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miércoles, 30 de enero de 2013

Inmigrantes olvidados beneficios para los emprendedores

Hace bastante frío esta mañana en Estocolmo. El  viento helado sopla desde el Báltico y no hay mejor refugio a esa hora que un local del rey de las hamburguesas a falta de otra opción. Un café malo y una charla cargada de frustración nos une. Jimmy, un inmigrante con  radicación española pero originario de Colombia, prepara las valijas para partir. Los plazos se han agotado. Legalmente está autorizado por la Dirección General de Migraciones  a permanecer tres meses en el país y muchos como él, los aprovechan para buscar trabajo al tener documentación de la UE. Vienen no sólo de España, sino también de Grecia, Italia, Portugal e Irlanda. Los une el ansia de poder escapar de la crisis en sus propios países y encontrar un buen trabajo en Suecia, por lo menos durante un tiempo que les permita salir de la situación extrema en que muchos se encuentran.

Jimmy mira el flujo de gente que pasa frente a la amplia ventana rumbo a sus trabajos. No puede dejar de lamentarse, porque durante tres meses ha tenido tiempo de probar varias ocupaciones en su desesperación por afianzarse en Estocolmo. Limpieza, mudanzas, pintor de brocha gorda y el más arriesgado de todos, quitanieves de los techos en los edificios de la ciudad.

- Me arrepiento de haber creído el cuento de que Suecia es un país donde se puede realizar "el sueño americano". Un amigo me dijo, "vente que aquí hay mucho trabajo". Le creí y ahora me vuelvo con una mano atrás y otras delante, dice con la cara contraída por la frustración.

Jimmy no vino solo. Acompañado por su esposa y un hijo de seis años dejaron atrás una existencia insegura a causa de crisis española. Hacía un año que estaba desocupado y la mejor salida que vieron fue emigrar a Suecia y probar suerte. Pero la falta de contactos y las características del mercado de trabajo lo obligaron a  aceptar las condiciones que le ofrecían pequeños emprendedores con empresas dedicadas a los servicios de limpieza, mudanza y otros. Las autoridades y los sindicatos dan luz verde a esa importación de mano de obra, y apenas controlan a los que se aprovechan de ellos.

- Nos ocupamos de las tareas u oficios que ya están están marcadas a fuego para los inmigrantes, dice Jimmy mientras apura su taza de café. - Me prometían 80 coronas la hora por el trabajo (unos 12 dólares) y al momento de cobrar me pagaban la mitad o menos porque me descontaban los impuestos. Pero qué impuestos si trabajaba en negro!

Finalmente tenía que amenazarlos con denunciar ante la Dirección General Impositiva la evasión de impuestos que estaban haciendo si no le pagaban. El nombre de esta autoridad era un puño en el bajo vientre de los patrones, y pagaban sin mayores reservas, pero eso sí, nunca lo que habían prometido.
Otra cosa lo subleva a Jimmy de todo ese ambientes de subcontratistas que se van sumando como una pirámide. Y era el comentario que todos esos patrones, también latinoamericanos en su mayoría hacían: "Cómo te atreves a reclamar cuando te estamos ayudando?" Esa es la suerte de miles de inmigrantes y refugiados en la Suecia de hoy. El "sueño americano" es la mejor leyenda oral de estos últimos tiempos.
 

sábado, 26 de enero de 2013

Trabajemos en el bosque... lobo estás?

