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jueves, 27 de julio de 2017

Una bomba de tiempo estalla en las manos del gobierno sueco


El Primer Ministro sueco Stefan Löfvén en conferencia de prensa esta mañana anunció que dos de sus ministros, el de Interior Anders Ygeman, y la de Transporte Anna Johansson, pidieron la renuncia a sus cargos luego de que el escándalo provocado por la Dirección Nacional del Transporte (Transportstyrelsen) iniciara un febril debate sobre responsabilidades y una crisis de gobierno.

Los líderes de la Alianza de centro-derecha, constituida por el Partido Conservador (M), del Centro (C), Liberales (L) y Demócratacristiano (KD) apoyados por Sverigedemokraterna (SD)intimaron al gobierno socialdemócrata a obligar a los dos ministros mencionados y también al de Defensa, Peter Hultqvist, a renunciar. Los dos ministros mencionados, Ygeman y Johansson, no tuvieron alternativa y para evitar que una mayoría parlamentaria los obligara a abandonar sus cargos,  presentaron entonces la renuncia que fue aceptada por el Primer ministro Löfven  y que inmediatamente nombró nuevos ministros.

La alternativa que tenía Löfven era de que todo el gobierno renunciara y se llamara a nuevas elecciones, o que el presidente del Parlamento llamara a la oposición y le preguntara si ellos eran capaces de formar un nuevo gobierno. Lo cual es muy dudoso, por divisiones internas en ciertos temas y porque los cuatro no reúnen mayoría sin el apoyo del partido de ultraderecha (SD), conocido por sus propuestas anti-inmigrantes y xenófobas en muchos pasajes de su programa.
La decisión de Löfven le da un respiro al gobierno, da pruebas de la mano firme del primer ministro en conducir al país y pone a la oposición en la situación de aceptar las medidas tomadas por su gobierno, o continuar con el cuestionamiento al ministro de Defensa, el único que no renunció, considerado como la persona idónea en ese cargo para muchos, entre ellos los militares.

Antecedentes:

Durante el último gobierno de la Alianza de centro-derecha en Suecia (2010-2014) la mayoría parlamentaria de los cuatro partidos que la componen, decidieron reformar  la ley que reglamentaba la conducción y manejo de los datos digitales de las administraciones públicas. De esta manera lo que hasta entonces estaba en manos de las empresas públicas pasaba a las privadas en caso de que se decidiera así. "Es ´más barato", es el karma de los amantes de las privatizaciones. Esta forma de operar, que se denomina outsoursing en inglés, le permitía entonces a las empresas públicas y entes autónomos firmar contratos con empresas privadas para que se hicieran cargo de todo el banco y trafico de datos digitales de las mismas.
En el caso de la Dirección Nacional del Transporte, la directora de esta organización pública, Maria Ågren, tomó la decisión en 2015 luego que IBM presentara el presupuesto más bajo para esta misión, de las tres empresas que se presentaron a la licitación. Ågren firmó entonces con IBM un contrato donde la multinacional norteamericana se hacía cargo del manejo de todos esos datos.

Lo que es llamativo es que ni Maria Ågren, y ni el presidente de esta entidad, Rolf Annerberg, violando claramente las leyes que rigen sobre  este tipo de datos relacionados con la seguridad del país, no hubieran hecho un análisis sobre los riesgos que podría acarrear un contrato con IBM.
El propio personal de seguridad de esta administración advirtió sobre ellos, señalando que información sensible y secreta sobre la infraestructura y personal civil y militar encargada de operar en lugares estratégicos, podrían caer  en manos de los servicios secretos de otros países, entre ellos Serbia, aliado de Rusia. Esos datos en manos de los rusos  le vendrían de perillas. Y es que IBM tiene parte de su infraestructura en ese servicio de manejo de datos justamente en Serbia, un aliado de Rusia. Vehículos militares, carnets de conducir con la identidad de las personas, infraestructura carretera y miles de otros datos que hacen a la seguridad del país, podrían haber caído  en manos de esos servicios secretos que Suecia considera "enemigos potenciales", en caso de un conflicto bélico internacional entre Rusia y la OTAN, a pesar de la mentada neutralidad sueca.

El impacto de la decisión impulsó entonces a la oposición de centro-derecha a apostar alto y pedir la renuncia de tres ministros, el de Interior, Anders Ygeman, el de Defensa Peter Hultqvist y la de Transporte Anna Johansson, todos socialdemócratas.
La iniciativa que había tomado la oposición había sido complementada con una denuncia apoyada también por el gobierno de que el Comité Constitucional del Parlamento investigara todo lo relativo sobre la toma de decisiones, quienes sabían y cuando. Sin embargo, la oposición no quiso esperar el resultado de esa investigación y se adelantó a los hechos, esperando ganar puntos en medio de la crisis. Porque uno de los débiles pilares del gobierno en este asunto es que Yngeman y Hultqvist conocían el serio problema ocasionado por Ågren y Annerberg, pero recién informaron al Primer Ministro Löfven y a la propia ministra de Transporte  Anna Johansson,  en enero de este año, según han declarado.

El llamado outsoursing ha sido una bomba de tiempo que el centro-derecha dejó paradójicamente en manos del siguiente gobierno, en este caso socialdemócrata, el que se oponía a aquella reforma pero no tenia mayoría para cambiarla. Esta crisis inesperada, causada por una directora de una administración pública que por un desconocido motivo tomó decisiones ilegales, puso en un duro aprieto al Primer Ministro Stefan Löfvén, quien trata de zafar ahora con no poca audacia y desafiando a la oposición a que intenten obligar a renunciar al popular ministro de Defensa. Lo que no pocos consideran una jugada de alto riesgo.




miércoles, 26 de julio de 2017

Recorriendo Italia. Lacio, Nápoles y Sicilia


 Las vicisitudes de un viaje bien planeado

Emprender un viaje al sur de  Italia en verano con el plan de conocer las dos ciudades más importantes, Nápoles y Palermo y la fascinante Pompeya, parecía un poco aventurero cuando lo pensé por primera vez en el invierno pasado. No obstante esta idea, iría primero a visitar a mis amigos de Nettuno, en el Lacio. Planeé con tiempo este recorrido que haría solo  por los  antiguos centros más importantes de la Italia meridional, Nápoles y Palermo, pertenecientes en el pasado a los barbones  de la corona española, y confiaba que todo saldría bien. Pero el comienzo no pudo ser peor.

