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miércoles, 30 de agosto de 2017

Recorriendo Italia (4) - LAs playas de Cefalú



Domingo 2 de Julio

Ha llegado la hora de dejar Palermo y viajar a Cefalú, allí me encontraré con mi hija Paula, su esposo Markus y mis nietos Sandro y León. Después de desayunar empaco la ropa y los utensilios del baño, los zapatos y chancletas, hago un poco de tiempo en la habitación para bajar y pagar la cuenta. Luego me voy a la parada del bus 101 que está apenas cien metros del hotel. Había jugado con la idea de irme caminando hasta la estación, ya había hecho ese trayecto, pero ahora tenía que arrastrar la valija y cargar la mochila a mis espaldas. Y el calor cerca del mediodía seguía siendo implacable. ”El cielo está cargado de azufre”, me decía irónicamente un amigo en España cuando la temperatura pasaba los 35°C y haciendo referencia al innombrable de los cuernos y la cola.

El billete del tren lo tenía conmigo. Ya lo había comprado en mi visita anterior a la estación, así que me fui a averiguar desde qué andén partía el tren. El cartel electrónico marcaba binario 5. Caminé lentamente hasta allí, todavía faltaba casi media hora para la partida. La mayoría de los asientos del andén estaban ocupados, solo había lugar entre dos muchachos africanos. Me senté al lado del más joven quien estaba ocupado con su computadora portátil esperando también la llegada del tren. En el banco pegado a nuestras espaldas, mirando hacia el andén 5, estaba sentada un pareja de chicos jóvenes. 

Diez minutos antes de la partida llega un tren al andén 4. Con el chico empezamos a intercambiar miradas interrogantes, sospechando que podía haber ocurrido un cambio de andén que no había sido avisado por los altoparlantes. ”Vas a Cefalú?” le pregunté. ”No, viajo a Messina” - respondió. Pero los dos viajaríamos en el mismo tren que a mí me dejaría a mitad de camino en el balneario de la costa norteña de la isla.
El cartel electrónico estaba muy lejos para distinguirlo y poder leerlo. Noté su nerviosismo y no pudo esperar más, se levantó y se dirigió hacia el comienzo del andén donde estaba el cartel. Hasta ese momento la gente ya había descendido del tren en el andén 4 y subían los nuevos pasajeros. Faltaban 7 minutos para la hora de partida. Yo también comencé a inquietarme porque el tren podía estar atrasado, nada raro en Italia, pero como era la estación terminal era menos probable. Entonces veo al chico, al que no había dejado de observar, que me hacía señas con los brazos y me señalaba el tren del andén 4 como el correcto donde esperaba nuestro tren. Faltaban 5 minutos, así que levanto mi equipage y me dispongo a caminar hacia allí cuando veo que la pareja  están despreocupados mirando un mapa. Les pregunto si viajan a Messina y me dicen que a Cefalú. Les cuento que el tren nos espera en el binario 4 y no en el 5 como era de esperar. Así que los tres emprendemos una rápida caminata, casi una carrera para llegar antes de que partiera. El andén era largo y después había que caminar otros trecho por el andén 4 para llegar al último vagón. Subí al tren agitado por el esfuerzo, y me ubiqué en un asiento para cuatro personas después de acomodar la valija y la mochila en el portaequipajes encima del asiento. Estaba solo y me senté todavía con la respiración agitada. Faltaban dos minutos para la partida. En eso veo que una chica muy joven se sientre frente amí y suben también muy agitados los miembros de una familia francesa que ocupan los asientos restantes. Unos segundos después parte el tren. Nos salvamos por un pelo. Buongiorno Italia.


Después de unos cincuenta minutos de viaje llegamos a Cefalú. Son muchos los pasajeros que descienden del tren y cuando llegamos a la calle no hay rastros de taxis. Solo los coches de la gente que esperan amigos o familiares. El resto veo que emprende la caminata hacia algún lugar incierto. Pregunto entonces donde estaba el lungomare para orientarme, ya que el hotel quedaba vecino a la costa. Me indicaron el camino y llegué después de una corta caminata hasta la zona de las playas. A lo lejos, sobre una colina se distinguía el hotel Santa Lucía. Evalué la idea de ir caminando inmediatamente o sentarme en un bar a tomarme una cerveza helada y averiguar sobre la forma de conseguir un taxi. Hago esto último y el mozo me trae una birra Moretti bien helada. Le pregunto cómo se hace en Cefalú para conseguir un taxi. No se preocupe, me dice, saca un papel y una lapicera y escribe un número. ”Llame cuando quiera, es el taxi de mi padre” dice el chico sonriente. Los problemas en Italia surgen a menudo y las soluciones están a mano también inesperadamente.

Hay una brisa fresca que sopla del mar. Todavía estoy pensando en el paseo por la rambla que llega hasta el hotel. Es un poco más de un kilómetro, según el mapa, pero todo el camino es plano y está bien pavimentado. Y me decido por otra caminata más desafiando la ley de gravedad que determina mi peso, el de mi equipaje y al sol que castiga de arriba, del que me cubro con el sombrero de papiro que me regalaron Paula y Markus. En el paseo hacia el hotel me cruzo con mucha gente que deja la playa para irse a almorzar a los hoteles que quedan en las cercanías, algunos al otro lado de la calle. Me habían hablado de una larga escalera que llevaba al hotel al final del camino. Cuando llego a ella, ya bastante cansado, veo que es más larga y empinada de lo que me había imaginado. Espero que terminen de descender tres personas y abrazando la valija para que resulte más fácil el ascenso, emprendo la ”trepada” ya empapado en sudor por la distancia recorrida. A medida que subía sentía como las piernas subían de peso, la maldita fuerza de gravedad que tanto temía parecía haber aumentado el tironeo hacia el centro de la tierra. Por suerte pude llegar al primer descanso de la escalera y pude recuperar fuerzas y la respiración. El último trecho no era tan largo así que con un nuevo impulso llegué a la cima. Desde allí había una vista magnífica de la bahía y de la costa. Identifiqué una iglesia que parecía abandonada en lo alto de las rocas que arañaban el mar calmo a esa hora del día. Descansé un par de minutos y emprendí el camino que todavía era empinado pero podía arrastrar la valija apoyada en sus dos ruedas. 

Pasé por un corto túnel construido debajo de la vía del tren  y llegué al límite de los terrenos del hotel. No había ningún cartel con una flecha que apuntara hacia donde estaba la recepción. Reconocen el estilo? Así que tenía que elegir entre dirigirme a la izquierda o la derecha. Hacia este lado escuchaba las voces de los bañistas que disfrutaban de la piscina. HAcia el otro lado no podía distinguir nada que me ayudara. Así que emprendí la última cuesta, corta pero empinada, que me dejaba a la altura de la piscina. Pasé entre las reposeras de la gente que me miraba un poco extrañada, y llegué hasta un bar junto a la piscina. Allí pregunté por la recepción y me indicaron que tenía que regresar, pero podía hacerlo por el interior del hotel que era más cómodo. Seguramente el  barman vio la cara de zombie que tenía después del esfuerzo y me facilitó la tarea. 
En la recepción me pidieron el pasaporte y me asignaron la habitación 411. Me alcanzaron la tarjeta, agradecí y subí en el ascensor hasta el cuarto piso. Dejé mi equipaje, me duché y me acosté para dormir una siesta a pesar que el hambre ya me estaba enviando señales desde la inquieta panza. Me desperté muy tarde, así que fui hasta la cafetería del hotel, me compré un agua mineral y un panini de jamón con tomate y lechuga, y me fui al balcón de la habitación a comerlo. Desde allí podía ver como el mar se tragaba al sol con un imaginario chisporroteo, detrás del peñón que protege a Cefalú de las desgracias provocadas por la naturaleza o por los propios seres humanos, según una creencia de los habitantes del lugar. Sería una historia para turistas o una verdad válida para sus habitantes?


Lunes 3 de Julio

Me desperté muy temprano para mi gusto. Era un rato antes de las 07.00 AM y el sol renacía entre las aguas del Mediterráneo, iluminando la costa siciliana que empezaba a cobrar vida. Bajé hasta el amplio comedor del hotel a desayunar. Ya había unos cuantos turistas como yo con ganas de empezar el día temprano. El desayuno era bueno, aunque  lo más molesto era que a veces se formaban largas filas ante las máquinas de café y las de jugos de naranja o manzana. Para comer había no solo las típicas cosas dulces que adoran comer los italianos, cruasanes y bizcochos, tartas y  bizcochuelos, sino jamones, quesos, aceitunas, tomates, fruta, yoghurt, huevos revueltos, y mucho más. 
Al turismo masivo comida a granel. 

