste mucha sal para mi gusto. No es bueno para mi presión sanguínea, señaló con cierta acidez.
- Bah! No era para tanto. Sólo un puñadito. Ni se notaba, hasta me parecía que estaba desabrido.
- Así que comiste de mi puchero, sabandija!
- Es el sueldo que te cobro por cocinarte. Estás descontento? Pues que te cocine otra.
- No, por favor, nadie cocina como vos, y era solo una broma.
- Ah! Ahora nos entendemos - dijo ella conciliadora.
- Esta noche voy a salir, así que te ruego me cuides la pieza - rogó Renato Peñarol preocupado porque la puerta no tenía cerradura ni candado, solo el picaporte de bronce que con un toque abría la puerta.
- ¿Así? También tengo que hacer de botón? ¿Qué pensás hacer esta noche?
- Voy a encontrarme con un socio. Tengo un proyecto importante entre manos, sabés?. Pronto van a rodar camiones alemanes reciclados por nuestras carreteras. Y billetes de los verdes por mi bolsillo.
- ¿Y eso?
- Mirá, es muy difícil de explicar, así que por ahora lo vamos a mantener en secreto, no vaya a ser cosa que me roben la idea.

Renato Peñarol se puso una chaqueta gris abrigada y se calzó los zapatos negros de invierno. Ajustó el nudo de la corbata roja y se miró al espejo. Pensó que su aspecto todavía era de un hombre respetable. La calvicie le preocupaba, pero se calzó un sombrero negro de felpa, una mala imitación
barata de un Borsalino, y entonces le gustó más lo que veía frente al espejo.

Una vez en la calle sintió que el frío de la noche iba invadiendo lentamente la ciudad. En Paso Molino las calles estaban débilmente iluminadas y apenas circulaban algunos autos por las avenidas. Algún que otro vehículo militar llamados camellos,  con militares armados con fusiles, patrullaban las calles. “Nunca se sabe cuando los que atacan desde las sombras pueden dar un golpe traicionero”, rezaban continuamente los comunicados del gobierno de facto.

Los muros de la ciudad respondían con consignas pidiendo el fin de la dictadura, liberar a los presos políticos y decenas de otras reivindicaciones. Renato Peñarol caminó hasta la parada del ómnibus indiferente a lo que pasaba a su alrededor, y se mantuvo quieto como una estatua hasta que llegó el pesado y ruidoso autobús que a esa hora venía bastante vacío. Se sentó en el ultimo asiento para observar a los pasajeros que subían y bajaban con más comodidad. No quería que lo agarraran desprevenido ni los punguistas amigos de las carteras y billeteras, ni la policía que controlaba en los distintos puntos de la ciudad los documentos de identidad de los pasajeros. A través de la ventanilla pudo apreciar cómo los barrios se iban transformando a medida que se acercaban al centro. Altos edificios y casas antiguas alternaban a lo largo de las calles en una extraña mezcla entre lo antiguo y lo moderno. Los altos plátanos plantados en las veredas  acentuaban ese aspecto sombrío que la ciudad adquiría durante las noches de invierno. Cuando llegó al centro se bajó en una parada de 18 de Julio, cerca de la plaza Libertad. Entonces enderezó hacia una calle transversal y entró en el boliche del Pájaro Olivera.

- Hola Renato. Viejo, que hacés por aquí? No me digas que andás haciendo negocios a estas horas.
- Vos me conocés muy bien Pajarito, sabés que Renato Peñarol mete la pelota siempre picando. Tengo un negocio de la planta. Se me ocurrió el otro día escuchando la radio. Creo que se puede ganar una buena guita. Lo único que necesitaba era un contacto en el lugar donde está la materia prima. Y ya lo tengo y es de primera!
- ¡No me digás, loco! ¿Y me vas a pedir que sea tu socio?
- Noooo, que va, ya tengo un socio. Esta vez te dejo fuera, con mucho pesar, claro.
- Bueno, me alegro, porque últimamente los negocios en los que me has metido me han dejado un poco más pobre.
- Sí, reconozco que no me ha ido muy bien últimamente. Pero esta vez todo parece estar bien atado. Y te voy a devolver la guita que me prestaste la vez pasada. No me olvido de mis compromisos, y menos contigo, Pajarito. Voy a encontrarme más tarde con el tipo que me va a conseguir la guita  para el negocio.

Renato Peñarol observó el bar a su alrededor. Algunos parroquianos habituales estaban sentados en el lugar de siempre. Una pareja hablaba susurrando inclinados sobre la mesa. Tomó su cerveza lentamente y luego se despidió del Pájaro Olivera con un  " Chau, nos vemos pronto” y un brazo en alto. Cruzó la calle y caminó hasta la plaza. Todavía circulaba mucha gente por la avenida principal de la ciudad. Los vendedores callejeros estaban levantando sus puestos de venta repletos de artesanías, calabazas para el mate, termos, grabados en cueros y objetos de regalo con la bandera del país o la imagen del cerro de Montevideo, la Casa Pueblo de Punta Ballena y una torpe imagen del balneario Punta del Este. No faltaban las camisetas y las banderas de los clubes de fútbol más populares, Peñarol y Nacional. La noche estaba fresca pero soportable, así que siguió caminando un par de cuadras más. Llegó al café Vesubio repleto de gente, y pidió un expreso. Saboreó el café espumoso y fuerte, chasqueó la lengua, y vio entrar puntualmente a Juan Traversa al local. Ambos se abrazaron palmeandose las espaldas con exagerada energía   y se sentaron en una mesa junto a la ventana.
- Tengo todo listo - dijo Traversa esbozando una sonrisa.
- En serio? Tenés ya la guita para el negocio? Creía que ibas a demorar mucho más tiempo en
conseguirla.
- No, esta gente que tiene el capital quiere blanquearlo lo más rápido posible, ¿te das cuenta?. Vamos
adelante con esto. Pero los detalles son importantes. La persona en Alemania que es tu contacto tiene que ser gente de confianza, el transporte de los camiones a Uruguay tiene que estar asegurado con una compañía conocida, necesitamos una lista con los clientes potenciales que al final correrán con todos los gastos en el precio final, y mil detalles más. ¿Seguro que podrás manejar todo eso solo? Esto nos tiene preocupados a todos.
- No te preocupés Juan, que ya tengo todo pensado y organizado. Mi hombre en Alemania es un tipo de confianza y muy trabajador. Ya tiene también él  todo bajo control y los contactos necesarios, me ha asegurado -mintió Renato Peñarol. ¿Y cuándo podremos disponer de esa guita?
- Dentro de quince días, si les presentamos todo el plan completo -respondió Traversa mirando fijamente a Renato Peñarol que sostuvo la mirada.