Todo estaba firmado, los pasajes pagados y una fecha para partir. Los 30 camerunenses ya tenían además el contrato con un salario especificado, alojamiento, alimentación y un trabajo que si bien era duro, compensaría con el dinero que ganarían en esas semanas de intensa labor. Eso sí, tuvieron que pagar cada unos 250 dólares a la empresa que los contrataba para poder "ganar la lotería" y hacerse con un lugar entre los afortunados que viajarían, muchos de ellos sin trabajo y con familias. Así fue como el grupo de camerunenses vieron una oportunidad única de arribar a los bosques suecos para cumplir con una tarea que las empresas de fabricación de celulosa SCA y Holmen, habían solicitado a un subcontratista, Skogsnicke SA. Esta  se encargaría de contratar la mano de obra y firmar los contratos. Así llegaron a Suecia con la esperanza de recibir unos 3000 dólares por mes cada uno por su trabajo. La Dirección Nacional de Migraciones y el propio sindicato de los trabajadores madereros habían firmado el convenio, dando visto bueno a la llegada de los camerunenses. Todo legal y según el convenio colectivo. Pero apenas habían empezado a reconocer el lugar de trabajo en la región de Västerbotten, cuando la empresa les presentó nuevos contratos que los obligaba a trabajar a destajo y por un salario de hambre. Ante la disyuntiva de volver a Camerún con las manos vacías aceptaron esas nuevas condiciones. Aislados, sin contactos con suecos que en ese momento pudieran orientarlos, el sindicato ausente, partieron a realizar lo que se esperaba de ellos.

Con las pequeñas plantas cargadas en una especie de mochila abierta transportada en la espalda, los trabajadores pasaban largas jornadas abriendo hoyos en el suelo y plantando los pequeños abetos y pinos en zonas donde el bosque había sido talado por las empresas antes mencionadas.Un trabajo en un medio inhóspito y de difícil acceso. Un escenario que ningún sueco estaba dispuesto a aceptar pero que un hombre de un país africano, sin trabajo, con una familia a mantener y la esperanza de mejorar su vida, aceptaría sin mayores recelos. Porque el desafío estaba en Suecia, ese país modelo de justicia y tolerancia.
Después de dos años de estar en el país y haberle plantado las tiernas plantas a SCA y Holmen, los trabajadores camerunenses todavía están esperando que les paguen. Skognicke SA empleó distintos métodos para desalentar a los trabajadores en su empeño por cobrar lo adeudado. Primero no responder a las llamadas telefónicas. Después cuando la presión era muy fuerte para que pagaran, amenazaron con quemarles las casas en Camerún si insistían. Todo está documentado por el programa de la televisón sueca Uppdrag Granskning  que realizó el reportaje que puso en el tapete cómo patrones inescrupulosos explotan la mano de obra extranjera. A pesar que la situación de los camerunenses era conocida por las autoridades, todos los que podían implicarse miraban para otro lado, especialmente las multinacionales SCA y Holmen, en cuyos bosques habían trabajado los camerunenses. Con la presentación del reportaje y la participación de algunos de los trabajadores se fue desgranando paso a paso la situación que habían vivido. Algo extraño en el reino de Suecia, reconocido como uno de los mejores ejemplos de desarrollo equitativo del planeta. Bueno, las cosas han ido cambiando a pesar de las apariencias.

Primero fueron los trabajadores polacos que en la década de los 70 eran explotados en el campo por patrones que se aprovechaban de su indefención. Luego fueron los thailandeses, vietnamitas y otros asiáticos recolectores del arándano, víctimas también de subcontratistas que prometían mucho y al final los obligaban a regresar sin pagarles lo prometido y endeudados para siempre. Este año también cayeron en la trampa cientos de braceros llegados de Rumania y Bulgaria. Algunos habían vendido todo en sus pueblos para llegar a recoger el arándano, vivir miserablemente y trabajar a destajo. La cuestión es porqué ocurre tan frecuentemente esto, sobre todo en los últimos años con predominancia de gobiernos de centro-derecha. Dos factores se han unido para que esto suceda: primero la reforma laboral que permite al patrón contratar mano de obra en el exterior si la misma no está disponible en el país. La segunda es que una vez recibida la luz verde de las autoridades migratorias puede cambiarse el contrato original por parte del contratista, y eso fue lo que sucedió en este caso, con el agravante que ni siquiera se pagó parte del salario prometido, aún después de haberlo rebajado. Algunos de los camerunenses se marcharon a su país, frustrados, endeudados y con al vergüenza de haber estado en uno de los países más ricos del mundo y regresar con los bolsillos vacíos. Otros decidieron quedarse y seguir luchando por sus derechos, sin permiso legal de permanecer en el país, pero arropados por la solidaridad de esos otros suecos que respaldan su lucha. Ante la dimensión de la estafa reflejada en el programa de SVT, el sindicato y la organización patronal acordaron que recibirían los sueldos adeudados. Una vez más el trabajo profesional de la prensa logra que se haga justicia, mientras nuevos desafíos emergen en una sociedad que sólo cuando estos problemas salen a luz, los responsables directos o indirectos corren como los bomberos para apagar el incendio. El problema es que cada vez esos incendios son más frecuentes - y el prestigio de que este es un país modelo,  está cada vez más tiznado.


miércoles, 16 de enero de 2013

Los guerreros de escritorio obligan a la autocensura.