Paula y Markus se alojaban cerca de mi hotel. Ibamos a encontrarnos en la playa, así les llamé por teléfono para combinar. Pero Paula me responde que están tratando de resolver un problema: la habitación del hotel es muy pequeña para los cuatro. Los chicos no tienen espacio para jugar, el balcón también es muy pequeño, así que el precio que habían pagado por el alojamiento estaba muy distanciado de la comodidad que les habían ofrecido. Fui caminando hasta el Tourist hotel de los chicos, por el mismo camino que había hecho para ir al mío. Esta vez bajar la escalera no era ningún suplicio. Cuando llegué estaban desayunando, y todavía sin resolver el tema de la habitación. Los gurises inquietos y nerviosos por el cambio de ambiente, eran un factor más de preocupación. Al final, después de muchas idas y venidas les ofrecieron un apartamento en el propio Cefalú que aceptaron con alivio. Tenía dos habitaciones, cocina, comedor y un baño, pero además una amplia terraza, desde donde se apreciaba una parte de la bahía y unas puestas de sol impecables.  


Martes 4 de Julio

Cargamos las valijas, bolsos y los  cochecitos de los niños en un taxi que nos llevó hasta el borgo. Ingresamos en la calle principal convertida en peatonal y muy restringida al tráfico de vehículos, salvo para los residntes y servicio de taxis. El apartamento estaba ubicado a menos de cien metros de esta calle, pero en una cuesta, con un callejón que mantiene su empedrado original, es decir desparejo para empujar coches de bebé o las valijas.  Así que tuvimos que esforzarnos una vez más subiendo todo el equipaje por una superficie bastante despareja. Fue sobre todo Markus quien se llevó la peor parte del trabajo. Ser joven y en buena forma física tiene a veces sus desventajas. Después de organizar y acomodar un poco sus cosas Paula y Markus no querían perderse las horas que quedaban para ir a la playa y relajarnos con el vaivén de las olas. Así que disfrutamos de un rato del mar.  A la tardecita nos fuimos a comer pizza en un restaurante  ubicado en la plaza Garibaldi (es como en Uruguay, muchos lugares adoptan el nombre de Artigas) donde comienza la peatonal. Llegó el momento de disfrutar del descanso en una de esas noches donde la brisa del mar refresca el aire que se respira y la pizza parece estar más rica que nunca. Sino pregunten a Sandro y León. Finalizada la cena nos fuimos después de un rato cada uno a su lugar de alojamiento. A mí me quedaba por recorrer ese 1,2 kilómetro de  distancia, pero la noche se prestaba para la caminata y la escalera sin equipaje no fue tan pesada subirla. Sin embargo no fue fácil dormir, el hotel organiza cada noche una velada de música y baile para los huéspedes hasta la medianoche con un volumen bastante alto. Me enteré demasiado tarde de esta rutina, así que mejor resignarse y dormir al compás de la música caribeña de todos los estilos.


Miércoles 5 de Julio

Los chicos tenían derecho a pesar que se habían mudado a dos reposeras y una sombrilla en la playa frente al Hotel Tourist donde se habían alojado primero. Allí nos ubicamos y los gurises corrieron enseguida a jugar a la orilla del mar, haciendo pozos en la arena y llenándolos de agua, mojándose los pies, lanzando guijarros al agua, corriendo, y de alguna forma probándose en el nuevo y desconocido ambiente de la playa. 

Un detalle es la precaución que Paula y Markus tuvieron en ponerles unos bañadores adaptados a los niños para protegerlos del sol. En vez de las cremas antisolares esos trajes tienen un índice 50 de protección a su piel,  que obviamente es mucho más sensible que la de los chicos más morenos y que están ya más curtidos a recibir el sol directamente en la piel. Lo que no quiere decir que no deban estar protegidos.
Se me ocurrió la idea de ofrecerles a los chicos mi servicio de cocinero, sería más barato para todos que yo cocinara a nuestro regreso de la playa mientras ellos atendían a Sandro y León. Hay miles de detalles de higiene que cuidar después de regresar de la playa, así que aceptaron inmediatamente la idea. Económicamente era un ahorro importante, ya que cada almuerzo podía costar entre 15€ y 20€ por adulto en un restaurante. Así que ellos compraron lo necesario para que yo pudiera cocinar y nos fuimos al apartamento cargados de vituallas para almuerzo y desayuno de los próximos días. 
Además podíamos disfrutar de la terraza que a esa hora del atardecer era muy placentera para reunir en un solo golpe  el almuerzo con la cena. A la tarde hicimos el viaje a la bodega Santa Anastasía. Recorrer la bodega y probar vinos era parte de la excursión, algo que hicimos disfrutando de un par de vinos buenos y otros no tan buenos. De todas formas no vi a nadie que escupiera el buche de vino que se probaba, sino que pasaba directo al estómago sin oportunidad de regreso, salvo por otra vía. Probamos dos vinos tinto, un rosado y un blanco, casi todos de uvas siciliana salvo uno que tenía una mezcla de Cabernet Sauvignon. Compramos un par de botellas y un box de tres litros de vino blanco y regresamos al bus que nos  llevaría a otro lugar a visitar, el pueblo de Castelbuono, famoso por haberse filmado allí algunas escenas de la película Cinema Paradiso.

En uno de los costados de la plaza habían ubicado un puesto donde un grupo de voluntarios del pueblo nos ofrecían probar el pan dulce, especialidad de la gente de ese lugar, un limoncello y dos o tres productos más. Frente al puesto había un grupo de ancianos sentados en sillas que cada uno arrastraba probablemente desde su casa en una sola y larga fila, paralela a la vereda de la plaza. Nos observaban entre curiosos y  malhumorados. Me acerqué al que estaba en uno de los extremos de la fila  y le pregunté si les molestaba estos grupos de turistas que irrumpían en el pueblo. El hombre grueso y pesado de cuerpo, todavía con la fuerza y aspecto del campesino, se le notaba en las manos de gruesos dedos, me miró medio sonriente y respondió: ”Qué va! Solo nos molestan porque nos sacaron de donde estábamos sentados para darle lugar a ese puesto. Ese es nuestro lugar!” protestó. Luego nos fuimos a tomar un café a un boliche donde creíamos se habían filmado algunas escenas de la  película mencionada. Pero no era así como nos lo había vendido la guía del bus. 


Las escenas de la plaza donde está ubicado el Cinema Paradiso pertenecen a un pueblito aún más pequeño que Castelbuono, se llama Palazzo Adriano. Cuando comparaba mis fotos de la plaza de Castelbuono con la de la película, había detalles que no coincidían, sobre todo la fuente. La escuela, que en realidad es una iglesia y la Iglesia de la película, son los dos edificios que pude identificar.
En fin, es un detalle en esta historia sobre una gran película que nos emociona a todos los que por una razón u otra abandonamos el lugar donde nacimos, y que solo los italianos, esto es personal,  con su carga cultural saben recrear. Youtube tiene una nueva versión de la película con subtítulos en español, es incluso más larga que la versión para el cine, dura 2 horas. Se recomienda fervientemente si gustan de este tipo de largometraje. Este es el sitio web donde la encontré en Google: 
https://www.youtube.com/watch?v=12exqRHWSyg
Y si gustan de la música de Ennio y Andrea Morricone, aquí está  la obra completa Tema de Amor, que es el tema principal de la película:
https://www.youtube.com/watch?v=-6sNES3K14M

Jueves 6 de Julio

Desayuné temprano decidido a ir a la playa antes que los chicos llegaran para disfrutar del mar unas horas más. El Hotel Santa Lucía tiene también una zona con reposeras y sombrillas, así que veo una que está libre y la coloco a la sombra del parasol. Una mujer mayor está acomodada en la otra pero un poco retirada tomando sol. Al poco rato percibo que la mujer se muda a la sombra, pero a otra reposera que está al costado de un hombre también mayor. Entonces me doy cuenta que muchas parejas hacen eso, en vez de dos ocupan tres o cuatro reposeras, unas al sol y otras a la sombra.  Van más temprano que los demás, extienden una toalla sobre la reposera y simulan que está ocupada cuando llegan los demás. Casualmente eran personas llegadas de Serbia y Ucrania, que en este lugar practicaban esta forma de aprovechar un servicio y comodidad que dejaba a otros sin poder hacerlo. El respeto y la generosidad es una ”mercancía” cada vez más escasa entre la gente en ciertos ambientes, lo que habla mucho de la condición humana,es decir lo que es mío es mío, y lo que debería ser tuyo también es mío.

Un rato después llegaron los chicos con los gurises a la playa del hotel Tourist y fui a su encuentro. Leon y Sandro están más adaptados al nuevo ambiente, menos inquietos y más concentrados en sus juegos. A Leon le encanta tirar piedras al mar y ver como impactan levantando una fuente de agua. No nos faltan municiones porque en una parte hay mucha cantidad de cantos rodados. Después nos vamos a bañar, MArkus con Sandro en brazos, Leon se queda con Paula en la orilla. El agua está casi tibia, una maravilla poder nadar en esta agua salada. Disfrutamos mucho ese rato de playa y a eso de las cuatro regresamos al apartamento. Esta vez preparo un arroz con mariscos. Lo acompañamos con un vino blanco siciliano elaborado con la uva Grillo que se adapta muy bien al sabor de los mariscos. Hablando de uvas, el vino más común en Sicilia es el tinto que se elabora con la cepa Nero d´Avola. Avola es una región de Sicilia en la parte sur de la isla. Otras uvas conocidas de allí son Grecanico, Catarrato, Carricante y otras variantes.