Capítulo I

Viernes 16 de Junio

Muy temprano a la mañana sonó el despertador de mi teléfono celular en la mesa de luz. Había dormido pocas horas, no más de cuatro, así que me desperté sin mucho entusiasmo a pesar que debía viajar ese mismo día a Italia. Mi partida estaba fijada para las 08.40 y llegaría al aeropuerto de Arlanda a las 06.30 horas con el autobús desde la estación central de la ciudad de Västerås, en Västmanland,. Preparé un café y terminé de ordenar el equipaje. Nunca había planeado un viaje con tanto esmero y detalle. Hoteles, medios de transporte, lugares a visitar estaban en una lista con horarios, precios y comentarios.

Una vez revisado por enésima vez todos lo detalles caminé hasta la parada del autobús de servicio urbano que me llevaría a la Estación Central. No demoró mucho en llegar, aunque por alguna razón desconocida giró a la izquierda en la esquina, cuando lo normal era que tenía que seguir recto, hasta la parada donde yo lo esperaba. El chófer tocó bocina advirtiéndome del cambio imprevisto. Tuve que correr con la valija en la mano y la mochila a la espalda hasta la nueva -y no anunciada- parada del bus. Agitado por la carrera agradecí de todas maneras el gesto del conductor que no había seguido de largo su camino ignorándome y dejándome plantado con riesgo de perder la conexión siguiente con el otro autobús que me llevaría al aeropuerto. ¿Sería este episodio una advertencia a los futuros sucesos que marcarían parte de mi viaje? 


Como era muy tempreno, 04.45, no había tráfico prácticamente en las calles, así que el bus llegó a la estación central, nudo del transporte de trenes, buses urbanos y regionales de la ciudad de Västerås después de pasados diez minutos . En el extremo norte de la plataforma, vecino a las vías del tren, estaba ya esperando el bus con destino a Arlanda, con las puertas de las bodegas abiertas. Presenté el billete al conductor, ubiqué la valija de mano en la bodega y subí al bus que tenía a la derecha una fila simple de asientos y una doble a la izquierda. Me ubiqué en la parte delantera en la fila de  asientos dobles junto a la ventanilla. La mochila, regalo de cumpleaños de mis hijos con motivo del viaje, la ubiqué a mi lado en el asiento libre. De mi hombro colgaba una cartera pequeña de cuero color negro, donde tenía todos los documentos, billetera, pasaporte y otras pertenencias. Un momento antes de partir el bus sube también un conocido, Daniel, que al verme se ubicó a mi lado, ambos sorprendidos por el encuentro. Retiré la mochila y Daniel se sentó a mi lado. La cartera de cuero  me molestaba colgada del hombro así que la puse en el piso, a mis pies.

 El viaje transcurrió tranquilo, Daniel iba rumbo a Oslo, a una reunión de su empresa, me comentó. En el asiento de adelante viajaban dos brasileñas, y curioso les  pregunté si ellas  también vivían en Västerås. Ambas lo confirmaron y agregaron que eran religiosas, cristianas sin precisar la secta, y que viajaban a Francia… ”por obra y gracia del Señor”, afirmó una de ellas con voz cantarina.
Entonces les respondí que sin dudas era así porque ”Dios está en la Tierra y en  todo el Universo”, a lo que las dos mujeres contestaron que era una idea muy bella lo que había dicho.  

Si, les dije seriamente, sobretodo proviniendo de un ateo. Las dos mujeres algo confundidas terminan riendo sin muchas ganas.

En ese momento desde Italia me llegó un mensaje al sms. Era Piero, el amigo italiano que iba a visitar en Nettuno, quien me adviertió que en la capital italiana el transporte colectivo de pasajeros, bus, metro y trenes estarían de huelga por 24 horas. Vaya contratiempo, pensé resignado. Me imaginaba atrapado en Fiumicino desde las 11.30 esperando que pase la huelga,  porque los amigos trabajan ese día y no podían ir a buscarme hasta después de  las 19.00 horas. Ya vería como me las arreglaría, pensé.

Al llegar al aeropuerto de Arlanda en la T5 bajamos casi todos los pasajeros. Fui el último en hacerlo, me acomodé la mochila a la espalda y recuperé la valija en la bodega del bus. Junto con Daniel entramos en el edificio del aeropuerto y  dirigimos nuestros pasos a los mostradores de SAS para el facturación del equipaje. Yo tenía un trámite rápido porque había hecho el check-in por internet. De una máquina automática  saqué la la larga tira que identifica mi valija y la colgué en el asa. De pronto cuando estoy por despacharla junto con la funcionaria que me estaba dando las indicaciones experimento un golpe en la frente, un relámpago que podría haberme fulminado si hubiese sido real. ¿Donde quedó mi cartera? Me toqué el pecho para sentir el contacto, pero no había nada.
Y con el pánico invadiéndome el alma y el cuerpo recordé que la había dejado en el piso junto al asiento del autobús.

Como toda la documentación, el dinero, las tarjetas de débito y crédito y el pasaporte estaban en ella y probablemente ya en camino a Västerås, me hubiese gustado cortarme las venas si hubiera podido.Sin embargo traté de tranquilizarme y pensar qué pasos debía seguir para recuperar la cartera. Eran las 06.30.

Busqué primero el número de teléfono de la compañía del Bus4you, pero el servicio de atención al cliente todavía no atendía las llamadas, era muy temprano. Se me ocurrió entonces que a lo mejor tenía suerte y podía alcanzar el bus con un taxi y detenerlo. Corrí entonces a la calle para buscar uno, pero el taxista después de despedir a los pasajeros que bajaban para entrar en el aeropuerto, me dijo que no podía llevarme porque en esa zona solo dejaban a los clientesy luego debían ir a la zona de arrivos para recoger a los nuevos. Las reglas eran muy precisas, no había caso, no me podía llevar aunque quisiera por más que comprendía la emergencia.

Con la mirada desorbitada y la sensación de que mi viaje tan bien planeado se iba a pique descubrí que una camioneta de la compañía Flygbuss acababa también de dejar a sus pasajeros en la T5. Apresuradamente abordé al conductor y le pedí lo mismo que al taxista, es decir si podía intentar alcanzar al autobús antes que dejara la zona del aeropuerto. El hombre accedió al fin después de dudar un poco y ambos emprendimos la marcha recorriendo todas las terminales hasta llegar a la T2, pero sin resultado. Le agradecí al hombre por su gentileza, descendí de la camioneta y puse rumbos al edificio. Al cruzar la calle un funcionario empezó a gritarle al chófer de la camioneta de Flygbuss,  reprochándole con dureza su incursión por ese lugar porque no estaba permitido que su vehículo circulara por allí. Me iba a detener a explicarle lo que pasaba, pero le dejé al conductor esa discusión. Ya tenía bastante con lo que me había pasado y había cosas más importantes de las que ocuparme.