Hace unos meses visitó el Instituto Cervantes de Estocolmo, Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique para disertar sobre el futuro de los medios y la actual situación que viven muchos de ellos, enfrentados a la nueva realidad donde una masiva oferta de información más o menos profesional se expande por el mundo. A eso hay que agregarle los otros fenómenos digitales de caracter social como Facebook , MySpace, Twitter, Google+ y YouTube, entre muchos más.
Una de sus más polémicas  hipótesis expresadas fue que esa masiva información –y en muchos casos desinformación- constituían una especie de censura al revés. Ramonet opina que esa oferta masiva de información constituye un muro digital donde las personas se estrellan por lo abigarrado de la misma. Hay tanto para seguir y elegir que es difícil discernir donde está la información más imparcial y objetiva de lo que se le ofrece. De esta forma, opina Ramonet, se convierte esa avalancha de noticias y sucesos  en una censura atípica porque nadie alcanza a informarse o no puede discernir los temas fundamentales que afectan a la sociedad, aún existiendo una libertad de prensa digna de su nombre. Además la clara apuesta por el entretenimiento en la tv y radio, por ejemplo, hace que el público sólo consiga distraerse y entretenerse sin ningún tipo de aliciente para pensar críticamente. Hasta ahí la hipótesis de Ramonet que algunos la apoyan y otros la critican. Pero la razón de esta nota es otro fenómeno vinculado al tema.

Y es que comienza a vislumbrarse hechos que habían sido ignorados hasta que el problema ha aflorado con tal fuerza que comienza a ser una grave amenaza para la libertad de prensa y de pensar de los ciudadanos: esto es el odio difundido a través de internet por grupos de extrema derecha.
En su libro « Los guerreros de escritorio » la periodista y escritora sueca Lisa Bjurvall destaca cómo esos grupos ultraderechistas usan sistemáticamente la red para amordazar a sus rivales políticos y a los periodistas a través del miedo. Para la periodista no se trata de un problema de cobardía sino que esos periodistas no desean cargar con todo ese odio sobre sus espaldas. Y no sólo eso, escribe Bjurvall, existen  periodistas que ni siquiera han empezado a escribir sobre temas relacionados con la extrema derecha por el riesgo a exponerse ante esos grupos. Autocensura . Y ejemplos sobran para ilustrar un ambiente cada vez más enrarecido donde se expresan todo tipo de amenazas desde violación, palizas o visitas al hogar para un « arreglo de cuentas ». Tal vez no tan peligroso como lo que ocurre en México o Colombia, sólo por nombrar dos casos donde muchos periodistas han perdido la vida, pero suficiente como para influir en la elección de los temas a cubrir.

El origen de este fenómeno está en el gran interés y cobertura que han dispuesto los medios para cubrir el terrorismo islámico, lo que ha provocado la salida de sus cuevas de los grupos más intolerantes y racistas , opina la escritora. Con la excusa de que son los inmigrantes los que tienen la culpa de todos los males que ocurren en la sociedad, la crisis económica y la inseguridad, y por supuesto el islam, religión que se ha convertido en una amenaza cada vez mayor para los países cristianos, esos grupos guerrilleros de escritorio ganan adeptos y silencian a los que se atreven a argumentar y debatir sobre las causas mismas de los problemas. Este bombardeo de constante desinformación y la propia autocensura de muchos periodistas, estaría favoreciendo el crecimiento de los partidos y organizaciones de la ultraderecha, constata la escritora.
 