Renato Peñarol  sintió sin embargo cómo le palpitaban las sienes. La presión sanguínea indudablemente le estaba subiendo, constató. Él era hipertenso y no debía descuidarse, le había advertido su médico. Metió la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta y sacó disimuladamente una pequeña caja de metal donde guardaba las pastillas  contra la hipertensión. Se echó una en la boca cuando Traversa hablaba con el mozo y bebió un vaso de agua. Se sintió entonces un poco más tranquilo. De pronto lo que le había parecido una utopía se estaba haciendo realidad. Pero Renato Peñarol sabía que su estado de hipertensión no se debía a la inmediatez de concretar el negocio, que de llevarse a cabo sería un magnífico golpe de suerte. La razón era otra y muy desalentadora. En la última conversación telefónica con su amigo en Alemania, solo había conseguido obtener una vaga promesa. Aun así se había hecho la ilusión de que las cosas iban a salir bien, que podía hacer un negocio muy rentable con los camiones alemanes que ya estaban fuera de servicio. Y le propuso la idea a Traversa que era un persona con muchos contactos donde no faltaba el dinero, del blanco y del negro.

En Uruguay los camiones podían ser puestos a punto y seguir funcionando unos cuantos años más, se
había  ilusionado Renato Peñarol. La industria de la madera esta creciendo y la demanda de camiones para carga pesada mostraba que había futuro en esta industria. Pero no tenia nada concreto, había inflado la idea y ya no podía detenerse.   En realidad le había hecho un cuento chino a Traversa. Y lo que pensaba se iría diluyendo en vaguedades con el tiempo, había tomado un cariz inesperado. Había gente que quería hacer el negocio. Y dinero para invertir. Renato Peñarol sabía que no podía seguir simulando por mucho tiempo. ¿Pero cómo salir del atolladero? Estuvo a punto de decirle la verdad a Traversa, sin embargo siguió audazmente con la mentira en vez de reconocer que el negocio todavía estaba tan verde que seguramente  nunca maduraría. Mejor esperar, mejor tomarse más tiempo le gritaba una voz interior. Pero en cambio respondió:

- Qué bueno, voy a hablar con nuestro hombre en Hamburgo. Lo pondré a trabajar inmediatamente. Mañana mismo lo llamo - las palabras salieron de la boca casi sin proponérselo y haciendo un esfuerzo  para que no se notara su nerviosismo y lo cerca que estaba del abismo.
 -Estupendo! Tengo que marcharme, pero estamos en contacto. Y no me fallés que me juego mucho frente a la gente que pone la guita. Estás bien? Te veo algo pálido.
 Si, y no te preocupés por mí que estoy bien. La presión, vos sabés…

Ambos se abrazaron al despedirse, y Renato Peñarol quedó solo pensando en el lío que se había metido por ser tan bocazas. Nada estaba organizado, no sabía con total certeza si realmente había camiones disponibles, si era posible reciclarlos y su contacto en Hamburgo apenas había hecho algunas averiguaciones después de que él le había insistido en la oportunidad de comprar y reciclar los camiones Mercedes Benz. Con toda esa preocupación volvió a la pensión y apenas si pudo dormir esa noche, con remordimientos que le picoteaban como aves de rapiña la cabeza calva escondida bajo las frazadas.

Al otro día se le ocurrió una idea. Llamó a Dorotea y le pidió ayuda. La anciana se intrigó ante el tono misterioso de su inquilino.
- Dorotea, tengo un problema y voy a desaparecer de Montevideo por unas semanas. Seguramente alguien va a venir a preguntar por mí. Les dices que me fui a la casa de mi hermana, no mejor diles que me morí. Sí, exacto, sin más ni menos.
- Pero… ¡como se te ocurre, hombre! En qué lío te has metido, ¡sinvergüenza!
- Nada serio en realidad. Pero quiero mudar de aires por un tiempo. Te prometo volver, es solo hasta que pase una posible tormenta. Tu hechas a correr el rumor de mi partida al Purgatorio, y todos se quedarán tranquilos pensando que podía ser peor. Muchos me desean el Infierno pero yo les digo que no es de buen cristiano desear esa condena por un negocio fracasado.
- No sé, todo esto es muy extraño.
- Es cierto, pero estoy en un apuro. Le contás a la gente que pregunte por mí que tuve que marcharme de urgencia y que me morí de pronto de un infarto en algún lugar del litoral, no sabés dónde, y que me enterraron en el pueblo de mi familia. Cuál? Pues no tenés idea porque nunca te lo conté ¡Y listo!
- Estás loco de atar. Pero si es lo que querés, pues te haré finado. Y tus cosas de la pieza, y el alquiler?
- Dejá todo como está, después de un tiempo regreso y explico que todo fue un malentendido. Con todo esto de la dictadura la gente desaparece, yo tuve suerte y solo fue por un tiempo y vos creías en el rumor que había estirado la pata.
- Estás más loco que una gallina, pero me tenés que pagar el alquiler, eh?!
- Gracias Dorotea, ya te recompensaré por esta gauchada.
- No me prometas nada, mentiroso. Y andate que no quiero estar frente a un fiambre.