Viernes 7 de Julio

Desayuné temprano y me puse a escribir sobre los últimos días y acontecimientos en el país. Y a escuchar algo sobre la realidad política de Italia. Los debates reproducidos en los medios me llamaban la atención ya que el panorama siempre estaba cargado de amenazas de renuncias, alianzas impensadas o muy posibles, aunque todo muy superficial a través de los noticiarios de la TV. Este medio es lo más consumido por la población, que se entera de poco o nada,  ya que los contextos de las noticias brillan por su ausencia. Como en muchos otros países la gente está escéptica sobre lo que hacen los gobiernos. Muchos sicilianos además se sienten que forman parte obligada de Italia. Una tradición en el  pensamiento de los isleños que siempre tuvieron una cierta independencia del estado italiano, sino políticamente, al menos mentalmente. 
Las noticias policiales, catástrofes, inmigrantes, guerra de Siria, es lo que domina en los medios. Poca gente lee periódicos, como en España, sino que mira la TV o escucha la radio. En Suecia está sucediendo algo parecido pero menos dramático, y con una diferencia, la TV y la Radio públicas suecas son mucho más imparciales que en estos países del Mediterráneo. A diferencia de Italia en Suecia siempre están los argumentos y las dos opiniones sobre el tema de debate. Algo que debería ser en todos los medios de prensa que se precien de serlo, sino solo son propaganda para el bando político que lo financia, sea el estado o un privado.

Me encuentro con los chicos que ya han llegado a la playa. Sandro y León han comprendido definitivamente lo divertido que es jugar en la playa, disfrutar del mar, las olas que golpean y arrastran, la arena donde se construyen castillos, o se corre haciendo zig-zag entre los bañistas. Después de pasado el mediodía nos sentamos en el servicio de bar y restaurante de la playa a tomar una cerveza y los chicos los helados preferidos. Luego partimos hacia el apartamento donde se alojan los chicos  y preparé el menú del mediodía, que no era más que tagliatelle con una salsa clásica, aceite de oliva, tomate, cebolla, ajo, romero y albahaca. También hice unos pimientos verdes fritos en aceite de oliva, les llaman padrones. No los he visto en Uruguay y a Suecia llegan importados de España. Son deliciosos. 

De sobremesa probamos el limoncello que los chicos compraron en la bodega. Bien frío estaba delicioso. A la noche, después que Sandro y Leon se durmieron, algo que costó bastante, Paula y Markus se fueron a pasear por el pueblo y a disfrutar de un rato juntos, algo que no hacen muy seguido con los gurises tan pequeños, y yo me quedé cuidándolos por si se despertaban. Por suerte no hubo ningún percance, pues estaban tan cansados que durmieron como troncos toda la noche. Llamamos un taxi cuando los chicos regresaron, y me marché al hotel pasadas las 12 de la noche. Mañana será el último día en Cefalú.

Sábado 8 de Julio

Este sábado no fue muy diferente a los días pasados. Fuimos a la playa y al atardecer paseamos por Cefalú, algo que no habíamos hecho juntos porque yo estaba bastante cansado al llegar el atardecer y ellos con los chicos estaban también muy ocupados. La terraza nos atrapaba los atardeceres con una botella de vino blanco frío, y era difícil de escapar de ese abrazo. Cefalú mantiene todo su aspecto medieval y renacentista interrumpido a veces por algún que otro edificio más moderno, pero el casco antiguo con su catedral, también de estilo normando, es muy atractiva con sus estrechas calles de piedra, sus  comercios artesanales, sus plazas donde las palmeras tratan de refrescar el aire con sus anchas ramas. 

El comercio como en la mayoría de estos balnearios se ha apoderado de la calle principal. De eso vive mucha gente del pueblo, ya que otra actividad, aparte de los servicios públicos y poco más, no existe como fuentes de trabajo. La construcción de hoteles se realiza a las afueras de la ciudad, pero la capacidad limitada de las playas hace muy difícil atraer inversores en hotelería. No hay lugar donde los bañistas puedan disfrutar de la playa, salvo que rellenen de arena las que están ocupadas por las piedras, algo que el mar se encarga de arrastrar en el invierno. LA ciudad en sí es simpática, y tal vez las limitaciones del espacio físico de las playas haga más atractivo este lugar para el turista  que no quiere ahogarse en las multitudes que recorren las calles y los paseos marítimos de lugares como Benidorm, por ejemplo.   Esa noche me despedí de los chicos, hemos pasado juntos unos días espléndidos, conviviendo y divirtiéndonos con las ocurrencias de los niños, los paseos y las conversaciones de adultos que surgen cuando los peques te dejan espacio. 


Domingo 9 de julio

Ha llegado el fin de mi recorrido por Italia y regresar a Suecia con una escala previa en Roma.  Primero tenía que  viajar de Cefalú a Palermo en el tren de las 15.10. Una vez en Palermo viajar en el bus hasta el aeropuerto Falcone.Borsellino y tomar allí el avión de Alitalia a Roma a las 19.20. 
Tres semanas intensas en cuatro lugares diferentes en Italia han dejado una sensación de bienestar y de un deseado disfrute de conocer más a fondo la cultura de las diversas regiones del país.
Pero este viaje ha estado signado por sucesos, episodios que en parte agregan momentos dramáticos e indeseados. Ahora era el turno de un nuevo episodio causado esta vez por el tren italiano, o mejor dicho, por la ingenuidad de un turista desprevenido. 

Sin embargo, primero debo relatar mi encuentro con Giuseppe, un albañil que me encontré en una de las terrazas del hotel Santa Lucía este domingo de mi partida. Giuseppe estaba sentado conversando con un par de amigos, a la sombra en una terraza donde el calor no castigaba tanto. Como vi que era gente del pueblo les pregunté si en Cefalú había algún servicio de autobús urbano que pasara por el hotel y me llevara hasta la estación de trenes, ya que debía viajar a Palermo en el tren de las 15.10, según había leído en la página de internet de Trenitalia.

Giuseppe me respondió que ese servicio no existía en la ciudad pero que él podía llevarme hasta al estación. 
  • "A las 14.15 estoy de regreso. Ahora voy a comer el pranzo y luego regreso y te llevo"  - me dijo muy seguro de sí mismo. Los otros dos amigos ya se habían marchado. Como apenas nos conocíamos después de intercambiar algunas palabras, le dije que no se molestara, pero insistió tanto, y conociendo la mentalidad de los sicilianos, tuve que ceder al fin ante tanta amabilidad. Y a las 14.15 allí estaba Giuseppe como había prometido, con su macchina esperándome frente al hotel. Su entusiasmo por hablar con un extranjero me recordó algunas experiencias en España, donde también allí las   personas mayores, sobre todo si son mujeres,  empiezan a contar sobre sus vidas apenas te conocen. En Suecia tiene que pasar mucho tiempo para que esto suceda, salvo rarísimas exepciones. También me sorprendió que Giusseppe me contara cosas personales muy pronto, ya que entre los hombres esa espontaneidad es aún menos frecuente comparado con la espontaneidad de las mujeres. En fin, en todo caso solo escribo sobre lo más inmediato que me contó y menos dramático , el resto queda en la intimidad de nuestra conversación. Estaba muy amargado porque su patrón no le pagaba desde hacía tres meses, según me dijo. No era la primera vez que le ocurría, porque al parecer en Sicilia, los que trabajan en negro, corren a menudo ese riesgo si tropiezan con patrones inescrupulosos y explotadores. Tiene una hija de 21 años y un hijo de 30. Luego me preguntó si quería dar una vuelta por Cefalú, deseaba mostrarme el puerto y la zona donde había nacido cercana al embarcadero, así que como había tiempo allí nos fuimos. Después de ese recorrido enderezamos hacia la estación de trenes y me acompañó hasta el andén. Seguimos conversando y a la hora 15.10 estaba llegando un tren, extrañamente puntual, según las dudosas e irritantes rutinas del servicio  de trenes en Italia.

Nos despedimos con un abrazo, prometiendo seguir en contacto, intercambiamos números de teléfonos, y le pregunté a otro pasajero si era este el tren a Palermo, a lo que el hombre contestó moviendo la cabeza afirmativamente. No debí confiar en ese gesto, sobre todo porque en otras ocasiones cuando preguntaba por la parada de un bus, (pullman le dicen en Italia) o alguna calle,  me decían a la destra o a la sinistra, y era completamente al revés. Mala leche? Una forma indolente de ocultar la ignorancia? En fin, me comí más de una vez esos desplantes y la del tren fue fatal, porque no era Palermo el destino del tren, sino Messina, o sea iba en sentido contrario. Además debí de haber chequeado en la pantalla del cartel digital si realmente se trataba de mi tren a Palermo o no. Por aquello de la puntualidad, verdad?