El 12, 4 por ciento del electorado votaría hoy por Sverigedemokraterna, un partido  que nació en el pantano de la ultraderecha y que en las elecciones de 2010 obtuvo el 5,7 por ciento de los votos.  Si bien este partido ha dejado de lado su anterior política abiertamente xenofóbica, existe subyacente en su programa la diferencia  entre el « sueco » y el « extranjero », la « cultura original » y las foráneas, y el esfuerzo por conservar los valores del cristianismo y la religión ante el avance del islam. Hasta ahora los gobiernos parecen estar maniatados por las propias leyes que protegen la libertad de prensa y de expresión, a la espera que esta ola ultraderechista desaparezca  en algún momento. Sin embargo es difícil predecir si se terminará destruyendo por propia implosión y/o movilización del resto de la sociedad como una respuesta en contra de ese odio que atenaza a tantas voces. La cuestión es si estos grupos están dispuestos a que esto ocurra o levantarán aún más la apuesta en una sociedad cada vez más atemorizada.

 

 

martes, 8 de enero de 2013

El pistolero y la Mano de Dios x 2

Se ha comentado hasta el cansancio sobre "la mano de Dios" después que Diego Armando Maradona le hiciera aquél gol a Inglaterra en el estadio Azteca en México, cuando se disputó Mundial de fútbol de 1986. Sin embargo hay otro jugador de fútbol, Luis Suárez, quien por dos veces ha decidido la suerte y el resultado de los partidos que disputaba. Primero con la celeste contra Ghana en el pasaje a los cuartos de final en Sudáfrica 2010, y el domingo 6 de enero, día de Reyes, cuando Liverpool estaba acorralado por el Mansfield de 5a división de la liga inglesa, equipo que estuvo cerca de empatarle y ganarle, pero que Suárez decidió a favor de los rojos con un gol donde su mano jugó una mala pasada al equipo rival.

Es innegable que Luis Suárez produce titulares y su popularidad crece entre la hinchada del Liverpool. Y al mismo tiempo su impopularidad se extiende en los otros círculos que le temen por su capacidad goleadora o por pertenecer a un club rival del suyo.
Y esa impopularidad arrecia cuando Suárez, llamado entre otros apelativos "el pistolero", hace uso conciente o inconciente de sus manos u otras artimañas para salvar a su equipo de una derrota o darle la victoria, fuera de otros sucesos que levantan ampollas. La fama del pistolero se acrecienta en la medida que muchos cronistas deportivos traducen esas acciones cargándolas con un peso moral que no tiene la misma carga cuando otros jugadores cometen faltas similares. Lo curioso es que el más grande de los goleadores de todos los tiempos hasta ahora, Lionel Messi (perdón Pelé, Maradona y DiStéfano) también usó la mano para meter un gol en la liga española contra el Español en septiembre de 2007, y nadie se acuerda de esa trampa ni condena a Messi por haber hecho un gol que no debió subir al marcador. Y porque tampoco Messi corrió hacia el árbitro para que lo anulara, como le exigen al pistolero.

Luis Suárez está bajo la mira de muchos, aunque de las patadas que se liga por parte de sus rivales apenas dicen nada, incluso muchas veces los jueces miran para otro lado, y son ignoradas por los cronistas deportivos que le acusan de tramposo. Ahora se difunde un video con algunos de los sucesos más dramáticos protagonizados por el pistolero con imágenes y comentarios condenatorios bajo el título "Expulsemos a Suárez del fútbol". Una campaña orquestada justo unos pocos días antes del partido con el Manchester United. Vaya casualidad. Justamente la presión sobre Luis Suárez tuvo su punto más alto cuando fue sancionado por haber ofendido a Patrice Evra, jugador del Manchester United, que lo acusó por haberle proferido insultos racistas. Desde entonces cierta prensa lo persigue, y al menor desliz lo tratan de tramposo. Suárez sin embargo responde con la mejor fórmula de un goleador, es decir haciendo goles, muchos de ellos verdaderos poemas de destreza, coraje y eficacia. Por algo es el goleador del equipo y uno de toda la liga inglesa para que festejen los hinchas del Liverpool - y los detractores que se muerdan de odio.

domingo, 6 de enero de 2013

El número de la suerte tiene dueño

La mañana comenzó nublada y Toto agradeció a Dios que le hiciera la jornada más aliviada. Ese verano las temperaturas eran muy altas y recorrer el pueblo en bicicleta bajo el ardiente sol era un suplicio.
       -  Viejo, te vas ahora? le preguntó Ramona, su mujer.
   Sí, después que infle las ruedas de la chiva empiezo el recorrido.