Caminé entonces de regreso para emprender el largo camino desde la T2  a la T5  arrastrando la valija y cargando la mochila sobre mis hombros, que por suerte no había despachado. Me dolían las rodillas y transpiraba copiosamente por el esfuerzo.
Allí resolví llamar a Roberto, mi amigo en Västerås, para que me hiciera el favor de ir a esperar el autobús que llegaría a Västerås a las 08.20, y le reclamara la cartera al conductor apenas llegara a destino. Eran en ese momento las 06.50. Pero Roberto no contestaba y tampoco Stella, su mujer. Nueve veces lo llamé pero sin éxito. A las 07.00 insistí con la oficina de Bus4You y pude contactar a la compañía. Le expliqué a la empleada el problema,  y le rogué que se comunicara con el conductor para que se enterara del olvido de mi cartera y la devolviera a mi amigo Roberto que iría en su encuentro. La chica dijo que así lo haría, y mientras tanto seguí insistiendo en llamar a Roberto, pero sin resultado. 

Para ganar tiempo dirigí mis pasos al mostrador de atención al cliente de SAS en el aeropuerto y  explicarles también a ellos mi situación. La empleada me atendió amablemente, y buscó la forma de conseguir un billete para el día siguiente con destino a Roma. Por suerte lo encontró,  pero partía más temprano que el que iba a perder un rato más tarde. 
El vuelo del sábado salía a las 07.10.  De todas maneras más tranquilo y contento le respondí que  “Estupendo”, apenas perdería un día del viaje tan bien planeado después de todo, y me evitaría la huelga del transporte romano. Solo tendría que hacer el viaje de vuelta a Västerås. Pero se me borró la sonrisa cuando la mujer me comunicó que tenía que pagar 2 300 coronas extras. 600 kr por el cambio y 1 700 kr porque el billete que había comprado antes era de precio de saldo. Resignado y otra vez odiándome por mi mala fortuna, tuve que aceptar sin más remedio beberme la amarga cicuta. Prometí pagar la diferencia apenas recuperara la cartera. La empleada me dijo que lo reservaría.
Los dos héroes que me sacaron del apuro,
 Nilda y Roberto.

Eran las 07.45 e insistí en llamar a Roberto, quien seguía sin contestar. Entonces busqué el número de Nilda,  una amiga chilena de ambos. Nilda por suerte atendió la llamada y escuchó el relato de mi problema. Me dijo que se estaba aprontando en ese momento para ir al trabajo. En realidad estaba un poco atrasada e iba a salir corriendo a tomar el autobús que la llevaría al centro y - o diosa fortuna- el bus pasaría por la estación central. ”Me abrocho los zapatos y salgo al tiro, tengo solo cuatro minutos para llegar a la parada”, dijo con un poco de angustia y cortó. A las 08.15 Nilda me llama diciendo que está en camino pero no sabe de todas formas si llegará a tiempo. Corta y pasan otros cinco minutos. Otra llamada y esta vez Nilda me  cuenta que su autobús llegó justo a tiempo a la terminal de Bus4You. Pasaron unos minutos y Nilda me confirmó que efectivamente el conductor le había entregado la cartera que tanta preocupación me había causado. 

 A las 8.40 Roberto  llama extrañado y preocupado cuando vio que habían nueve-diez llamadas mías. Le explico la situación creada por mi distracción, pero que Nilda felizmente había recuperado la cartera en ese momento y que yo iba a regresar a Västerås a recogerla.  Roberto me dice entonces que me va a esperar a la Estación Central con su coche para viajar hasta donde Nilda trabaja. Una vez reunidos y lamentándome de la situación planteada, le cuento a Roberto mientras viajábamos, los detalles de tantas desventuras. Nos dirigimos entonces al vecino suburbio de Irsta, para recuperar la cartera. Nilda trabaja en una escuela como profesora de español. Los tres amigos nos reunimos y comentamos lo sucedido, nos reímos de otras situaciones similares vividas en distintas ocasiones. Nilda dice que el favor que me hizo siempre tiene retorno. Así es la vida, nos dice ella, recordando que alguien se lo había dicho en uno de sus viajes de juventud, casualmente en Uruguay. 
Nilda cuenta que cuando corrió para recuperar mi cartera, el conductor del bus que la llevaba le dijo que tenía dos minutos para hacerlo, él no esperaría más tiempo ya que no quería atrasar su recorrido. Nilda tuvo suerte otra vez, recuperó mi cartera y regresó a tiempo al bus que la llevaría a su trabajo. Se sentó entonces de nuevo y cuenta que le temblaba todo el cuerpo por la tensión y el estrés que había pasado en ese momento. 
”Aférrate a esa cartera y no la sueltes” me aconsejó antes de despedirnos con un abrazo.


Ahora tenía que resolver otro problema práctico. Cómo y cuándo iba a emprender el nuevo viaje  al aeropuerto para estar a las 05.00 debido a que el avión partía a las 07.10. Además era  el plazo límite para pagar el nuevo billete. Los sábados los buses tienen horarios menos frecuentes e inician más tarde el servicio, así que no tenía  forma de llegar a tiempo a Arlanda desde Västerås, según había consultado en la lista de horarios.
Entonces  tomé una decisión. Viajaría en el ultimo autobús Västerås-Arlanda  que arribaría al aeropuerto a las 22.30 y dormiría lo que pudiera allí, así evitaría preocuparme de cómo llegar a tiempo para la partida. Dormiría lo que pudiera en el aeropuerto. Así lo hice y tuve suerte. En un lugar de reposo encontré libre un cómodo sillón y pude dormir de a ratos entre otros pasajeros que hacían lo mismo que yo. No me separé de la cartera en toda la noche a pesar que me molestaba un poco. Soñé con una hechicera que en algún lugar del planeta esta interviniendo en mi destino, demorando esa partida por alguna razón que yo no llegaba a comprender. Pero esta vez estaba seguro que no perdería el vuelo por mi causa a pesar de la magia de la hechicera. Pero ya me esperarían nuevas sorpresas a pesar de mis precauciones.