Renato Peñarol hizo la valija y se dirigió al mediodía a la estación del ómnibus interdepartamental. Se había calado el sombrero hasta las orejas y con las solapas subidas del sobretodo era difícil
reconocerlo. Hacía frío y nadie se extrañaría de su empeño por mantener el viento a raya. Se subió al coche de ONDA, la empresa que hacía el recorrido entre Montevideo y Paysandú donde pensaba refugiarse en uno de los pueblos cercanos a la capital sanducera. Lo tentaba también la idea de cruzar a la vecina ciudad argentina de Colón, al otro lado del río. Ya vería que decisión  final iba a tomar, pensó mientras se dirigía al ómnibus cuyo motor ronroneaba perezosamente.

El guarda del autobús recibió el boleto que RenatoPeñarol le extendió, lo cortó a la mitad y le entregó el comprobante. Le tocó el asiento número 13. No sin cierto desagrado se sentó junto a la ventanilla y corrió la cortinilla para poder dormirse lo antes posible. Nadie se había sentado a su lado -¡Por suerte! - pensó mientras sacaba su lapicera fuente y escribía meticulosamente algo en un  trozo de papel que apretó cuidadosamente en la palma de su mano. “Es por cábala” murmuró para sí mismo y sonrió tranquilo,  mientras el sueño iba cerrando sus párpados extrañamente cada vez más pesados. Sintió que esa pesadez invadía sus brazos y las piernas, y suspiró ante la idea de que dormiría como un lirón durante todo el viaje.

La primera etapa del recorrido había llevado unas tres horas con una sola parada para que los viajeros con destino a Trinidad bajaran, y los que continuaban fueran al baño, tomarán un café o estiraran las piernas mientras esperaban continuar el viaje. Otras tres horas después el conductor anunció a viva voz la llegada a destino. Los pasajeros empezaron a levantarse perezosamente después del largo viaje y a recoger sus pertenencias.

- Voy a inspeccionar a ver si alguien se durmió sin escuchar el aviso- dijo el guarda al conductor mientras comenzaba a abrirse camino entre los pasajeros en el pasillo.

Lentamente caminó observando los asientos del autobús hasta que al llegar al número 13 descubrió que allí había uno que no había advertido el aviso.

- Señor! Hemos llegado a destino - advirtió el guarda en voz baja para no asustarlo. Al ver que no despertaba lo sacudió más fuerte y entonces descubrió la palidez del rostro, la vidriosa mirada  y la rigidez del cuerpo. Acercó dos dedos al cuello de Renato Peñarol y descubrió que no había pulso. La piel estaba fría. El hombre se había ido en un sueño, constató.

- Ramón, Ramón, tenemos un fiambre. El segundo en el mes - avisó con voz apesadumbrada  al conductor, arrepintiéndose enseguida por la presencia de los pasajeros que no habían descendido todavía. Ellos empezaron a murmurar y una mujer rompió a llorar. Un hombre a su lado le susurraba tratando de que se calmara.

- Llamá a la ambulancia. Nosotros no podemos hacer nada -  dijo el conductor con indiferencia.
- Sí claro,, voy enseguida y llamo -respondió el guarda que pidió a los pasajeros que desalojaran el vehículo lo más rápido posible y se quedó un instante más junto a Renato Peñarol. Después de cerrarle los ojos, murmuró una oración que sabía a medias, se persignó y bajó del ómnibus para esperar a la ambulancia. La policía ya había sido advertida y dos agentes subieron al ómnibus. Constataron también la muerte de Renato Peñarol y uno de ellos observó que en la mano abierta del muerto había algo escrito. Los dos pudieron leer las palabras prolijamente escritas en un trozo de papel: “Perdón, lo intenté pero no pude”.

Se cuenta que la gente que conocía a Renato Peñarol mantiene viva su memoria en los boliches que frecuentaba . Allí los amigos aún recuerdan las anécdotas y las hazañas del seductor e incansable charlatán que todos recordaban con cariño.

Dorotea, apenas se enteró de que Renato Peñarol había cumplido involuntariamente con el destino que se había fijado antes de partir, se apresuró a vender las cosas que él había dejado a su resguardo  y alquiló inmediatamente la habitación. Era ropa y utensilios de calidad, porque a pesar de la pobreza el hombre conservaba lo que en épocas de bonanza había comprado a buen precio. Dorotea sonrió al pensar que ella sí había hecho un buen negocio y todavía sin proponérselo. “Que Dios te tenga en la gloria, Renato Peñarol!” murmuró Dorotea mientras contaba el dinero que había logrado por la venta de las pertenencias de su antiguo inquilino.  

                                                                                  *
Si desea leer los cuentos del autor en formato libro digital, baje el App de Kindle y regístrese luego en el sitio de www.Amazon.com, posteriormente identifique en este sitio la columna a la izquierda de la pantalla Departaments Kindle-readers&Books. En la ventana de búsqueda escriba el nombre Alberico Lecchini. Allí aparecerán  los tres volúmenes:  Una Luz en la Noche, 
Taxi Driver y Prófugos en el Pantano. Cada volumen cuesta 3.75 dólares. Gracias por el apoyo.                               

lunes, 22 de mayo de 2017

Mundial Sub 20 Corea del Sur

Empezó a rodar la pelota en el césped con sorpresas para los equipos latinoamericanos . Venezuela haciendo gala de buen fútbol como lo hizo en él Sudamericanos le pintó la cara a una Alemania que seguramente todavía está pensando cómo fue posible comerse los dos goles de la vino-tinto sin poder convertir ellos mismos. Por otro lado Argentina mordió el césped con una derrota inesperada, goleada para algunos,  contra Inglaterra: 3 a 0. La selección argentina es o era uno de los más serios candidatos a estar entre los primeros, pero deberá mejorar mucho si quiere hacerlo. México se llevó una victoria muy exigida contra Vanuato que lo tuvo contra las cuerdas pero la tri al final salvó los platos. A Costa Rica le fue peor, Irán dio cuenta de los ticos 1 a 0. Este fue el primer triunfo de Irán en un Mundial sub20 desde 1977.