Comencé a sospechar del error cuando el edificio del hotel Santa Lucia no aparecía a los pocos minutos de abandonar la estación. Desde mi balcón del hotel veía todos los días pasar a los trenes que hacían sonar su bocina cuando veloces transitaban por las vías ubicadas a pocos metros de las terrazas del hotel rumbo a Palermo. Entonces le pregunto a una chica sentada frente a mi si realmente el tren va a Palermo.
  • No señor, este tren va a Messina, respondió.
La respuesta cayó como una piedra en mi cabeza y me aplastó el sombrero de papiro que me habían regalado para mi cumpleaños Paula y Markus. Confundido a pesar que había sospechado la verdad desde la partida del tren, me senté a pensar cómo haría para regresar a Cefalú y luego llegar a tiempo al aeropuerto de Palermo.
En ese momento el tren comienza a aminorar la marcha, lo que indicaba que estábamos llegando a una estación. Así era, se trataba de Castelbuono, que habíamos visitado en una excursión juntos con Paula, Markus y los chicos. Manotee mi valija y mi mochila y después de cierta dificultad para abrir las puertas que son de un sistema mecánico y no eléctrico, pude bajarme del vagón y encontrarme con el guarda del tren.
  • Me he equivocado de tren. Debo ir a Palermo, paran aquí los trenes que van hacia allí? - le pregunté al hombre de cara rosada y bigote blanco.
  • Sí, en el andén de ahí enfrente -me respondió y se subió al tren que inmediatamente se puso en marcha.
No tenía idea por supuesto cuando vendría el próximo tren en aquélla dirección. Me paré a la sombra de un frondoso árbol, la temperatura a las 15.30 era de 35 ºC así que la sombra del árbol era un alivio. Pasó un rato y no llegaba ningún tren, no había cartel electrónico y la estación de este pueblo estaba más desierta que la de aquélla película americana Bad Day at Black Rock, con Spencer Tracy y Robert Ryan, entre otros. Impaciente me decido dejar la sombra del árbol y hago una incursión hasta lo que sospechaba era una lista de los horarios de los trenes, protegida por un escaparate de vidrio. Allí había exactamente horarios de llegada y salida, pero a Castelbuono no lo nombraban ni por casualidad. Pasados otros quince minutos suena una campanilla en la estación y desde un altavoz se advierte de la llegada de un tren. ”Para su seguridad retírese detrás de la linea amarilla” advierte la voz masculina. Y en la boca de un túnel que está a un kilometro de la estación veo esperanzado aparecer la locomotora del tren con la dirección que estaba esperando, seguro de que iba a Palermo. Así que me paré con el equipaje preparado para subirlo apenas parara la máquina, pero esta siguió de largo a toda velocidad con un bocinazo como saludo. 
Media hora después se repitió la misma escena y el tiempo se comprimía, eran las 16.00 y me convencí que estaría esperando eternamente que parara un tren allí. En eso llegó un coche y se bajaron dos jóvenes y les pregunté si sabían de algún tren que parara en la estación. Uno de ellos me dijo que él acostumbraba a viajar a las 17.00 pero como era domingo no sabía si realmente el tren pararía allí. ”Castelbuono es muy pequeño”, me dijo con una sonrisa resignada.

Ya no tenía otra alternativa que llamar a un taxi, y así lo hice. El taxista me respondió que estaría en la estación en 15 minutos así que lo esperé esperanzado de que todavía podía tener una chance de llegar al aeropuerto a tiempo. Le pregunté cuánto costaría el viaje a Cefalú, 25 € me respondió. ”Está bien”, dije con la frustración de que una vez más los tropezones de las partidas me estaban costando sumas extras que no estaban en los planes. El taxista me llevó hasta la estación pero en el camino me dijo que como era domingo no creía que había muchos servicios de trenes a Palermo. Y tenía razón, el próximo tren salía a las 18.00 así que nunca llegaría al aeropuerto en hora. ”Pero, tenemos un coche que puede llevarte por 50€ hasta el mismo aeropuerto.Hay tiempo para un viaje directo y llegas antes que cierren el mostrador”. Qué alternativa tenía? Resignado acepté porque me saldría de todas formas más barato que perder el pasaje de avión y pagar uno nuevo.

Andrea se llama el nuevo taxista que arribó a la estación después de una larga discusión con mi primer conductor que lo convenció para que me llevara al aeropuerto. Se bajó de su taxi, saludó y se dirigió a la cantina de la estación, pidió un expreso y después de tomárselo regresó al coche. ”Necesitaba un café para reanimarme” me dijo con una sonrisa. ”Y no te preocupes, a las 18.30 estamos en el aeropuerto”. Y cumplió con lo prometido, a esa hora llegamos para hacer el trámite de facturación en el mostrador. No había cola, el funcionario de Alitalia estaba solo, todos los que viajarían ya habían pasado por allí, así que me puse mi mochila en la balanza para registrarla y cuando me pide el pasaporte, me doy cuenta de la increíble pero espantosa realidad: me había dejado la cartera en el piso del asiento delantero del taxi. Otra vez! Otra vez el estrés de las tensiones me había convertido en una marmota, y la falta de costumbre de tener una cartera colgada en el hombro me había jugado una mala pasada nuevamente. 

Salgo corriendo para ver si el taxi no ha partido, pero ya lo había hecho. Que hago? Esta vez si el taxi había entrado en la autopista no podría regresar inmediatamente, y los minutos eran de oro. Regreso al mostrador y en el camino se me ocurre llamar al primer taxista y le explico lo que me ha pasado. ”No te preocupes, yo llamo a Andrea”, me responde. El funcionario del aeropuerto me pregunta a su vez por el pasaporte y le digo que todos los documentos están en el bolso. De todas formas pregunta por mi apellido, y confiado inicia el trámite de embarque mientras yo miro incrédulo hacia la entrada del aeropuerto para ver si el taxi arriba. No me aguanto más y salgo hacia la calle. Miro hacia la parte por donde entran los vehículos pero nada. Llegan más coches pero ninguno es el Fiat de Andrea. En ese instante miro hacia el otro lado y veo que Andrea con paso apresurado está llegando con la cartera al hombro. Se había detenido a 400 metros para atender la llamada de su colega y como no podía volver con su coche,  caminó de regreso el trecho para traerme la cartera. Se puede tener más suerte dentro del cuadro vivido por ser tan distraído? Difícilmente tendría esa fortuna otra vez. Le di un abrazo a Andrea por su buena voluntad y haberme salvado de otra "catástrofe". Pero la historia comenzó casi como empezó. Este viaje, ya no me cabían dudas,  estaba signado por la influencia de Circe,  la hechicera del Circeo, con la diferencia que Ulises quedó atrapado allí un año y yo pude subir al avión y escapar del encanto de la bella maga del Lacio. Aunque para estar al nivel de los horarios italianos, el avión partiría una hora más tarde de lo anunciado. Buongiorno Italia!… Y hasta la vista!





sábado, 19 de agosto de 2017

Recorriendo Italia. Palermo a la vista (3)



Hace algunas horas que varias ciudades europeas, Barcelona principalmente, se han visto conmocionadas por los ataques terroristas de los islamistas. Escribir sobre  viajes de turismo tal vez parezca inapropiado en estos tiempos que corren. Pero creo que es lo que quieren los terroristas, que nos olvidemos de nuestra vida como ciudadanos del mundo, y solo pensemos en la miseria, fanatismo religioso y maldad en la que ellos desean arrastrarnos y nos escondamos como conejos. Ya en este blog he escrito en varias ocasiones sobre estos atentados, el contexto y las consecuencias. Esta vez no lo voy a hacer, aunque no ignoro cómo los pichones de serpiente empiezan a romper el cascarón allí donde la serpiente madre los puso, y atacan coordinadamente. Es probable que pasemos por nuevas y trágicas experiencias. Nadie puede prevenir los ataques hechos con cuchillos o misiles de cuatro ruedas. Pero tampoco estamos libres de culpa. Occidente ha hecho mucho para que todo esto suceda. Creo personalmente, que todo esto es la recurrente historia de las civilizaciones y la barbarie.


Mi primer impulso cuando planeaba el viaje entre Nápoles y Palermo era hacerlo por tierra o mar. Pero cuando comprobé el tiempo que me llevaría recorrer la distancia arriba del tren frecciarossa, me arrepentí. 10-11 horas de viaje era demasiado aunque esos trenes sean cómodos. Ya había viajado en una ocasión entre Venecia y Florencia en uno de ellos y tienen un buen estándar. Pero ni el precio del billete con respecto al avión era mucho más barato y ni hablar de las horas ahorradas. El avión sólo me llevaría una hora. Lo mismo si elegía viajar en un ferry. Así que desayuné tranquilamente y me despedí de Ana y Carmen, que durante mi estadía habían sido muy simpáticas y serviciales en su trabajo de atención a los huéspedes. Carmen hablaba un poco de español y quería practicarlo mientras yo desayunaba. Me contó que lo aprendió viendo películas habladas en castellano y por la música y las canciones de moda. Ya conocía casi de memoria ”Despacito”.