Sábado 17 de Junio

Apenas el reloj marcó las 05.00 horas me dirigí al baño, cumplí con el ritual mañanero de todo ser humano, y me dirigí directamente al mostrador de SAS para pagar el billete. Todo transcurrió como había pensado aunque me dolieron en la cuenta del banco las 2.300 coronas (230 euros) que tuve que pagar por el ”contratiempo”, como lo calificó la empleada de SAS.
Despaché la valija de mano, cargué la mochila y me dirigí a la zona de seguridad donde no tuve contratiempo alguno para pasar por los detectores que identifican las amenazas terroristas en caso que alguien lleve armas, explosivos, botellas de agua, dentífricos, champú, etc etc. Ubiqué la puerta de entrada a la manga que nos llevaría al avión y esperé un rato hasta que nos llamaron para embarcar.

El asiento que me tocó en suerte esta vez, había perdido la reserva del día anterior, era el 16B, así que me tocó viajar entre una señora mayor que probablemente tenía miedo a volar y una chica que durmió durante casi todo el viaje. El vuelo llegó a Fiumicino 40 minutos antes de lo anunciado. ”Tuvimos viento de cola” dijo satisfecho el piloto y me recordó el tópico de la oposición en Uruguay que amerita los resultados del crecimiento de la economía del país en la última década, no a la gestión del gobierno, sino a la coyuntura internacional o viento de cola. De todas formas no mencionan que cuando ese viento cesó y se volvió en contra el país no entró en recesión y siguió creciendo, más modestamente sí, pero sin perder pie como los vecinos Brasil y Argentina.

Mis amigos de Nettuno, de izq. a der. Cristiano, Antonello,
Angela, Piero, Eleonora y Giulia.
Hecha esta pequeña disgresión de tono político, el aterrizaje fue sin mayor dramatismo, salvo para la señora que viajaba a mi lado que se encomendaba, creo, a todos los santos que la protegían. Recogí mi valija en la cinta transportadora y salí al exterior del aeropuerto. En eso me llamó Piero diciéndome que se encontraba frente a la T2. Yo iba hacia allí así que lo vi casi inmediatamente. Estaba parado esperándome. Fue una suerte que llegara más temprano de lo que él mismo había pensado. Así que después de saludarnos efusivamente cargamos el equipaje y pusimos rumbo a Nettuno, donde reside junto a su compañera Giulia y sus hijos Camilla y Pablo. También allí estarían esperándome Cristiano y Eleonora, amigos que me prestaban un apartamento para alojarme. Lo tenían libre de inquilinos y estaba amueblado. Así que allí dejamos el equipaje, yo descansaría un rato y luego iría caminando hasta la casa de Giulia y Piero para almorzar.

Vista del puerto de Nettuno para barcos y lanchas de recreación.
Nettuno es una localidad turística a 60 kms de Roma, y recibió este nombre porque en el lugar se había levantado una estatua en honor al Dios Neptuno en la antigüedad. El balneario está conectado a Roma por vía férrea y por carretera, la Pontina, y es conocida por algunos  acontecimientos que marcaron la historia de Italia y de este lugar. Por ejemplo, cerca de Nettuno, en la vecina Anzio, nacieron los emperadores Nerón y Calígula, donde todavía quedan restos de la villa que el primero ordenó construir para su alojamiento en los veranos. Hasta 1870 Nettuno perteneció al Estado Pontificio. Allí los sucesivos Papas hicieron gala de sus ambiciones politicas como por ejemplo Alessandro VI Borgia y su posterior rival Giulio II della Rover
e. Estos Papas, como muchos otros, interesados en el reino de Dios pero más en el de la Tierra,  ubicaban en el poder de esas ciudades a nobles italianos leales. La influyente familia Colonna  en Nettuno había sido despojada de sus bienes por Alessandro VI  por haber estado aliada a los franceses. Della Rovere, una vez nombrado Papa,  se las devolvió después de zanjar la lucha por el poder con los Borgia. Otro lugar muy visitado en la ciudad es el santuario de Santa Maria Goretti, una niña que se resistió a ser violada y fue asesinada por el agresor. Según la versión de la iglesia la niña habría perdonado antes de morir al homicida. Por haber muerto ”pura” fue canonizada en 1950. Me pregunto si el agresor hubiera logrado su propósito de violarla ¿la habrían canonizado por su resistencia a pesar que no era ”pura”? 

 Durante la 2a GM los aliados desembarcaron en junio de 1944 en los alrededores de la vecina Anzio y de Nettuno, donde tuvieron lugar sangrientas batallas entre aliados y alemanes. Tal es así que a pocos kilómetros de Anzio hay una localidad llamada Campo di Carne, debido a la cantidad de soldados de ambos bandos muertos en los combates. El cementerio Americano tiene un lugar en la comuna de Nettuno, es muy visitado por sobrevivientes de la guerra que estuvieron allí y familiares de los soldados  muertos.

Tengo que admitir que estaba muy excitado por el viaje y los episodios vividos, así que no pude dormir un rato como había pensado. Me duché, ordené mis cosas, ropa y demás bártulos, me cambié de vestimenta y guardé la ropa sucia para lavarla después. Luego pasé revista a lo que había de útil para cocinar en caso que tuviera que hacerlo, controlé la cocina y comprobé que la llave del paso del gas estaba cerrada porque no podía prender la hornalla. Tendría que preguntarle a Cristiano donde estaba. Después elegí la cama de una plaza en el living vecino a la cocina. La cama del dormitorio era de 1.60 m y me daba pereza tener que tenderla cada mañana. 
Cerca de las 2 de la tarde emprendí la caminata que me llevaría unos 15-20 minutos hasta la casa de mis amigos que está ubicada vecina a la estación de trenes de Nettuno y prácticamente en el centro. Allí estaban todos esperando para comer el pranzo, que por mi llegada estaba un poco atrasado con respecto a las costumbres y rutinas de los hogares italianos. 
Eran pasadas las 14.00 horas. Si supieran que en Suecia yo junto el almuerzo con la cena a las 16.00 horas y funciona. Claro que no trabajo fuera de casa en horarios de ”oficina”, así que es más fácil llevar esta rutina.

Giulia, que es una gran cocinera, había preparado spaghetti con tellini, un molusco bivalvo, parecido a las almejas, pero de tamaño más pequeño y muy sabroso. Ensaladas y otros pequeños platos con quesos, aceitunas y verduras en escabeche completaban la mesa regado con un vino blanco del Lacio. Giulia inspecciona las áreas agrícolas de producción de la provincia y también visita las bodegas para esos controles. Allí tiene la suerte de poder adquirir esos vinos  de buena calidad recomendados por los productores. 