Toto abrió el bolso y sacó los números de lotería que tenía para ofrecer a sus clientes. Miró su humilde casa y la revistió con su fantasía de colores, comodidades y un jardín espectacular donde las flores competían con los tonos del arcoiris. Carajo! si a él le tocara alguna vez sacar la grande. Se rió de sí mismo y miró los números, y como se los sabía de memoria fue recorriendo mentalmente la larga lista de clientes a quienes debería venderle la fortuna para que posteriormente festejaran con champán. Sí, hacia tiempo que la suerte no visitaba al pueblo, pensó Toto mientras subía a su bicicleta. Su mujer salió hasta el portón de la casa y lo despidió otra vez mientras su perro jadeaba a su costado, esperando la señal para que corriera detrás de su rueda. Pero el silbido no llegó esta vez, y Pompeyo se quedó mirando cómo se alejaba.
Toto recorrió mentalmente otra vez la lista de clientes, y el primer lugar a visitar quedaba cerca de su casa. Bajó de su bicicleta, saludó a un cliente que salía del bar del gallego Gutiérrez, y entró saludando a los otros parroquianos.

       -  Buen día, buen día...un numerito para la Grande  de fin de año ? Hoy nos toca la grande, señores.
       -  Dale negro, hace tiempo que esa promesa es una chantada. Ya no te creemos un pito de lo que nos prometés...
   Toto le sonrió a los pesimistas que jugaban al billar y se dirigió al mostrador, donde Gutiérrez atendía a los otros hombres recostados en el mostrador.
       -  Mucha gente esta mañana, constató mientras sacaba varios números y los ponía ordenadamente sobre el lustroso mostrador de madera.
       -   Sí, pero poco consumo, se quejó el bolichero mientras señalaba los décimos que prefería.
Pagó y le alcanzó una copa de grappa a medio llenar.
       -  Tomá negro, para que entrés en calor, le dijo.

Toto agradeció, bebió y siguió su viaje, esta vez con los perros del barrio prendidos a sus pantalones y ladrando ante el intruso. Una patada bien dirigida al hocico de uno de ellos terminó con la persecución. Ahora tenía que pensar en la subida que le esperaba para llegar hasta la panadería del tano Locatelli. Allí siempre le compraban casi todos los empleados un décimo y aprovechaban para hacer una pausa. Pedaleó raudo tratando de no perder velocidad y logró mantenerla hasta que llegó a la cima del repecho donde estaba ubicada la panadería. Bajó jadeando un poco, y se secó el sudor de la frente con el pañuelo que siempre llevaba en su bolsillo.
    
       -  Hola negro, ya venís con la yeta? A ver si por favor algún día nos traés la suerte para poder rajar de este pueblo de mierda... le dijo uno de los empleados mientras preparaba la masa del pan.
       -  No se quejen, ché. Donde mejor van a estar que aquí? Pero a ver si eligen bien que tengo un presentimiento de que hoy la pegamos... les dijo a modo de consuelo.

Cuatro décimos  logró venderles, no mucho es cierto, pensó, pero otras veces no les había vendido nada. Ahora tenía que enderezar hacia el centro. Calles asfaltadas, veredas con la sombra de los frondosos plátanos, y varios clientes más para golpearles las puertas.
       
      -  Y como viene eso? Le preguntó Arteaga, el primer cliente que tenía costumbre de permitir que Toto eligiera el número. -  A ver si me das suerte esta vez, negrito... Así que me das la terminación 47? Con ese puto número seguro que soy 800 pesos más pobre, le dijo mientras se lo guardaba en el bolsillo y le alcanzaba el dinero.