En el grupo D de Uruguay los equipos de Sudáfrica y Japón disputaron un partido de ida y vuelta interesantísimo, demostrando que son dos rivales de la celeste muy exigentes. Juego muy rápido, ofensivo, buena calidad en los pases y constantes  demarcaciones pusieron en serios aprietos a las defensas y a la habilidad o suerte de los arqueros. Al final el cansancio y las faltas de ideas dieron cuenta de la selección africana.  Uruguay tendrá que exigirse al máximo para poder neutralizar el juego de estos dos rivales, sobre todo con los nipones que atacan con cuatro - cinco jugadores en el área.
Resultado SRA 1 - J 2

Italia vs Uruguay

El encuentro tuvo muchas emociones, con un equipo  que manejó con buen criterio la pelota, llevando peligro constante a la valla de Andrea Zaccagno, convertido en el primer tiempo en el héroe del partido después de haber atajado un penal a De la Cruz y haber parado o desviado remates peligrosos de Schiapacasse, Valverde, y otros jugadores que buscaron el arco italiano insistentemente. Italia presentaba un equipo muy tímido, replegándose, jugando al pelotazo en dirección de su centrodelantero Favilli, y poco más.

La defensa uruguaya con los centrales Rogel y Bueno daban seguridad y buena salida, con una Mele atento y que poco trabajo tuvo en la primera parte, en los laterales tanto Olivera como Rodríguez no solo marcaron con buen criterio y salieron jugando, sino que se lanzaron a la ofensiva, complementando el trabajo de medio campo de dos figuras que darán mucho que hablar, Valverde y Betancur, dos "número cinco" que marcan y atacan con habilidad, velocidad y peligro cuando se lanzaron contra el área rival. Waller como siempre, entrega y sacrificio, hasta que tuvo que salir lesionado, siendo reemplazado por Benavides. De la Cruz por la derecha también realizó jugadas de alta calidad técnica dejando en varias ocasiones a los chicos italianos como estatuas con sus fintas. Ardaiz y Schiapacasse llevaron peligro, lucharon y tuvieron ocasiones, sobre todo el segundo que puso a prueba más de una vez al arquero italiano.

El segundo tiempo comenzó con una Italia más segura y lanzada a atacar, apretando las marcas en el medio campo, quitándole a Uruguay la clara salida que había tenido durante el 1T. La defensa uruguaya pasó algunos momentos de zozobra, Mele intervino más, Rogel y Bueno se vieron acosados en el área por los delanteros italianos que buscaban el gol, pero fracasaron. Uruguay perdió además precisión en los pases. Por la derecha Rodríguez estuvo desprolijo en la entrega y su colaboración con De la Cruz perdió la fluidez que había tenido en el 1T.
Hasta que llegó el minuto 75´y Amaral, que había entrado por Urdaiz en este 2T, sacó el cohetazo que no rompió las mallas de Zaccagno de casualidad. El arquero italiano que había sido figura quedó hecho una estatua de sal ante el potente zurdazo del gurí celeste.

Uruguay retomó otra vez el hilo del partido, llevó más peligro a la valla italiana, y en su debut el equipo uruguayo demostró que puede llegar muy lejos si repite este estilo de juego, limpio, sin pelotazos, con triangulaciones y pases al vacío par sus delanteros, calidad técnica, sobre todo los del medio campo, Valverde, Betancur y De la Cruz son unas joyas que ya las estoy viendo brillar en la selección mayor, y ojalá que sea pronto.

sábado, 20 de mayo de 2017

Días de Cine EL EFECTO MACRON



Souvenir es la simple historia sobre "Laura" (Isabelle Huppert) una cantante que después de ocupar el segundo lugar después de ABBA en el Eurovision Song Contest 1974 aterriza en un limbo con forma de fábrica de pâté, lejos de los escenarios, las luces y los aplausos. Pero la casualidad en ese mundo rutinario lleva al encuentro con el joven Jean ( Johan Leysen) boxeador amateur,  quién a pesar de ser muy joven, 22 años, sospecha y luego confirma que está frente a la gran cantante que hace tres décadas atrás había casi ganado para Francia el premio de más prestigio de la canción europea, y que desde entonces habia vivido en el anonimato.

El mundo de Laura, su nombre artístico, porque en realidad se llama Liliane, es el sueño de J.D. Perón cristalizado en aquella famosa frase "del trabajo a la casa y de la casa al trabajo" si es cierto que alguna vez la pronunció. En todo caso Laura parece haber aceptado ese triste destino de adornar el pastel asado con hojas de laurel y frutas del bosque, en un triste y rutinario medio ambiente laboral que culmina en el sofá de su casa con una botella de Calvados y un programa de entretenimiento en la TV.