Vista de Palermo desde la Piazza Ruggiero
Partí al aeropuerto Capodichino con bastante tiempo con el bus que hace la conexión desde la Estación Central de Nápoles. Fue una suerte que tomé esa decisión porque la autopista que une Nápoles con el aeropuerto estaba bastante atascada por el tráfico. Para muchos era la hora de comenzar a trabajar así que el bus avanzaba lentamente. 
El caos y el bullicio de la ciudad del Vesubio quedó finalmente atrás, una nueva ciudad por descubrir en la renombrada isla de Sicilia me esperaba. Palermo es su capital y es difícil escapar a los estereotipos que hemos recibido de la industria del cine, Hollywood sobre todo, con películas como El Padrino y las innumerables historias sobre la mafia siciliana. 

El mismo aeropuerto internacional Falcone-Borsellino lleva el nombre de los dos jueces asesinados por la mafia cuando investigaban los crímenes de la Cosa Nostra.  Descendí del avión después de un vuelo de apenas una hora. El aeropuerto es moderno y funcional. Después de recoger mi mochila en la terminal de equipajes me dirigí al mostrador del servicio de la compañia del bus que hace el traslado de los pasajeros a la ciudad. Pagué diez euros por el boleto y no tuve que esperar  mucho tiempo para que el bus partiera. La carretera que lleva a la ciudad es una costanera que rodea la cadena de montañas que separa el valle donde se escuentra el aeropuerto y el valle donde está la propia ciudad de Palermo. En uno de estos lugares fue donde pusieron la bomba que mató al juez Falcone. No sé si hay algún símbolo al costado de la carretera, no pude descubrirlo. Claro que a orillas de esta autopista está todo urbanizado por chalets y plantas empresariales que necesitan generalmente del servicio aéreo para sus negocios. 

Palermo vista desde Monreale. 
La primera impresión que tuve de la ciudad, apenas empezamos a circular por ella, es que es más moderna y mejor urbanizada que Nápoles. Tiene el aspecto de otras ciudades del Mediterráneo que he visitado, con sus partes modernas y sus viejos barrios, pero sin la decadencia y miseria que pude observar en Nápoles. En mis caminatas por sus calles pude ver el intenso tráfico por sus avenidas y la intensa actividad de sus habitantes en los mercados, plazas y parques. Le pregunté al conductor del bus donde me convenía bajarme para estar cerca del hotel Cristal Palace donde iba a alojarme. ”En el Politeama”, me respondió. 
Concierto nocturno frente al Teatro Politeama
No tenía ni idea en ese momento qué era el  Politeama, pero recurrí al satélite que dirige los millones de destinos que circulan por este planeta, y descubrí que apenas unos trescientos metros separaban mi hotel del Politeama emplazado en la plaza Ruggiero. Y además que el Politeama era uno de los dos teatros más emblemáticos de la ciudad. Al descender del bus y recoger mi equipaje escuché una conversación en español rioplatense.  Era una pareja a la que saludé y les pregunté de qué orilla del Río de la Plata venían.  ”Somos argentinos, pero hace ya muchos años que vivimos en Uruguay” me contestó el hombre. Los dos se habían mudado a Cabo Polonio e incluso habían adoptado la ciudadanía uruguaya. Qué cambios se han producido en esto últimos tiempos, pensé. En las décadas del 60 y 70 eran los uruguayos y uruguayas los que cruzaban el ”charco” para radicarse en Buenos Aires. Francisco era oriundo de Misiones y Diana de Buenos Aires, me dijeron. Eran muy simpáticos, noté que sobre todo Francisco tenía ganas de seguir charlando pero Diana estaba apurada por llegar a su hotel, así que nos despedimos y lamenté después no haberles pedido un número de teléfono o el nombre del hotel donde se iban a alojar para encontrarlos de nuevo y charlar sobre nuestras impresiones de la ciudad.

El hotel Cristal Palace donde iba a alojarme está ubicado sobre Vía Roma, muy transitada porque es una de las vías de salida de la ciudad hacia la costa y localidades vecinas. Ingresé al hotel, me registré y recibé la tarjeta de acceso con el número 709. Comparando esta habitación con la de Ana´s Home, esta era más pequeña y la cama más estrecha. Y Marilyn Monroe no me hacía compañía. El hotel se perfilaba en su anuncio con cuatro estrellas, pero la verdad que estaba más cerca de las tres que de las cuatro. Claro que tenía un mejor servicio de desayuno y también se servía cena para los que tenían pensión completa. Yo prefería siempre la media pensión en los hoteles y descubrir restaurantes a riesgo de salir medio desencantado como ocurrió en Nápoles. 
Algunas calles son transformadas en peatonales
los domingos

Hacían unos 33Cº de calor así que esperé hasta el atardecer  para abandonar el hotel. Quería hacer el reconocimiento de la zona en base al mapa que me había dado la chica al ingresar al hotel. Cerca había un borgo vecchio así que hacia allí me dirigí. Era una zona típica de un barrio vecino al puerto que había sobrevivido al empuje de la modernización, pero estaba mejor cuidado que los barrios similares de Nápoles. Había niños jugando al futbol en una plaza, madres sentadas en los bancos conversando con sus bebés en brazos, puestos de pescado, frutas y verduras todavía esperando clientes, y gente sentada alrededor de las mesas que los bares y pizzerías habían colocado en las veredas. Presentí que eran vecinos del lugar, nada de turistas o extraños, solo yo que deambulaba por la zona sin poder simular mi ”extranjería”, aunque mi aspecto no es muy sospechoso hasta que no abro la boca.

Martes 27 de Junio

A las 9.30 salí del hotel por la Via Roma en dirección de la Estación Central que queda a una distancia de poco más de un kilómetro. Pronto comnencé a darme cuenta de la gran cantidad de iglesias católicas que se han construido aquí en tiempos pasados, unas muy cerca de las otras en plazas y calles del centro de la ciudad. El oro y la plata son metales que han sido usados en algunas de ellas para la decoración. 
Fueron los normandos, los antiguos vikingos que habían arrebatado la costa  noreste de Francia, quienes prosiguieron siglos después su marcha hacia el sur de Europa, quienes construyeron estas iglesias y palacios donde el oro es un elemento importante en el decorado. Los modernos vikingos ya no dominaban los nuevos territorios solo a golpe de espada, sino que aprendieron a gobernar integrando a los distintos grupos étnicos y religiosos que habitaban en los nuevos territorios conquistados, en este caso Sicilia. 
Roger II, el rey normando convertido al cristianismo
Vista parcial de la Catedral de estilo normando
, se preocupó por mantener a los grupos étnicos y religiosos en equilibrio. Incluso en las iglesias construidas por los normandos se ve claramente los estilos 
bizantinos, árabes, griegos y romanos que aportan su arte en la arquitectura y decoración de las iglesias. 

Mucho más tarde serían otros los que contribuirían, ya no con el arte, sino con el dinero y su influencia nefasta a la sociedad siciliana: la Cosa Nostra. Para la mafia era necesario ganar a la iglesia a su favor por la influencia que ésta tenía entre la población de la isla. Y la iglesia  necesitaba de la mafia para tener poder económico. Una de las actividades fue el lavado de dinero de la Cosa Nostra en convivencia con el clero. Esto creaba una alianza que   beneficiaba a ambos, por un lado ingresos a la iglesia y por otro "el ingreso espiritual" que la mafia recibía en el ritual que le daba la "salvación" a los capos. 
Además le daba una imagen de personas piadosas a pesar de las crueldades que cometían para conseguir sus propósitos
Capilla de plata dentro de la Catedral

Era, y probablemente todavía es, la ”mafia devota”. Van los domingos a la iglesia, lavan sus pecados, casan a sus hijas e hijos, bautizan a sus nietos y entregan el diezmo. Salen como nuevos y son respetados por la comunidad en general - y en ese contexto religioso comparten la hostia y los bancos de la iglesia con los demás fieles.

 El primer presidente que trató de frenar el avance de la mafia fue Mussolini que persiguió a los mafiosos porque quería arrebartarles el poder económico y político que tenían localmente a pesar de no ser un partido político. La derrota del Duce años más tarde hizo renacer  a la mafia que en aquéllos años recibió ayuda de un gobierno aliado, el de EEUU. La inteligencia militar norteamericana y la CIA utilizaron a Lucky Luciano que estaba preso, él mismo originario de Sicilia, para ayudarlos durante la invasión a la isla en su lucha contra el Eje Alemania-Italia. Finalizada la guerra lo deportaron a Sicilia para que siguiera con sus negocios lejos de EEUU. En las décadas siguientes hubieron golpes aislados contra algunos capo di tutti capi, con políticos, hombres de negocios y mafiosos procesados. Los útimos Papas, pero sobre todo Francisco, han condenado los delitos cometidos por la mafia e intenta sanear las cuentas del Banco del Vaticano mezclado en el pasado en escándalos financieros. Pero el tejido mismo de la Cosa Nostra sigue vivito y coleando en Sicilia. Lo único que ha cambiado es su estrategia. Según me dijeron en Palermo muchos están mudando sus negocios a Alemania, donde está la ”verdadera pasta”. 