Después de visitar a varios clientes más se dio cuenta que había agotado prácticamente todos los números que llevaba consigo, menos el que siempre reservaba para don Gerardo Montelongo. Aquél número era sagrado para este cliente. Hacía ya quince años que había sacado millones con ese número, y desde entonces volvía a jugarlo empecinadamente.
Golpeó el zaguán de la casa con aquel llamador de bronce con forma de mano, y esperó atento a los ruidos del interior. Pero nada se movía al otro lado de la gruesa madera.
Golpeó de nuevo y nada. Aquéllo lo alarmó porque  don Gerardo siempre estaba en la casa y Toto ahora no sabía nada de su ausencia. Estaría de viaje?
Su ignorancia duró poco. Una vecina que salió con la escoba para barrer casualmente la vereda lo llamó, y susurrando le contó que toda la familia había llegado de un viaje esa madrugada, muy tarde. Seguro que estaban durmiendo todavía. Ella era la única que conocía lo de ese viaje porque don Gerardo no quería que nadie se enterara que habían partido.
       
       -  Por lo de los robos, usted sabe, le dijo.

Le agradeció a la mujer que después de unos pocos escobazos se metió en su casa. Qué hacer? se preguntó Toto desconcertado. Si no retenía el número don Gerardo lo maldeciría por el resto de su vida.  A lo mejor él había comprado el entero allí donde había viajado. Pero si habían estado en el extranjero  era imposible. Conocía además el genio de su cliente que entraba en ebullición por poca cosa. Y mire si sale el número, pensó mientras acariciaba los décimos. El 03865 era el número de lotería que don Gerardo apostaba sistemáticamente y que Toto siempre reservaba.
Al fin se decidió. Él pagaría con su propio dinero el entero 03865 y se lo entregaría con o sin premio. Seguro que don Gerardo se lo agradecería. Recordaba que cuando había sacado la vez pasada le había obsequiado con una par de quilos de yerba mate.
        
        -  De la mejor, negrito, de la mejor!  le gritaba mientras le palmeaba la espalda. Toto se marchó con dos quilos de yerba más rico mientras la fiesta continuaba en el patio de la casa de don Gerardo.Pensó en sus ahorros y seguro que le alcanzaba para comprar el entero. Le explicaría a su mujer lo complicado de la situación, y seguro que ella comprendería.
     Así que fue al banco y llenó el formulario correspondiente.
        
       -  Para qué querés tanta guita, negro? Te vas a comprar un auto?    le preguntó ácidamente el empleado. 
       -  No me alcanza ni pa´ las ruedas. Pero quiero hacerle un favor a don Gerardo, respondió.                             
       - A ese viejo amarrete? Vos un favor a él? No se lo hagas, negro. Y sea lo que sea hacete vos el favor, negrito. Olvidate de ese miserable.
       -  No puedo. Es un cliente de muchos años, dijo con tono reservado. 
       -  Bueno, aquí tenés la guita. Y cuidado con los chorros y carteristas que están como buitres a la salida del banco, le advirtió el cajero.

   Toto montó rápidamente en su bicicleta, y pedaleando raudamente, sin dejar de mirar hacia atrás por las dudas que lo siguieran, llegó a la agencia de loterías.
        
      -  Hola, que tal las chicas más lindas del barrio, dijo a modo de saludo. 
   
    Las empleadas de la agencia lo saludaron riéndose y le abrieron la puerta de seguridad. Al fondo había un pequeño escritorio donde Ángel, el jefe de la oficina, estaba revisando el resultado de las ventas.
-           
   -  Que tal don Ángel, saludó Toto.
       -  Mmmmm, salió un sonido indescriptible de la boca del jefe de la agencia.
       Aquí tengo la plata de la venta y sólo me sobraron estos tres décimos. 
       -  Mmmmm, volvió a confirmar Ángel mientras contaba el dinero. Luego le alcanzó un formulario que ambos firmaron después de observar que todo estaba correcto.
      -  Bueno, nos vemos la próxima semana, que pase bien, se despidió Toto. 
       -  Mmmmm, repitió a modo de saludo el jefe mientras seguía enfrascado en sus papeles.

 Toto no se esperaba más que aquéllos mugidos de don Ángel. Siempre ocupado apenas hablaba con alguien, pero por lo menos no le decía negro o negrito, ese sobrenombre que nunca se pudo sacar de encima a causa del color de su piel y que lo fastidiaba.
Montó otra vez en la bicicleta y se instaló en el bar del gallego Gutiérrez. Faltaban quince minutos para que comenzara el sorteo y quería tomarse una cerveza esperando que los niños cantores anunciaran los premios.