Jean, que finalmente comprueba que ella es la Laura, admirada también por su padre,  rompe el hielo en el corazón de la olvidada artista, y el de su rostro de cera, algo que la Huppert es experta en poner frente a la cámara, indiferente a lo que pasa a su alrededor. Sus personajes,  muchas veces dramáticos, tienen ese rostro de esfinge, impenetrables y misteriosos.
 Y comienza una relación amorosa con Jean (desaprobada por la madre del chico, celosa de Laura) que lleva poco a poco a que Laura inicie otra vez el camino del éxito, convencida por Jean de que su voz todavía llega a tocar mágicamente el alma de los franceses. El inicio no es muy glamoroso,  canta en los hogares de ancianos, en los cuarteles y en otros ambientes hasta presentarse en el nuevo concurso nacional para participar de nuevo en Eurovision.

El final podría haber sido un cliché, pero el director Bove Defurne (Bélgica 1971)  rompe con las normas sociales y sorprende cuando parecía que las ilusiones de los protagonistas entraban en las apartadas órbitas designadas por los prejuicios y las convenciones. Simple pero conmovedora, con una cuota de optimismo de que el amor no tiene edades. El síndrome Macron  parece estar de moda.



domingo, 14 de mayo de 2017

Cuentos en la Nube EL REGRESO DE EMMA

No pocas veces constatamos admirados como las historias se repiten en el tiempo, con sus particularidades, pero siguiendo el mismo rastro dejado por el suceso anterior. Tal es el caso de Agustín, un turista que repitió la historia inventada por un gran escritor.


La mujer estaba sentada inmóvil en un banco de la plaza principal de la ciudad. A esa hora del mediodía la zona estaba muy concurrida por la gente que se tomaba una pausa en el trabajo, o turistas que hacían un alto en sus recorridos por el barrio histórico. Las palomas llegaban y partían nerviosas entre tanta gente que deambulaba por allí. Agustín quizo hacer lo propio después de un largo paseo y atravesó la plaza en busca de un lugar libre. El único que encontró era en el banco donde estaba sentada la mujer de cabello castaño, de ropas holgadas y livianas de lino, que no ocultaban sin embargo una estudiada elegancia  Agustín se sentía cansado de tanto caminar por las empedradas y estrechas calles de la ciudad vieja, así que decidió sentarse junto a la mujer, aunque él se sentía siempre un poco incómodo cuando tenía que compartir un lugar con los desconocidos. 

Ella estaba cabizbaja y Agustin comenzó a sospechar que podía estar algo ebria. De su boca salía un murmullo apagado que él no podía identificar en qué idioma estaba hablando, pero le resultó sumamente raro que estuviera conversando sola cuando su apariencia era de una persona normal, hasta bonita, constató Agustín. Él era un hombre algo corto de estatura, con sobrepeso a pesar de su juventud, y su cara mofletuda no era muy atractiva para las mujeres. Por lo menos esa era su propia sensación y experiencia, algo que permanentemente quería constatar cuando se miraba al espejo. Usaba ropa poco formal que le daba un aire casi bohemio. La holgada chaqueta de algodón y los vaqueros simulaban un poco los kilos que estaban demás. Echó otro vistazo furtivo a la mujer y a pesar de la expresión de su cara confirmó que era bonita, pero sin dudas con una humillación, pena o tribulación que le había dejado anclada en el rostro aquélla expresión amarga, pensó Agustín con algo de lástima.

- ¿Oye forastero, que haces por esta ciudad de mierda? - preguntó la mujer agresivamente en español con acento indefinido. Su mal talante no era contra él, sino contra la ciudad que hasta entonces él había recorrido lleno de admiración y que ella por algún motivo odiaba. Como la pregunta inesperada fue lanzada a quemarropa, Agustín quedó mudo un instante, y luego con un carraspeo se volvió hacia ella. ¿Cómo podía saber aquélla mujer  que él hablaba español?¿Estaría borracha como le había parecido? 

- Hola, bueno me parece que esta ciudad de mierda es bastante bonita con sus callejones de adoquines, edificios y casas antiguas del medioevo, rosales  en las paredes que trepan hasta los techos, balcones donde uno espera que Julieta lo invite a subir o el alcalde lo salude  - respondió Agustín intentando darle una pátina humorística a su respuesta. ¿Y cómo sabés que hablo español?
- Bah! Se ve a la legua de donde vienes, chaval. Si vivieras aquí te darías cuenta de la mugre social que hay detrás de las fachadas. Esta ciudad es una farsa bonita pero sin alma ¿Estás solo, chaval? - preguntó la mujer incisiva.
- Así es, estoy recorriendo el país con la intención de poder reunir datos, experiencias propias con la gente del país e impresiones muy personales sobre lo que observo, y con ese material quiero escribir un libro sobre esta experiencia - respondió Agustin, pensando que tal vez su respuesta la impresionaría.
- ¿Escribirás sobre mí? ¿Sobre esta mujer que desvaría en el banco de una plaza?
- Bueno, en realidad el hipotético libro abarcará también este tipo de encuentros y anécdotas - dijo Agustín conciliador ante el cambio de humor en la mujer que había abandonado aquella expresión hosca en su cara. 
- Me llamo Emma - dijo ella con una sonrisa 
- Mi nombre es Antonio, y soy mexicano - mintió Agustín impulsivamente.
- Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. - dijo Emma repitiendo aquél tópico tan usado. Y posteriormente soltó una cristalina y resonante risotada que dejó al descubierto unos dientes blancos que resaltaban detrás de los labios pintados de rojo, que a Agustín le parecían cautivadores. Se sonrojó y pensó que la mujer probablemente no le había creído nada de lo que dijo porque su acento no era mexicano, pero ya era demasiado tarde para arrepentirse.