Salvatore, un constructor que me encontraría días después en Cefalú, me comentó, cuando le pregunté cómo era la actividad de la mafia alli, que ya no había mucha presencia de la organización criminal. ”Antes ofrecían trabajo a la gente, ahora se dedican a vender drogas  y tráfico de personas en otros lugares de Europa” - dijo, tal vez con cierta nostalgia de las épocas en que algún Capo le habría beneficiado con algún contrato. Porque Salvatore hizo una pequeña fortuna y ahora se mudaba a Bulgaria a proseguir con sus negocios e iniciar una nueva vida, según dijo. Estaba enamorado de una búlgara, confesó.

Yo no soy religioso y no tengo nada en contra de las personas que lo son, pero sí recelo de las instituciones religiosas que se enriquecen y además colaboran con los regímenes totalitarios. Hay que reconocer también, que muchos sacerdotes murieron o fueron encarcelados por seguir la prédica de Jesucristo y no la doctrina oficial de la iglesia. La jerarquía eclesiástica ha dejado muy claro con quienes ha preferido aliarse a lo largo de los siglos de su existencia.
Trabajadores del Metropolitano manifestando

En mi recorrido por las calles de Palermo me dejé llevar por el instinto hasta que desemboqué en una amplia plaza cuya superficie estaba ocupada en una buena parte por una fuente de mármol donde resaltaban esculturas de hombres y mujeres desnudas. No le presté mayor atención en un principio porque junto a uno de los edificios que rodean la plaza, estaba un grupo de trabajadores con banderas y pancartas, al parecer realizando una manifestación de reclamo sindical. 

Me detuve junto al grupo, un poco más de veinte personas, la mayoría con chalecos de colores que simbolizaban sus distintos oficios, y le pregunté a uno de ellos porqué protestaban. ”Hace tres meses que no nos pagan el sueldo” respondió. ”Somos trabajadores del Metropolitano”, dijo otro del grupo. Eran trabajadores del servicio Metropolitano que atiende la línea subterránea entre la Estación Central y el aeropuerto Falcone-Borsellino. Creo que estaban un poco sorprendidos de que alguien les preguntara por la protesta. No  vi ni periodistas ni cámaras filmando alrededor de la plaza. La manifestación la estaban realizando afiliados al sindicato local y a la CGIL, (Confederación General Italiana del Trabajo) frente a la Alcaldía.  Los políticos locales habían firmado al parecer un contrato por obras en una trayecto del sistema de servicio metropolitano con una empresa que estaba en crisis y no pagaba los sueldos. 

Me preguntaron de donde venía, y les dije que vivía en Suecia pero era de origen uruguayo. Se entusiasmaron con este dato, y para mi asombro y me preguntaron por el Pepe Mujica. Les conté que ya no era presidente, sino senador, pero la popularidad internacional de Mujica había llegado hasta la isla. También estaban interesados en saber si había servicio de Metro en Montevideo. Les respondí que no había, y entonces riendo me  dijeron que estaban dispuestos a construir uno si los recibíamos en Uruguay. ”Le voy a avisar al presidente Vázquez de la oferta” retruqué y les deseé buena suerte con su reclamo.

Imagen parcial de la Fontana di Piazza Pretoria
Presté atención entonces a la plaza Pretoria y a la fuente que en ese momento estaba siendo objeto de mantenimiento general, pues había gente raspando y quitando del mármol la mugre acumulada en sus esculturas. Me llamó la atención la amplitud de la fuente y me enteré que había sido diseñada por Francisco Camilliani en 1554! De forma circular estaba adornada con esculturas del estilo greco-romano con hombres y mujeres desnudas como había observado. Al otro lado de la calle estaba la iglesia Santa Caterina. Hasta entonces no sabía el nombre de la plaza y le pregunté a una de las mujeres que trabaja allí cómo se llamaba. ”Questa é la piazza de la vergogna” me dijo riendo. Entonces me explicó que justamente la jerarquía eclesiástica había estado horrorizada porque frente a la iglesia estuviera emplazada la fuente con semejantes esculturas, por eso la Plaza Pretoria, era llamada la ”plaza de la vergüenza” por la élite eclesiástica.

Una de las esquinas de Quattro Canti
No es para menos, todos sabemos que la desnudez es algo que rechazan las religiones en general, tanto cristianas, como musulmana y judía. Ahí está una parte del origen del pecado original, es decir cuando Eva muerde la manzana y a Adán se le cae el velo y descubre la belleza del cuerpo de Eva, belleza a la  que él había sido indeferente hasta ese momento y el deseo se despierta. En todo caso la fuente ha sobrevivido a los embates de los clérigos. La calle que pasa por uno de los extremos de la plaza es la via Vittorio Emanuelle, así que me decidí a caminar por ella, ya que la habían convertido en peatonal a partir de Quattro Canti (Cuatro Esquinas), un cruce de calles emblemático con esculturas de reyes adosadas a las paredes de los edificios.

Caminé un par de cuadras por la peatonal que consta de pequeños comercios a lo largo del camino. En medio de la calle descubro de pronto un bulto,  que al acercarme descubrí que era un perro. Muerto y abandonado a su suerte? Los motociclos pasaban zumbando y nada, el cane seguía inmóvil.  Me acerqué y entonces movió la cola, se paró, bostezó y se desperezó, luego salió caminando tranquilamente hacia una calle transversal. Seguramente en medio del calor había encontrado un poco de aire fresco en el lugar y el tránsito limitado no lo molestaba. Mondo Cane! 

Teatro Massimo
Escenario del Teatro Massimo
Unas cuadras más adelante me encuentro con el Teatro Massimo, una maravilla de edificio de estilo neoclásico. La historia de este teatro está signada por los acontecimientos  históricos ocurridos después de 1860, cuando Giuseppe Garibaldi y un millar de soldados, los llamados  ”camisas rojas”, desalojaron a los borbones de la isla con la intención de unificar el reino de Italia. Así fue como se puso fin al ya nombradp Reino de las Dos Sicilias. Cuando los Borbones fueron derrotados las nuevas autoridades de Palermo decidieron construir el teatro Massimo y el Politeama. El primero es el más grande de Italia y el tercero en Europa para espectáculos de ópera, danza, y teatro; mientras que el segundo tenía y tiene un perfil más popular. La influencia de la masonería contribuyó a renovar el perfil de la ciudad que estaba inundada de iglesias y santos por todas partes, y darle a la cultura la oportunidad de tener dos escenarios que aún hoy tienen renombre internacional.
   
La guía nos contó una anécdota  interesante acerca del palco de los reyes de entonces. La foto del escenario que tomé es desde ese palco. Al rey no le agradaba el lugar así que lo cambiaron más cerca del escenario. Y el palco original se volvió muy atractivo para la gente que deseaba tener una ”vista de rey” desde allí. Y cualquiera que llegara primero a las butacas libres podía comprar los billetes sin ”necesidad de pertener a las clases privilegiadas”, no dijo con una sonrisa la guía.


Miércoles 28 de Junio

Hoy me decidí a viajar hasta el pueblo de Monreale donde está ubicada la famosa catedral. Podía hacerlo en un bus turístico cuyo costo era de 50€ !! o en uno del servicio urbano de transporte por 1,50€. No tenía como equivocarme, pensé en la  tremenda diferencia y es que el viaje en el turístico abarcaba otros lugares, y sólo hacía una breve parada en Monreale. Para llegar a la parada del bus 839 tenía que caminar hasta la plaza de la Independencia, que estaba a unos 2 kilómetros del hotel. Para seguir con el plan caminata urbana me fui hasta allí caminando. No era dificil encontrar el lugar, aunque la parada del bus no parecía tan fácil de encontrar. Le pregunté a unos veteranos que estaban sentados en un bar y me indicaron el otro extremo de la plaza. Fui hasta allí y como no había ninguna señal de tal parada le pregunté al dueño de una florería. El hombre me indicó un lugar a unos cien metros de allí. Efectivamente allí estaba la parada del 839. Luego me enteraría que la terminal y parada inicial de este bus estaba apenas a 50 metros de donde había preguntado por primera vez por la parada. Sintomático, verdad?


Iglesia de Monreale
Una señora llegó un rato después a la parada y por ella me enteré que el servicio no era muy frecuente, el bus pasaba cada una hora. Más de media hora esperamos los dos a la sombra de un paraíso que por suerte tenía un amplio follaje. Al subir al bus el conductor me dijo sino tenía el ticket que vendían en los kioscos. No lo había hecho, así que me miró con cara de pocos amigos. De todas formas puso en marcha el vehículo que venía con mucha gente sentada y parada, y manejando con la mano derecha empezó a rebuscar en algún lugar el cambio con la mano izquierda porque lamentablemente le había pagado con 5€. Hábilmente fue maniobrando el bus de todas formas entre el denso tráfico hasta que logró darme el cambio. Le pedí disculpas por la ignorancia de no saber que había que comprar el ticket antes. Hizo un gesto con los hombros y tomó el volante con las dos manos y todos respiramos tranquilos. El camino se hace empinado después de salir de la ciudad, ya que Monreale está en una de las colinas que rodean Palermo. 
Decoración interior de la iglesia. Se aprecia la influencia
 árabe en las columnas y el oro en la decoración.