    - Llegó la hora de la verdad, negro. Si no nos toca aunque sea la devolución vas a tener que pagar la vuelta.
        -  No se pongan nerviosos, señores, respondió Toto sin alterarse.

La vieja radio carraspeó y un locutor anunció  el inicio del sorteo. A dos voces una niña y un niño comenzaron a anunciar los números y los premios correspondientes. En el bar todos estaban en silencio. Caras tensas, divertidas y burlonas adornaban el mostrador donde todos se habían arrimado.
De pronto todos se pusieron más atentos, iban a cantar el número de la Grande y las manos apretaban los décimos que habían comprado.
   
- El 03865 con 80 millooooones de peeeesos!!! Gritaron los chicos cantores repetidas veces.

Toto demoró unos segundos en reaccionar. De pronto sintió que se le aflojaban las piernas y un dolor intenso le invadió el pecho. Era el número que había comprado para don Gerardo! Pero él lo había pagado. Qué hacer? 

Con los millones que le tocarían en suerte por el entero fantaseó de nuevo con una nueva casa, reluciente, de techos de tejas, jardín bien cuidado, amplios ventanales, Pompeyo saltando en busca de un palo que su mujer le lanzaba lejos para que corriera a buscarla. Y sus hijos vistiendo ropas nuevas hamacándose bajo un castaño. No escuchaba las voces de los demás que le reprochaban haberles vendido números sin premios, concentrado como estaba en tomar una decisión crucial. Si cobraba el premio sería visto como un estafador, creía, ya que don Gerardo que tenía poder en el pueblo se encargaría de proclamar a toda voz que lo había traicionado. Y si bien no era ilegal cobrar ese dinero, moralmente quedaría marcado como el hombre que se apropió de la fortuna del respetable vecino Gerardo Montelongo.
En esas elucubraciones estaba cuando el mismo don Gerardo entró como un vendabal en el bar con los ojos desorbitados. 
         - Negro, que me hiciste! No me dejaste el número de la suerte! Cómo pudiste hacerme eso, gritaba al mismo tiempo que agitaba los brazos.
         - Pero si estuve golpeando su puerta para dejarle el número, respondió Toto tartamudeado. Y me dijo una vecina que había estado de viaje...

Todos miraban a Toto serios y compungidos por las consecuencias que traería el problema si don Gerardo perdía esa fortuna.Él era el hombre fuerte del pueblo.

        - Negro de mierda, me has jodido. Te voy a machacar y hasta tus hijos van a pagar por esta estafa que me hiciste.

Toto bajó la cabeza y sus manos abrieron el bolso temblando. De allí sacó el entero del número premiado y todavía sin levantar la mirada le dijo a don Gerardo.

       - Mire don, aquí tiene su entero. Yo mismo lo pagué pensando en que usted lo reclamaría.

    Los ojos del hombre se saltaron una vez más de sus órbitas. La ira que lo invadía se transformó por arte de magia en una carcajada estridente y corrió a abrazar a Toto. 

      - Negrito divino, ya sabía yo que vos no me fallabas! Esto es supremo! Aprendan lo que es la lealtad de un hombre! gritaba mientras pasaba el brazo por la espalda de Toto. Gracias macho, de esta no me voy a olvidar. A ver gallego, serví una vuelta para todos! ordenó a Gutiérrez mientras revisaba una y otra vez aquél papel que significaba su nuevo golpe de suerte.
       - Y bien muchachos, me voy a festejar con mi familia que todavía no sabe nada, dijo en forma de despedida. 
Toto levantó la cabeza y vió como don Gerardo se marchaba. Justo cuando llegaba a la puerta le dijo 
 Por favor don Gerardo, no se olvide de pagarme el entero porque lo compré con mis ahorros. 
      -  Claro moreno. Pero ahora tengo cosas más importantes que arreglar, así que tendrás que esperar, dijo en un tono despreciativo y se marchó a grande zancadas. En el bar nadie dijo nada.

        ***