Hace unos años nos llevó a un grupo de amigos a visitar dos bodegas el día que celebran la fiesta de recolección de la uva, en septiembre. Nos invitaron a probar ocho vinos de distintas uvas, blancos y tintos, acompañados además con unas tapas de carne de porcheta, una carne de cerdo que era una manteca, nunca más comí una carne de cerdo tan deliciosa, queso parmesano y aceitunas. Comimos tanto y probamos todos los vinos que la pobre Giulia estaba preocupada. ¿Qué pensarían los dueños de la bodega de sus amigos? se preguntaba.

En Italia como en todos los países a orillas del Mediterráneo, creo, el ritual de la comida es muy importante, el horario de cada uno de estos momentos, el orden de los platos que está compuesto por el antipasto que pueden ser fiambres, sopa de verduras, bruscheta, etc; el primo que es inexorablemente la pasta con salsa a elegir; el secondo, carne de cerdo, vacuna o pescado y el dolce, o sea el postre. Y un  licor para ayudar a la digestión si se aprecia esta costumbre. 

La sobremesa fue muy agradable, donde intercambiamos información sobre la vida de cada uno, trabajo, estudios de los chicos Pablo y Camilla, muy dedicados a la música, y en el ineludible tema político, principalmente la situación de Italia, donde siempre parece predominar la inestabilidad y el caos, pero que por razones (ocultas para mí) del devenir político nacional, ese andamiaje que sostiene al país con tantas  diferentes regiones, culturas y tradiciones, no se derrumba a pesar de lo cerca que está de la catástrofe según algunos analistas de la realidad italiana. 

A la noche Giulia tenía un compromiso y Camilla y Pablo iban a reunirse con amigos, así que Piero y yo nos fuimos a dar un paseo por el borgo vecchio, una zona medieval junto al mar, residencia de familias nobles a partir del medioevo y antiguo puerto de pescadores. Aquí predominan las calles irregulares estrechas y empedradas, edificios de piedra con puertas señoriales de madera, otras más humildes con los marcos algo torcidos; muchos bares, locales nocturnos, pizzerías y restaurantes. Durante el verano con tanto jaleo provocado por los turistas que mayormente vienen de Roma, debe ser muy exigente para los residentes convivir con todo esta juerga hasta tarde por la noche.

Ya habían pasado muchas horas del almuerzo cuando iniciamos el paseo, así que decidimos cenar en alguno de los restaurantes del borgo después de la caminata. 

Todas las mesas alrededor de la piazza  principal y alrededores estaban ocupadas, la gente había llegado más temprano que nosotros para cenar. Así que decidimos ir a Romolo, ubicado también el corazón del borgo vecchio, un restaurante que servía platos tradicionales y que tenía lugares libres en el salón principal. Yo pedí una insalata di mare y una grilla di mare, salteándome la pasta que ya había comido bastante en casa de Piero. Él pidió a su vez un plato de diversos tipos de pescado frito y un antipasto de cozze, mejillones a la provenzal o algo muy similar. Tomamos el mismo vino blanco que Giulia nos había ofrecido en el almuerzo. Estábamos por comer el postre cuando la camarera que se había enterado que yo  era uruguayo, nos contó que la cocinera del restaurante era de origen colombiano. Sorprendidos le preguntamos si a Rosa, así se llama la cocinera, le agradaría acercarse a nuestra mesa para saludarla. Rosa no parecía muy convencida de la popularidad que había adquirido, pero al fin salió de la cocina cuando estábamos pagando. Nos contó que había nacido en la costa del Caribe y hacía catorce años que vivía en Italia y siete que trabajaba en el restaurante. Todo el personal la elogiaba, y nosotros como comensales estábamos muy satisfechos con el menú que habíamos comido.

Una vez er la rambla de la ciudad nos dirigimos a un bar donde Piero sospechaba que podían estar algunos amigos. El lugar era en realidad un contenedor abierto en un costado donde habían montado un mostrador para servir a los clientes. Delante del mostrador estaban ubicadas varias mesas con sus respectivas sillas. El lugar tenía un techo liviano como protección contra el sol y algunas plantas adornaban el ambiente. Era un dispositivo muy flexible para el verano que habían montado y parecía muy funcional, vecino al puerto y a la rambla donde mucha gente paseaba por la noche.

Allí nos encontramos finalmente con Antonello, Angela, su esposa,  y sus hijos Francesca y Michele. Otro conocido que estaba allí era Claudio, el peluquero, hermano de Cristiano. Habían además otras amigas del grupo que yo no conocía. Estuvimos un rato conversando hasta que partimos con rumbo a la cama. Antonello y Angela me llevaron en su coche hasta el apartamento, donde tuve que hacer un esfuerzo mental extra para encontrar en el manojo de llaves de Cristano cuáles eran las correspondientes al portón de entrada, luego a la puerta del edificio y por último la llave de la puerta del apartamento. 
Había más llaves que las necesarias en ese llavero, y los tamaños y las formas eran similares, así que una vez lograda la solución del misterio fue entrar en el apartamento y me tiré de cabeza sobre la cama y me dormí inmediatamente. 


Domingo 18 de Junio

En el bar habíamos acordado que al otro día iríamos a la playa. Giulia y Piero me pasarían a buscar a eso de las 9.30 así que los esperé. Nettuno tiene playas que se extienden prácticamente  a todo lo largo de la ciudad, pero son privadas, como en muchos lugares donde los municipios dejan en manos de las empresas la gestión de estas playas. Así mis amigos, munidos de un permiso especial, hacen playa en un lugar que en realidad es una reserva militar a la que los civiles en verano pueden acceder para visitar la playa. El lugar es un poco salvaje, los militares no parecen interesados en limpiarla de troncos arrastrados por el mar, y sobre todo, de las botellas y otros objetos de plástico que pululan por allí. Los amigos de Giulia y Piero habían montado con cuatro palos un techo de tela para protegerse del sol, y Piero había llevado una sombrilla debajo de la cual ubicamos nuestras sillas y telas donde tirarnos a tomar sol. El mar estaba bastante agitado ese día, no invitaba a nadar, por lo menos a mí, así que me quedé debajo de la sombra de la sombrilla, conversando con el grupo o durmiendo la siesta que me venía muy bien.  
De estas charlas surgió la idea de visitar Ostia Antica, localidad que había sido el puerto de Roma en la antigüedad, y que después de más de un siglo de trabajos arqueológicos había sido desenterrada y se exponía a la visita de turistas y estudiosos de aquélla época.