El bus se detuvo a unos 500 metros de la plaza principal  donde está ubicada la catedral, así que tuvimos que caminar cuesta arriba esa distancia con 35°C de calor. Lo primero que hice al llegar a la plaza fue sentarme en un bar a tomar una botella de agua ya que la que había llevado conmigo estaba vacía. Miré hacia la catedral y vi un grupo de gente vestida elegantemente en actitud de espera. No podía ser otra cosa que la celebración de una boda. Así que después de vaciar la botella de medio litro de agua me fui caminando hasta la entrada principal de la catedral para ver qué pasaba ante tanta  expectativa.

Me senté junto un hombre mayor en un banco de piedra adosado a la iglesia. El hombre miraba sonriente a los turistas que hacían cola para comprar el billete de entrada. No hay que olvidar que en una buena parte de los templos católicos es como entrar al cine. El hombre me preguntó si era italiano, le respondí como a los otros que me habían hecho la misma pregunta, y que estaba haciendo turismo en Sicilia. Cuando le dije que iba a comprar el ticket de entrada me dijo que no lo hiciera. ”Di que vienes solo  y  entras gratis”. Le agradecí a Lorenzo, así se llama el hombre, y eso dije en la portería y me dejaron pasar sin problemas.

La nave principal de la iglesia adornada para la boda.
La catedal de Monreale fue construida en 1172 por los normandos después de invadir la isla allá a principios del siglo XI, arrebatándole a los árabes el territorio que habían dominado durante 200 años. La arquitectura es muy distinta de la clásica o neoclásica que acostumbramos ver en las iglesias católicas.Tiene influencia biazantina y árabe. Como dato adicional el rey normando Guillermo I utilizó 2200 kg de oro como parte de la decoración, mosaicos que adornan las paredes y adornos que embellecen el techo. El reino normando reuniría así la Italia Meridional y la isla de Sicilia. Sin embargo en 1266 sería sustituido por el estado Pontificio y más tarde, en 1282, por el reino de Aragón de España. 

No había mucha gente admirando la dimensión de la nave principal, el decorado en oro y plata en el altar, en las paredesy en el techo. Todo estaba preparado para la boda con tules blancos y flores a lo largo del recorrido de la novia que entraría del brazo de su padre. Me senté en una silla a esperar, estaba fresco allí dentro  por la  dimensión de la catedral. Una pareja delante mío estaba cubierta extrañamente con una especie de traje blanco de un material liviano. Les pregunté porqué se cubrían así. Debajo tenían ropa de verano que apenas se traslucía. ”Nos obligaron a cubrirnos con estas telas. Tenemos encima ropas muy livianas por el calor. Mucha piel al aire libre y hay que cubrirla en la iglesia ” -dijo la chica.
Recordé entonces una visita a una iglesia ortodoxa en Kosovo, una provincia de la antigua Yugoslavia, a la que no nos dejaron entrar porque vestíamos pantalones cortos hasta la rodilla. Aquí eran más flexibles y tenían alternativa. En las mezquitas es igual. No hay que perderle  el respeto a Dios.
La novia acompañada por su padre

 Los novios llegaron al fin, se acomodaron frente al altar donde los esperaba el cura y comenzó la ceremonia. Estuve un corto momento observando la ceremonia y me retiré.
Vi que Lorenzo  todavía estaba sentado en el banco de piedra, así que me acerqué de nuevo a conversar con él. Me dijo que estaba muy preocupado por la inmigración que constantemente llegaba a Italia a través del Mediterráneo. Como una buena parte de los europeos piensa que los africanos, los árabes del norte como los negros del sur del Sahara, no estaban preparados para trabajar como los italianos cuando llegaron a las Américas. Lorenzo hablaba aparentemente sin rencor contra los inmigrantes, expresaba un razonamiento bastante frío sobre las consecuencias que tenía la llegada de tanta gente y la falta de un servicio de acogida más eficaz. Me preguntó como era en Suecia y le dije que la sociedad estaba mejor organizada que la italiana y la recepción de inmigrantes solía ser buena, aunque también había carencias. Sobre todo a partir de 2015 cuando llegaron al país 160 000 refugiados principalmente de Siria, Afghanistán y Somalia, entre otros. Tenían refugio por tres años y después se vería. Muchos refugiados eran menores de 18 años que llegaban solos de Afghanistán. En 2015 llegaron 23 500 menores de edad. Algunos eran devueltos al país de origen a pesar de las protestas por la inseguridad que vive el país asiático.
Le comenté también que la marina italiana y guardacostas habían salvado miles de vidas de los inmigrantes que partían en esas frágiles embarcaciones del norte de África, una labor heroica ante semejante drama humanitario ya que miles de personas habían perdido la vida en los repetidos naufragios.

Me despedí de Lorenzo y me fui a dar una vuelta por el pueblo de Monreale. Tiene un poco más de 35 000 habitantes. Aparte de la catedral, el pueblo tiene para ver el Monasterio Chiostro di Benedittini y la iglesia San Antonio de Padova; los antiguos edificios de apartamentos y algunos comercios, pero no hay mucho más para ver. Así que bajé los 500 metros hasta la parada del bus para regresar a Palermo, sin saber a ciencia cierta cuando pasaría el bus por allí. Habían construido en la vereda una caseta para los pasajeros que daba un poco de sombra, pero extrañamente la parada no estaba ubicada donde el bus se había detenido antes, sino a casi cien metros, en un lugar donde nunca podría detenerse por la sencilla razón que allí donde estaba ubicada la calle tenía una sola dirección y era a contramano. Me gasté las neuronas pensando qué idea tuvieron los que se decidieron a construirla allí, y no pude descifrar el misterio.

Había solo un banco para cuatro personas en la parada, así que la mayoría estábamos de pie bajo aquél techito con 36°C de calor. Los que esperaban al sol estaban peor, cocinándoe a fuego lento. Había pasado más de media hora y el bus no llegaba. En eso se detiene un auto junto a la parada y el conductor dice que puede llevar a cinco personas a 3€ por cabeza. Nadie decía nada, parecían indiferentes o no entendían, o seguramente tenían el ticket ya comprado. Al fin intervine preguntando si realmente no había más interesados en aprovechar la oferta, solo costaba 1,50€ más que el ticket del bus. Al fin una pareja mayor  de italianos que estaban sentados dijeron que sí, y otra pareja de jovencitos franceses se sumaron. Así que dejamos aquél infierno y emprendimos el regreso junto al simpático siciliano que nos llevó hasta la plaza de la Independencia. Aunque estaba cansado regresé caminando al hotel, me duché y me dormí una siesta de dos horas. Buona sera, Italia!

Jueves 29 de Junio

Mi propósito esta mañana es realizar un reconocimiento de la Estación Central, comprar el billete de tren para Cefalú y de paso visitar el Jardín Botánico de la ciudad, que estaba a una distancia de quince minutos caminando. Elegí un horario de partida que me permitiera llegar al hotel a la hora de ingreso que generalmente es a las 14.00 horas. Luego, ya con eso cumplido, me dirigí al Jardín Botánico que queda en las cercanías del puerto. El mismo es un oasis verde en una ciudad que si bien no carece de árboles y plantas, podría ser aún más verde en medio del cemento y asfalto que predomina en extensas zonas.   
A la entrada del Jardín se destaca un edificio de estilo clásico que en realidad es un monumento a Linneo y a los antiguos griegos que se preocuparon por estudiar y clasificar el reino vegetal. El jardín en sí reúne ejemplares de árboles y plantas de diversos continentes como Australia, las Américas, Asia, África y Europa. Palmeras, robles, acacias, gingko-biloba, castaños, magnolias, fikus y miles de otros ejemplares reúnen en este espacio la inmensa variedad que la Naturaleza nos ofrece y que tal mal hemos estado cuidando los humanos.
Este jardín es frecuentado por parejas, viejos, jóvenes, mujeres y hombres que buscan un rato de paz y tranquilidad recorriendo los senderos, informándose sobre las especies destacadas en pequeños carteles que cuentan el origen y las familias a las que pertenecen las  plantas y árboles. Dejé la frescura del jardín y me sumergí de nuevo en el vaivén de las calles palermitanas, esta vez con una tarea muy práctica: buscar un lugar donde lavar mi ropa sucia. A través de internet pude encontrar una lavandería apenas a dos cuadras del hotel. Por 11€ me lavarán la ropa que en el servicio del hotel cuesta casi tres veces más por el kilo y medio de ropa a lavar. Luego me voy a almorzar a mi restaurante preferido, El Mirto y la  Rosa.  Pedí de
entrada el estofado de berenjenas donde se mezclan berenjenas, aceitunas, tomate, ajo, apio y alcaparras que aquí se denomina caponata y  un plato de tagliatelli a la siciliana completó mi almuerzo. Vino blanco Rapitalá para bajar la comida completó el menú. A la noche miré el partido de las sub21 entre Alemania y España y me dormí con el griterío y la música de los coches que circulaban por la avenida. Venían de un concierto en el Puerto que había reunido a unas 
30 000 personas, según me enteraría al otro día. Diecisiete artistas italianos muy populares habían participado. Debe haber sido tremendo espectáculo, y me lo perdí por no haberme informado mejor de lo que pasaba en la ciudad.