Descubrió al mismo tiempo un sentimiento excitante que brotaba de su pecho al ver la expresión coqueta de aquélla mujer que se había transformado en pocos minutos, y que cada vez le parecía más atractiva y menos borracha. Trató de reprimir aquéllos sentimientos y preguntó a Emma si era oriunda de la ciudad o venía de otro lado.
  - Pues como ves  no soy oriunda de este país, pero sí he vivido aquí la mayor parte de mi vida. Me casé muy joven con un abogado que visitó Sevilla, hace ya veinte largos años. Yo tenía diecisiete.
- Ah! Ahora entiendo porqué hablas el español tan fluido. En realidad por tu aspecto podrías pasar por ser oriunda de cualquier país a orillas del Mediterráneo. Llegué a pensar que eras italiana - mintió esta vez sin pudor Agustín.
- ¡Gracias! Me hubiera gustado haber nacido en Florencia, por ejemplo, hablar el italiano y haberme convertido en una estrella de Cinecittà y acostado con Fellini o Rossellini.
- ¡Vaya qué fantasía! 
- Bueno aquí me ves, amargada por una vida sin emociones y con el sentimiento de estar atrapada sin salida.
- Bueno, tan mal no deberías pasarlo pensando en las oportunidades que aquí se ofrecen a los que quieran mejorar sus condiciones de vida. Y hombres no te faltarían si es eso lo que más anhelas- dijo Agustín audaz, sin poder refrenar aquélla creciente excitación que le provocaba Emma.
- Sabes guapo? Eso es lo que deseo. Te estaba esperando, quiero echarme un polvo con un desconocido -soltó Emma en su cara. -Tú no me disgustas, y por eso mismo te elijo entre algunos candidatos que hace un rato se acercaron por este banco. Podemos ir a mi casa.

Agustín se lo pensó dos veces a pesar de que por su cabeza ya pasaban escenas eróticas con Emma. La mujer no estaba borracha como él había creído, incluso pensó que en realidad era su táctica para alejar a los tipos que no le interesaban. La ropa y los zapatos eran de calidad y no parecía ser una prostituta profesional. ¿Y porqué no acompañarla? - se preguntó tratando de convencerse a sí mismo. Y recordó aquél otro tópico que rezaba: cuando llegas a un país de turista hay que recorrerlo, comerlo y cogerlo.

- Está bien. Me gustas mucho, y sería un idiota si no acepto una propuesta, inesperada por cierto, pero muy tentadora - respondió al fin  Agustín.
- Mira, ahí en la plaza tenemos un taxi, llámalo y nos vamos a mi casa. Yo pago el trayecto - dijo Emma muy segura.
Antonio la miró, incrédulo todavía, pero en su sonrisa cautivadora vio que no había rastro de estar engañándolo para burlarse de él.

Los dos subieron al taxi y Emma murmuró una dirección que Agustín no llegó a entender. El idioma de aquél país era un conjunto de sonidos algo guturales y las vocales no se apreciaban siempre con claridad al mezclarse con consonantes que les daban distintos sonidos según se combinaban.
El auto se deslizó por los suburbios entre mansiones lujosas que Agustín nunca había visto antes en su recorrido por la ciudad. Las casas presentaban estilos arquitectónicos con influencia del Mediterráneo y con amplios jardines. Apenas se veía gente en aquella zona. El taxi se detuvo finalmente, frente a una de aquéllas mansiones. Emma pagó y ambos bajaron del coche. Atravesaron un amplio jardín con canteros enormes donde florecían distintas especies de plantas y arbustos bien podados y los cipreses en fila formaban una muralla en los lindes del terreno.

Curioso, Agustín observó el nombre en la chapa de bronce que estaba en la entrada de la mansión y no pudo dejar de sorprenderse: Jacobo Zunz, abogado. Un recuerdo que no podía precisar rondaba por su cabeza pero no podía precisarlo. Por alguna razón aquél apellido le resultaba familiar. No había rastros del nombre de Emma en ninguna chapa de bronce junto a la del abogado, por lo que Agustín dedujo que ella no tenía ni profesión ni probablemente ocupación de ningún tipo, pero sí tenía todo el tiempo del mundo para aburrirse, y buscar compañía.
Pero sus elucubraciones pronto finalizaron porque apenas pisaron el vestíbulo, Emma lo abrazó  y lo besó en la boca con pasión, deslizando luego su mano derecha a lo largo de su espalda para terminar el recorrido en su entrepierna todavía dormida y seguramente desconcertada. Pero Agustin se repuso rápidamente y respondió a las caricias y a los besos de aquélla atractiva mujer casada, que lo había llevado a su casa y con quien estaba a punto de irse a la cama.
La tarde transcurrió en un embrollo de brazos, piernas, pechos y cabellos enredados y con la felicidad de Agustín de haber conocido una mujer exuberante y apasionada. Emma era una amante deliciosa, y le había hecho sentir que en su cuerpo había energías y sensibilidades hasta entonces desconocidas. En esa nube se encontraba cuando Emma dijo fríamente:

- Bien, es hora de largarse. Mi marido está al llegar.

Agustín se había quedado medio dormido y demoró en reaccionar. Emma estaba parada al costado de la cama, vestida  y lo apuraba para que él se vistiera y se fuera de una vez. 
Un profundo pesar y desaliento se adueñó del alma de Agustin al comprobar que aquél momento tan dichoso estallaba como una pompa de jabón. Tartamudeó algunas palabras cariñosas que ella no atendió y casi a empujones lo llevó hasta la entrada de la mansión y lo despidió sin el más mínimo sentimiento de ternura por las horas compartidas. Agustín se volvió una vez, pero Emma ya había desaparecido detrás de la puerta principal. Se dirigió cabizbajo a la calle y tuvo que caminar un buen rato antes de conseguir un taxi que lo llevara de regreso al hotel donde se alojaba.