Lunes 19 de Junio

Con las instrucciones de cómo llegar a esta localidad compré un billete de 24 horas para viajar en el servicio de transporte público de Roma. Viajo entonces por la mañana temprano desde Nettuno en tren hasta Stazione Termini, en Roma, luego cambio a la línea B del Metro con destino  a Laurentina, pero me bajo antes, en la estación Pirámide. 
Allí me espera el tren de cercanías que me lleva hasta Ostia Antica donde me bajo junto a otros turistas. La entrada a las ruinas de Ostia Antica están a unos trecientos metros de la estación, así que emprendo la caminata hasta allí. 

Encuentro un poco raro que algunos turistas vienen de regreso con caras de pocos amigos, pero sigo mi camino y entonces veo que un grupo de gente se agrupa frente a la entrada. Están pidiendo explicaciones a unos obreros que están haciendo un trabajo de albañilería, pero que por supuesto no saben porqué han cerrado la entrada. Ningún  funcionario responsable está allí para dar una explicaciones ni tampoco hay un cartel con la información sobre los motivos del cierre. 
Probablemente por esos trabajos que estaban realizando los obreros la comuna había decidido cerrar el lugar, pero con apenas unas horas de anticipación.  La mayoría  de los que visitábamos el  sitio de internet no nos habíamos enterado, ya que la información del día anterior mostraba el lunes como abierto a las visitas. Al controlar si estaba en lo cierto busco el sitio web de Ostia Antica y veo con letras rojas la informacion recién actualizada sobre el cierre. Típico de la costumbre de muchos lugares en Italia, por lo menos los lugares que conozco, donde la información es escasa, nula o llega tarde. Buongiorno Italia! 

Ante este nuevo "contratiempo" sopeso si regreso a Nettuno o visito la moderna ciudad de Ostia, hoy día un balneario de la clase media y alta romana, ciudad que durante el gobierno de Benito Mussolini (1922-1945) fue remozada y expandida a lo largo de un extenso lungomare (rambla). Doy un rodeo por la zona antes de dirigirme a esperar el tren para ir hasta allí, y veo a un grupo de jóvenes que están excavando unas ruinas vecinas  al castillo que Giulio II della Rovere (general y más tarde Papa) había hecho construir para defenderse de amigos y enemigos de la época. Le pregunté a una de las chicas de qué se trataba esa  excavación y me contó que probablemente era un mausoleo del siglo IV D.C. en honor a un ”santo”. La mayoría de las excavadoras eran jóvenes norteamericanas que estaban haciendo un trabajo arqueológico para sus tesis en el lugar.
Playa de Ostia
Recorro el centro de Ostia y luego camino hasta la playa, las que también están en manos privadas. 15 euros cuesta la sombrilla con dos reposeras por el día. A esa hora de la mañana todavía hay poca gente tomando sol y bañándose. Ostia es una ciudad arbolada, calles y amplias avenidas, típicos diseños urbanos de la época del Duce como presidente y dictador, que buscaba evitar la expansión de las ciudades, la emigración del campo a la ciudad, y aumentar la natalidad de la población. Para ello implementó una política similar a 
El lungomare de Ostia
la que aplicaron muchos generales y emperadores de la Roma Antigua: repartió tierras. Lo hizo con un doble propósito, desecar los pantanos de la región del Lacio habitada por los mosquitos que transmitían la malaria y crear ciudades que evitaran los problemas enumerados anteriormente. Este gran emprendimiento realizado por el dictador durante su gobierno, le ganó muchas simpatías entre la población que se benefició del programa. Campesinos pobres del Venetto, en el norte de Italia, fueron los colonos que Mussolini llevó al Lacio para que realizaran buena parte de la obra de canalización de esos terrenos y luego se asentaran y cultivaran esas tierras con el propósito de llevar a cabo la política antes mencionada. Aún hoy los cultivos de la zona son un importante aporte al comercio de frutas y verduras de la ciudad de Roma, y los elogios al Duce de parte de los sobrevivientes de aquélla generación todavía persisten. 
La madre de un amigo, Isacco, hace un años nos contaba cómo trabajaron de duro sus padres, y ella misma siendo niña, en las labores del campo para conseguir el bienestar material que les daba el cultivo de esas tierras en la zona de Terracina. Mussolini mandó a construir ciudades como Sabaudia y Latina y otras más en la región. Los sueños de grandeza y la ambición de hacer nuevamente de Italia una potencia imperial, la alianza con Hitler, y finalmente la 2a GM que costó la vida de casi medio millón de personas entre soldados y civiles en Italia, enterraron para siempre el proyecto fascista del Duce, que terminó sus días fusilado junto a su amante Clara Petacci por los partisanos comunistas.
 Luego ek Duce sería exhibido junto a otros compinches colgados de los pies en la plaza de Loreto en Milán.

Regreso a Nettuno a la tarde después de caminar en total más  de tres horas deambulando por las calles de Ostia y de la zona de Ostia Antica a la que nunca llegué a visitar finalmente. Hoy tuvimos 32ºC y probablemente al medidodía había subido dos o tres grados más. Ni una nube en el cielo.

Martes 20 de Junio

Amanece soleado y temprano ya se siente que será un día caluroso más en una Italia donde la prensa habla todo el tiempo de la sequía que azota al país de norte a sur. Ya comienzan los incendios a dañar áreas de bosques y cultivos, y no parecen haber muchas más alternativas que la paciente espera de que llueva cuanto antes. Hago una recopilación de las fotos que saqué en los primeros días, recibo a un vecino que por medio de Cristiano estaba enterado de mi problema con el gas, así que buscó y encontró la llave que solucionó mi problema. Al mediodía Giulia me pasó a buscar junto con Camilla y Pablo para visitar y cocinar un almuerzo para su mamá y sentarnos a la mesa con ella.

Doña Giuseppina estaba sentada en la terraza esperando que arribáramos y nos recibió con la tranquilidad y lentitud que le otorgan sus 84 años de edad. Tiene sin embargo una memoria maravillosa y como le pregunté de donde venía, cuenta que vivió su niñez en la localidad de Palata, que pertenece a la provincia oriental de Molise. Esta región tiene costas sobre el mar Adriático y frontera con el Lacio al oeste. Según Giulia ha sido siempre tierra de emigrantes que han partido hacia otros puntos de Italia y hacia las Américas y Europa. Uno de los episodios dramáticos que Giuseppina vivió como niña ocurrió cuando su padre fue enrolado en el ejército italiano al comenzar la guerra. Una vez en servicio activo partió hacia Yugoslavia donde su unidad permaneció junto a los alemanes. Cuando Italia se rindió a los aliados los alemanes concentraron a los soldados italianos en campamentos de prisioneros para evitar probablemente que algunos pudieran enrolarse con el enemigo. En todo caso el abuelo de Giulia logró escapar de ese lugar y durante un mes y medio recorrió la distancia a pie, intuyendo el camino de regreso y ocultándose en bosques y terrenos agrestes. Giuseppina tenía 10 años entonces, y estaba jugando en la plaza del pueblo cuando vio aparecer a su padre, sucio, desgreñado y muy flaco. 

Papá, que haces aquí? le preguntó sorprendida e incrédula. 
Me he escapado y retorno a casa - respondió el padre simplemente. Y se fue tranquilamente a la casa a recuperarse de la larga odisea de su fuga. En el campamento de prisioneros quedó un primo suyo que fue puesto en libertad recién tres años después  que el papá de Giuseppina escapara. Finalizada la guerra la familia se radicó en Nettuno.

En el patio de la casa crece un árbol de damascos, amarillos y tiernos, delicados y tentadores. Difícil resistir justamente esa tentación, asi que Pablo y yo bajamos a recoger algunos para comer de postre después del almuerzo y llevar una bolsa a la casa. Y no nos desilusionaron, estaban deliciosos. 

Michele, otro amigo de Nettuno.
Nos despedimos luego de doña Giuseppina que me dice que recuerda a mi hermano Gustavo. Nos damos un abrazo y continuamos viaje. Habíamos acordado con Michele, otro amigo, que nos acompañaría al cementerio a llevar flores a mi hermano Gustavo y a Olga, mi madre. Ambos están sepultados allí desde hace ya muchos años. Mamá en 1990 y mi hermano cinco años después. El cementerio pertenece a la ciudad de Anzio.  Compramos las flores en un puesto que queda vecino al cementerio y las depositamos en la tumba. Permanecimos un rato allí, en silencio, recordándolos y lo temprano que ambos abandonaron esta vida. Michele tiene también allí sepultado a su padre, así que allí él también dejó flores. Luego volvimos a Nettuno. A la noche fuimos a cenar a casa de Michele y su pareja Alessandra, que nos habían invitado. Piero, Pablo, Claudio completábamos el grupo hasta que se nos unieron Giulia, Camilla y Letizia, esta última una chica recién llegada de Bologna. Ella y Camilla partirian para Malta con la  finalidad de hacer un curso de dos semanas de expresión musical. Ambas estudian música, y Letizia además es bailarina de ballet. Despachamos con buen apetito las variadas pizzas y ensaladas, y después de un rato de sobremesa, nos fuimos todos a dormir. Al día siguiente estaba planeado una visita al Circeo. 

Miércoles 21 de Junio 

Amanece sin una nube y sin dudas será otro día de calor. Ya no me preocupo de mirar el pronóstico del tiempo, la inapelable invariablidad del mismo hace que uno se atreva, a diferencia de Suecia, a vaticinar que no lloverá. 
Giulia pasa a buscarme temprano a la mañana para dirigirnos al Circeo, el primer Parque Nacional de Italia, que ocupa todo el legendario monte o promontorio, como también se denomina, y sus aledaños desde 1934 por consejo del senador Raffaele Bastianelli al Duce. Nos tomó un poco más  de una hora porque nos encontramos con un desvío que no estaba previsto. Tampoco había ninguna señalización sobre la ruta a seguir. Por suerte Giulia conoce la zona y encontró la ruta alternativa para llegar a Circeo. Buongiorno Italia!


La curiosa forma que este monte cobra viéndolo de perfil desde la distancia, nos hace imaginar que se trata del cuerpo de un ser humano tendido y cuya cabellera penetra en el mar. Se especula que a partir de la leyenda de la hechicera Circe y de Ulises en la obra la Odisea de Homero, se vinculó a la forma del monte con la maga, es decir que ese cuerpo tendido es simbólicamente el de ella. En todo caso, deteniéndonos en lo que el poeta griego escribió en su obra, Ulises hizo un alto en este lugar, y desconociendo el poder de la maga, desembarcó con sus hombres, los que fueron invitados con un brebaje que los transformó en animales inofensivos. Sin embargo el brebaje no afectó a Ulises. Pero Circe se las ingenió para seducir al héroe homérico que permaneció entre sus brazos durante un año, y como los hijos de los dioses y semidioses tienen poderes especiales, ambos engendraron tres hijos en ese corto período de tiempo. Luego Ulises prosiguió su viaje con rumbo a Itaca donde lo esperaba Penélope hilando y deshilando en su telar.

El primer objetivo era llegar hasta el mar al pie del monte y darnos un baño si era posible. Para eso había que descender unos doscientos metros por un escabroso y tupido camino rodeado de arbustos y árboles. 
Al llegar a la orilla del mar nos detuvimos en un curioso lugar formado por piedras volcánicas y por los restos de un construcción de hormigón que años atrás alguien había dejado sin terminar, tal vez impedido por las autoridades de construir una vivienda u otro tipo de edificación.  

En todo caso como es un parque Nacional, allí ningún privado debería poder levantar paredes, algo que comprobamos rápidamente es solo tinta sobre  papel, porque en la realidad ya existen muchas lujosas villas, escondidas detrás de la vegetación, e incluso un hotel, seguramente de gente con influencia que han burlado las reglas establecidas con la complicidad de los que deberían hacer cumplir las leyes. Algo que en Italia es frecuente, porque a pesar de que el derecho civil romano viene de la antigua Roma, y las generaciones italianas crecieron bajo esas normas modernizadas poco a poco, no parecen haber penetrado mucho bajo la epidermis de muchos italianos. 



Debo reconocer que como bañista acostumbrado a las playas de arena de mi país de origen, las rocas en el agua, a pesar que era cristalina, no me tentaban a zambullirme. Giulia sin embargo, navegó segura entre ellas y nadó una rato. Probablemente Circe la protegía de cualquier inesperado accidente. Luego ascendimos hasta donde estaba el coche para dirigirnos a una gruta llamada la Grotta delle Cappre, seguramente porque las cabras buscarían refugio allí cuando estos animales todavía correteaban por esas rocas. Pero también, siguiendo la leyenda de Ulises, esta gruta sería la Grotta de la Maga, o sea el ”palacio” que Circe  disponía, y donde junto  con Ulises veían desaparecer en los atardeces el sol en el horizonte.
 Bien, una vez recorrida la distancia que nos separaba de la gruta estacionamos el auto en un aparcamiento donde estaba el sendero descendiente a la gruta. Allí había que bajar unos trescientos metros, también en un sendero con partes escabrosas y mucha vegetación. Lleno de curiosidad por llegar al reino de Circe, descendí junto a Giulia con mucha expectación. Pero como he dicho antes, en Italia los responsables de advertir a los turistas en este caso, sobre cambios en los sitios a visitar, rara vez o nunca están allí donde  se necesitan. Por eso nos encontramos a la entrada de la gruta el siguiente panorama: un cartelito con la advertencia:  Vietatto l´ingresso, y una malla de plástico impedía el paso porque se estaba realizando algún tipo de trabajo dentro de la gruta.