Cansado y sin poder desprenderse de un contradictorio sentimiento de felicidad y frustración, llegó al hotel, se duchó, cambió de ropa y bajó a cenar. De una cosa estaba seguro, dormiría como hacía tiempo no lo hacía después de aquella tarde inolvidable. Y estuvo acertado, porque recién se despertó a las nueve de la mañana del otro día, con sed y con hambre. Acostumbraba a desayunar a las siete, y su reloj interior se había retrasado. Pero no le importó, porque mientras se daba una ducha rápida para despejarse recordó a Emma y su frenética forma de hacer el amor, y el orgullo que había sentido por estar a la altura de lo que aquélla mujer sexualmente le había demandado. O por lo menos él lo creía así. No era tan mal amante como había creído hasta entonces, y  sonrió frente al espejo mientras se peinaba. Luego se dio un par de cachetadas en cada mejilla mientras murmuraba:
- Los hiciste bien, atorrante. Vas a tener mucho para contar.

Se vistió lentamente, se puso una camisa azul por fuera de unos vaqueros blancos ajustados, se calzó unas zapatillas deportivas y parsimoniosamente se dirigió al salón donde se servía el desayuno. Recogió un periódico y mientras esperaba que le sirvieran una taza de café, empezó a ojear las páginas del matutino. No entendía prácticamente nada de lo que trataban los titulares y menos el contenido, pero no pudo dejar de reconocer la foto de Emma en la tercera página. Presentaba moretones y un ojo hinchado de color violáceo. Al costado de la foto de ella había otra que mostraba a un hombre tendido sobre un charco de sangre. Era Jacobo Zunz, según pudo deducir del texto al pie de la foto. Nervioso y trastornado le preguntó a la camarera que hablaba español que le contara cual era el contenido de la noticia. La chica le dijo entonces que ese conocido abogado había sido asesinado de tres tiros en el pecho y su mujer, Emma Fernández de Zunz, había sido brutalmente golpeada y violada. La policía estaba detrás del rastro del asesino, que al parecer había dejado suficientes huellas para ser identificado y detenido.

Agustín intimidado por lo sucedido, agradeció a la chica, y entonces como si se abriera una grieta en su memoria, recordó el libro de Jorge Luis Borges y el cuento "Emma Zunz". Las circunstancias de entonces eran distintas a las que él estaba viviendo, porque la verdadera Eva Zunz de la historia de Borges había matado por venganza al señor Löwenthal, el hombre que había engañado y estafado a su padre; y había soportado estoicamente en un sórdido hotel del puerto de Buenos Aires, una relación sexual repugnante con un marinero del buque de bandera sueca Nordtjärnan. El barco había partido ese mismo día de Buenos Aires y el marinero  estaba a salvo de la policía en caso que no le creyeran su historia. Pero era imposible que no lo hicieran. La relación sexual con el marinero había sido necesaria para demostrar, en el examen médico posterior a la denuncia, que había sido violada por Löwenthal, y por ese motivo lo había matado. 

La Emma de ahora se había servido de las huellas dejadas en la cama y en su cuerpo para que la policía rastreara el ADN dejado por el presunto violador, y así probar el brutal delito.

Con un escalofrío Agustín se imaginó que los golpes probablemente se los había propiciado algún cómplice que estaba en la mansión mientras  ellos estaban en la cama. Luego el marido fue asesinado por el intruso que además se había preocupado de revolver y hacer daños en los aposentos, simulando la búsqueda de joyas y dinero. 

Agustin no tuvo mucho que pensar sobre el motivo del asesinato y del robo, la finalidad era probablemente quedarse con la herencia valorada en millones que el abogado dejaba a su esposa. Y a diferencia del marinero sueco, el avión  de Agustín no partía ese mismo día. Recordó que le había dicho a Emma el nombre del hotel donde se alojaba, y con un ápice de esperanza dejó el desayuno sin tocar, y se dirigió a su habitación. Pero no llegó al ascensor porque había dos policías esperándolo. Y mientras el coche policial recorría las calles de la ciudad que tanto le había agradado, pensó que su libro iba a tener muchas anécdotas sobre aquél lugar, mientras pasaba entre rejas tratando de probar su poca creíble inocencia.

                                                            
Si desea leer los cuentos del autor en formato libro digital, baje el App de Kindle y regístrese luego en el sitio de www.Amazon.com, posteriormente identifique en este sitio la columna a la izquierda de la pantalla Departaments Kindle-readers&Books. En la ventana de búsqueda escriba el nombre Alberico Lecchini. Allí aparecerán  los tres volúmenes:  Una Luz en la Noche, 
Taxi Driver y Prófugos en el Pantano. Cada volumen cuesta 3.75 dólares. Gracias por el apoyo.

miércoles, 3 de mayo de 2017

EEUU, Osama y el Che

El 2 de mayo de 2011 se produjo el asalto y la muerte en Pakistán .de Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda,  Pensando en ciertas coincidencias escribí entonces la siguiente crónica. Lo he actualizado después de que nos enteráramos de otros detalles, aunque a decir verdad hay mucho de lo que nunca nos enteraremos, ni yo cuento con el espacio para reproducirlo.

Cuando la muerte de Osama bin Laden fue anunciada por los medios de comunicación pensé inmediatamente en la muerte de Ernesto Che Guevara. El modus operandi de los protagonistas que decidieron la muerte de Bin Laden tuvo algunas similitudes y por supuesto muchas diferencias, pero a grandes rasgos hay coincidencias interesantes entre el fin y la forma de actuar de ambos y cómo fueron eliminados.

Primero que nada ambos fueron enemigos acérrimos de EEUU, de su política exterior, de su modelo de sociedad, y ambos trataron de hacerle el mayor daño posible.
 "Crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna" pedía el Che Guevara en aquélla década de los 60 cuando el mundo ardía en conflictos nacionales por muchas regiones del mundo, con la intervención armada de EEUU como principal bombero (e incendiario al mismo tiempo). Guevara fracasó en su estrategia cuando quiso  establecer en África su famoso foco guerrillero. Desolado y desilusionado se marchó a Bolivia, con la CIA pisándole los talones. Allí su campaña guerrillera tampoco maduró, y el cerco del ejército boliviano junto a la CIA se fue cerrando, hasta que el finalmente cayó combatiendo junto a sus últimos hombres en La Higuera. Entonces, después de ser interrogado por  el agente de la CIA Felix Rodríguez, el coronel Selich  le dió la orden al sargento Mario Terán para que ejecutara  al Che Guevara por orden del entonces General Ovando. El hecho ocurrió en la escuela de la Higuera.

Para comprobar y asegurarse la identidad del Che le cortaron las manos y las enviaron a EEUU. Sin embargo el fotógrafo Freddy Alborta lograría una foto que dió la vuelta al mundo mostrando el cuerpo de Guevara tendido sobre una pileta . Para evitar la peregrinación de sus seguidores y admiradores,  lo enterraron en Vallegrande junto a los otros guerrilleros en un lugar secreto. La caza del Che había terminado después de muchos años de persecución por EEUU y sus agencias de inteligencia. Otra similitud con Osama. Pero entonces comenzó la leyenda. A esa no pudieron neutralizarla, aunque claro, el tiempo ha sido el principal enemigo de la misma. La estrategia del Che apenas sobrevivió en la selva Colombiana y ahora está en proceso de decirle "Adiós a las Armas".
 Y Cuba está muy lejos de ser la tierra prometida del hombre nuevo que él pretendía.

Bin Laden, la figura más conocida de Al Qaeda, fue ubicado y finalmente atrapado en Abbotabad, una zona de clase acomodada pakistaní cercana a la capital Islamabad, después de diez años de persecución intensa por las montañas de Tora Bora en Afganistán. Poca cosa quedaba del aguerrido islamista empuñando su Kalashnikov en una región montañosa, como lo acostumbraban a mostrar amigos y enemigos. Pasó escondido muchos años. Aunque dicen que murió peleando (más tarde fue desmentido este episodio. Todo indica que simplemente fue ejecutado por varias ráfagas de los comandos SEAL ), y así el ícono de los islamistas pasó a ser un mártir. Luego su cuerpo fue arrojado al mar después de obtener las pruebas de ADN y cumplir con el ritual musulmán por la que pasa cada persona después de su muerte. En todo caso ser "arrojado al mar" no es tradición musulmana, ya que es en la tierra donde los muertos deben terminar sus días según esa religión.
Cortar las manos no parece ser ya muy moderno, como en el caso del Che para eso está el antes mencionado ADN. A diferencia del Che, el rostro de Bin Laden debió estar desfigurado por la bala que según alguna versión recibió cuando los SEAL entraron en la habitación.
 Arrojarlo al mar ha sido en cambio una acción aún más extrema que enterrarlo en algun páramo secreto como al Che, o sea a Bin Laden lo han borrado de la faz de tierra firme, si es que al saudí no lo ayuda algún capricho de la naturaleza en el fondo del mar o de su dios Alá. 

Bin Laden tuvo más suerte que el Che en un aspecto, esto es en su estrategia a corto plazo y mediano plazo. Nadie le ha hecho más daño a EEUU y sus aliados que los yihadistas, fuera y dentro del país, en las últimas décadas. Nueva York, Londres, Madrid, Berlín, París, entre otras ciudades,  también fueron blanco de la guerra de Al Qaeda y/o ISIS contra los "infieles" de Occidente. Osama pudo crear muchos "Vietnam" en Asia y Medio Oriente obligando a EEUU y sus aliados a implicarse en varias guerras que han costado cientos de miles de vidas humanas, sobre todo vidas de civiles de esos países, musulmanes que no querían la guerra impuesta. Una de las pocas frases expresadas por Bin Laden que recuerdo,  es aquélla que dijo con mucha simpleza en una reunión con sus seguidores: "Cuando la gente ve un caballo fuerte y uno débil, prefiere el fuerte" haciendo referencia a el enfrentamiento con EEUU e insinuando que Al Qaeda era el equino más fuerte y veloz que el americano. Una vez más, el rebelde calculó mal quién corría más  ligero, y quien era el débil. Aunque la historia siempre se encarga de aleccionarnos acerca de que no hay resultados seguros. Espartaco, el esclavo gladiador, tuvo que esperar siglos para ver caer al Imperio Romano, como alguna vez soñó.

Una cosa es segura. Bin Laden es, como el Che ha sido para muchos militantes de izquierda, un referente para los islamistas radicales que lo convertirían en una leyenda aún más grande de lo que fue en vida, recordando las grandes batallas que habría librado contra soviéticos, americanos, ingleses y muchos otros aliados. En todo caso ya Hollywood hizo una película Zero Dark Thirty sobre este misterioso hombre y su trágico final. Por el contrario la meca del cine americano demoró varias décadas para hacer un film sobre el Che. Benicio del Toro y Gael García Bernal interpretaron al guerrillero. Bin Laden dejó una vida cómoda en una familia rica para desafiar, primero y paradójicamente junto a los americanos, al imperio soviético - y luego volcarse contra su ex-aliado que despreocupadamente le dio la espalda con su conocida arrogancia.

El Che y Bin Laden corrieron la suerte de tantos otros que eligieron morir con las botas puestas por un proyecto que probablemente nunca triunfaría. Las razones son muchas, no sólo por el poder contra al que se enfrentaron, sino porque sus visiones de sociedades controladas por el Corán o el marxismo-leninismo atentan contra lo más preciado del ser humano: la libertad. Por lo menos en Occidente la historia nos enseña que tarde o temprano esa es la energía  que derriba todos los muros, tanto los de afuera como los que llevamos adentro.