Frustrados nos volvimos escalando la distancia recorrida que cuando descendimos no era tan exigente. Pero ascender hasta el aparcamiento era otra cosa, así que nos armamos de paciencia y trepamos como las cabras hasta llegar bastante exhaustos hasta el auto. Las sorpresas que Italia ofrece al turista son variadas, y no siempre agradables. Otro deporte  de los italianos es no reconocer que no sabe si uno les pregunta en que dirección queda por ejemplo, la parada de un bus, a derecha  o izquierda?  Pues siempre hay una respuesta positiva, ”sí, vaya a la derecha” pero resulta que era a la izquierda. Me pasó varias veces en las proximas ciudades que visité. 
En vez de decirte ”No sé”, muchos italianos prefieren jugar con tu suerte e indicarte los  sitios por los que preguntas cuando en realidad no tienen la menor idea de lo que dicen. Simplemente hay que protegerse y preguntar a más de una persona.

Golfo de Gaeta. Vista desde Circeo
Para aliviar la frustración nos fuimos a caminar con Giulia por el pueblo San Felice Circeo, una localidad que ha sido poblada desde hace miles de años por distintos pueblos y etnias hasta nuestros días de la edad moderna, cuando Italia estabiliza finalmente sus fronteras por mar y tierra. Ubicado en el extremo norte del golfo de Gaeta, el pueblo trepa por la falda del monte y desde las terrazas, se puede ver el bonito paisaje del golfo que termina en el cabo de Gaeta. Allí, al pie de la montaña está ubicado la  localidad que lleva el mismo nombre. 
Una disgreción sobre este lugar:  un político uruguayo, Benito Nardone, conocido popularmente como Chicotazo, tenía raíces familiares en esta localidad. Su padre emigró de allí a Uruguay, y Benito Nardone realizó en el apogeo de su popularidad y carrera política una visita a Gaeta, regresando a  las raíces de su familia, donde inauguró además un busto del prócer uruguayo José Gervasio Artigas. Nardone fue presidente del gobierno colegiado uruguayo a fines de los ´50.  Por primera vez en décadas, esta alianza con el  Partido Nacional despojó del poder al Partido Colorado.

Aparcamos el coche y nos propusimos recorrer un poco el pueblo y luego sentarnos a beber algo frío o un café en una terraza que permitía ver el nombrado golfo. Calles empinadas a lo largo de la falda del cerro muestran un lugar bien cuidado por su gente y los responsables políticos que conocen muy bien el valor histórico y turístico del lugar. En estas fechas y a la hora que visitamos Circeo todavía la afluencia de gente era escasa, principalmente si no es fin de semana. Aquí en Circeo tenía la residencia de verano la famosa actriz italiana Ana Magnani, que entre otras muchas, protagonizó películas inolvidables con distintos  directores como Roma, cittá aperta de Roberto Rosellini, (1945),  Bellisima de Lucchino Visconti (1952), Mamma Roma, de Pier Paolo Pasolini (1962) y la Roma de Federico Fellini (1972). Era tan popular entre los italianos que cuando falleció a los 65 años de edad, la concentración de gente para despedirla fue multitudinaria.
 El director preferido de la Magnani era Roberto Rosellini, quien fue el amor de su vida y con quien tuvo un hijo, según versiones de amigos de la estrella. Rosellini se separó de ella y se casaria posteriormente con la actriz sueca Ingrid Bergman.

De regreso a Nettuno por la noche nos reunimos los amigos y los chicos que junto a un par de amigas completaban un numeroso grupo. Tuvimos que esperar un rato para poder sentarnos en las mesas de la plaza como habíamos acordado. Como es costumbre, la  gente se reunía en familia para comer en los diversos restaurantes del lugar. Al fin pudimos conseguir las dos mesas que necesitábamos y pedimos pizzas, cerveza y  refrescos. En Suecia la pizza siempre está acompañada de una ensalada de repollo cortado finamente, albahaca seca y bañado con aceite y vinagre. No sé de donde proviene esta costumbre, pero en Italia todavía no la he visto. Pasamos un rato agradable comentando los sucesos del día y mi mala fortuna de encontrar sitios cerrados sin previo aviso. Se habló de un maleficio y la necesidad de encontrar un antídoto, pero no pude vislumbrar nada que me quitara la mala racha que estaba viviendo en momentos  puntuales de mi viaje. 

Es la posición de los planetas- dijo alguien del grupo. 
No, es solo la luna creciente que influye en las mareas y reparte mala suerte -afirmó otra. 
¿Una maga a quien has ofendido? se atrevió a opinar una tercera.



Las mujeres tienen esas intuiciones así que no me atreví a contradecirlas. Admitir que uno es un marmota es humillante, así que me quedé con aire pensativo dejando en manos de los planetas y las estrellas mi destino. Fue un error, porque más temprano que tarde la mano invisible que mueve el campo magnético de mi brújula en el cerebro se descompensaría. 
Nos despedimos efusivamente, prometiendo  regresos y visitas de algunos de mis amigos a Suecia. Ninguno de ellos hasta el presente había viajado a Escandinavia, tal vez por el temor que el mal tiempo les arruine la estadía, lo cual a veces puede ser un incordio. Una vez más estoy profundamente agradecido por la generosidad y hospitalidad de mis amigos y amigas de Nettuno, chicos y grandes, que con simpatía e interés estaban siempre abiertos a conversar sobre diversos temas, recuerdos que compartimos. Ellos fueron los que cuidaron de mi hermano Gustavo cuando enfermó y lo acompañaron en momentos muy difíciles. Espero que realmente un día me llamen para avisarme que tienen los pasajes para Estocolmo. Nada me agradaría más que recibirlos en mi casa de Västerås y hacerles conocer la belleza de la capital sueca, su archipiélago y otros lugares dignos de visitar. 

(Continuará)