Viernes 30 de Junio

Las primeras horas de la mañana muestran que el calor implacable seguirá durante todo el día. No hay signos ni pronósticos que anuncien lluvia. Así que desayuno y regreso a mi habitación con la intención de ponerme al día con este relato. Hace años, muchos, que no escribo textos largos a mano. Solo esquelas, apuntes, pero muy cortos como la lista del supermercado. Y no es broma. Creía al principio que iba a ser algo pesado, pero la verdad que resultó menos  laborioso de lo que había pensado. La letra a veces no es muy legible, debo reconocerlo, así que al momento de escribir en la computadora tengo que hacer en algunas ocasiones una interpretación libre de lo que escribí a mano. En la escuela las maestras/os nos pedían ”más esmero” cuando escribíamos desprolijo, o las palabras descarrilaban de las rayas que debían mantener en línea el texto del dictado.

A pesar del calor salí a caminar un par de horas por el puerto de Palermo, pero  desgraciadamente es un coto cerrado y no encontré la forma de entrar en alguna parte que fuera abierto para el público en general. Las medidas de seguridad son muy severas y si no tenía un  motivo concreto para entrar  allí estaba vietato il ingresso.  Así que regresé a la hora del almuerzo al Mirto y la Rosa, comí lo mismo que ayer y me fui al hotel a seguir escribiendo.


A las cinco de la tarde me fui hasta el teatro Politeama (del griego: muchos mirar) para participar de una visita guiada. Eramos siete los visitantes y el guía era un tipo simpático y con una buena carga de humor. Nos llevó por los distintos rincones del teatro nombrando al arquitecto que lo diseñó, Giuseppe Damiani Almeyda (pariente del presidente de Peñarol, un equipo de fútbol de Uruguay?).
Teatro Politeama
Los diversos artistas que participaron en la decoración del teatro, como la cuadriga de bronce: Los caballos de Apolo que adorna el techo a la entrada del teatro, obra de Mario Rutelli y Bendetto Civiletti. Como ya lo mencioné anteriormente con respecto al teatro Massimo, el Politeama fue obra de la influencia masona luego que Garibaldi expulsara a los borbones de la ciudad. La finalidad era construir un teatro con un claro perfil popular, de ahí el nombre con que se lo adoptó. Desgraciadamente lo que pude apreciar también es un cierto deterioro de la decoración del teatro, sobre todo los murales y pinturas que por la humedad están desapareciendo de las paredes. ”Cuesta demasiado repararlas” fue la respuesta que recibí cuando pregunté al guía como era posible que no se hicieran obras de mantenimiento. En el año 2000 se hizo una reparación parcial de aquéllas obras cuando el G8 se reunió en la ciudad, pero posteriormente el resto ha quedado igual. El teatro está emplazado en la Piazza Ruggiero que tiene una intensa vida social donde se reúnen las familias con los hijos que corretean por la amplia superficie, las parejas de enamorados que buscan rincones más tranquilos, grupos de amigos que parlotean e innumerables peatones que pasan por allí. Es un punto de encuentro, una plaza popular con la misma finalidad que el teatro, reunir gente diversa. Garibaldi tenía razón, este teatro y esta plaza era para todos, y no se equivocó.

Sábado 1 de Julio 

La noche del viernes fue también muy movida. Después de la medianoche comenzó la algarabía y bochinche de la gente en las calles que venía o iba a las fiestas que esa noche estaban en curso. Desayuné con mucha gente a mi alrededor a diferencia de otros días. Era gente que había ingresado al hotel el día anterior o se marchaba del hotel, entre ellos españoles y algún que otro rioplatense.  Caminé un rato sin mucho rumbo por la zona del mercado Vucciria, uno de los más visitados por los turistas. Allí se encuentra de todo, como la feria de Tristán Narvaja en Montevideo, con la diferencia que hay restaurantes que sirven  en la calle menús típicos de Sicilia.  

Mercado Vucciria

Después de darme un paseo entre los puestos y no ver nada que me interesara comprar en ese momento en que estaba por viajar a Cefalú, me dirigí de regreso al hotel por una callejuela paralela a la via Roma. De pronto descubro que en otro callejón hay emplazados unos estantes llenos de libros que llegan a una plazoleta, la Piazza Santa Rosalia, donde también hay más estantes con libros usados. Entro en el callejón con marcada curiosidad donde me recibe y me  da la bienvenida un hombre alto, algo calvo pero donde relumbra todavía algo de su cabello rubio. Me da la bienvenida y me dice que se llama PIetro Tramonte. Respondo al saludo y como descubre mi acento castellano sonriendo me dice que a él le dicen Don Pedro. Y me habla en un español correcto contándome que es el dueño de esta ”biblioteca privada itinerante” como la denomina en la tarjeta que me ofrece. Inmediatamente me presenta a su mujer, Teresa, oriunda de Ecuador. Ambos me cuentan que viajan a menudo al país andino a visitar a la familia de Teresa. Don Pedro aprendió ha hablar el español alentado por su mujer y en la práctica dialogando con los ecuatorianos. Hace ya seis años que mantiene esta actividad comercial de venta de libros usados. Mucha gente le entrega los libros usados que ellos, con la ayuda de una chica, clasifican y ordenan en los estantes. Le pregunto si la alcaldía le da permiso para ocupar este lugar público, y sonriendo responde que mejor no preguntarles. Por ahora lo dejan tranquilo y los vecinos que aparcan sus coches allí, al principio estaban molestos, pero se han acostumbrado y ya no se quejan. Sonriende dice en francés: laissez-faire laissez-passer.
La librería itinerante de Don Pedro.

En ese instante llega alguien que parece ser amigo o conocido de la pareja. Salvatore se llama el hombre. Cuando se entera que soy uruguayo de nacimiento me cuenta que conoce a todos los países de Amérca del Sur y que visitó Montevideo. Y muy serio me dice que estuvo en el ”culo del mundo”, y si yo sabía donde quedaba.
Un poco confundido por la pregunta y el giro que había tomado la conversación ante la mirada escéptica de Don Pedro, atiné a responder que había visto ”muchos culos del mundo” en mis viajes. Probablemente no se esperaba esta respuesta pero atacó inmediatamente afirmando que el ”culo del mundo” estaba en Ushuaia, al sur de Argentina. ”Y porqué Ushuaia?” le pregunté
Teresa junto a Don Pedro
”Porque está al final del mundo, y su gran cagada es el Antártico”,  dijo largando una sonora carcajada. Antes que le respondiera saludó y se marchó todavía riendo por su ocurrencia.
Don Pedro mostró su mal humor con Salvatore diciendo que no podía liberarse de estos charlatanes porque eran clientes y de vez en cuando compraban libros. Lamentaba que  hubiera visitado el lugar justo cuando yo estaba allí.

Era cerca de mediodía y pensé ir a visitar el Palazzo dei normandi, pero  a pesar de la belleza de este edificio normando también de la época del rey  Guillermo II que había visto en fotos, permití que el cansancio decidiera frente al interés de conocer el lugar. Esta es otra muestra del arte y la artesanía de la época (siglo XII) con influencias árabes y bizantinas así como neoclásicas. El Foro Itálico fue otro lugar que me quedó en el tintero. En fin uno cree que cinco en días puede recorrer y conocer una buena cantidad de lugares, pero la realidad y la disciplina de no dejar que el estrés gane la batalla por abarcar más de lo que uno puede tiene como resultado renunciar a ciertas cosas. Ganó el cansancio, lo reconozco, y me  fui a buscar la ropa que había dejado en la lavandería el día anterior a la mañana. No hice nada en particular, las caminatas de los días anteriores habían hecho su desgaste y me dediqué a leer y escribir.


Domingo 2 de Julio

Ha llegado la hora de dejar Palermo y viajar a Cefelú, allí me encontraré con mi hija Paula, su esposo Markus y mis nietos Sandro y León. Después de desayunar empaco la ropa y los utensilios del baño, los zapatos y chancletas, hago un poco de tiempo en la habitación para bajar y pagar la cuenta. Luego me voy a la parada del bus 101 que queda apenas cien metros del hotel. Había jugado con la idea de irme caminando hasta la estación, ya había hecho ese trayecto, pero ahora tenía que arrastrar la valija y cargar la mochila a mis espaldas. Y el calor cerca del mediodía seguía siendo implacable. ”El cielo está cargado de azufre”, me decía irónicamente un amigo en España cuando la temperatura pasaba los 35°C. 
El billete del tren lo tenía conmigo. Ya lo había comprado en mi visita anterior a la estación, así que me fui a averiguar desde qué andén partía el tren. El cartel electrónico marcaba binario 5. Caminé lentamente hasta allí, todavía faltaba casi media hora para la partida. La mayoría de los asientos en el andén estaban ocupados, solo había lugar entre dos muchachos. Me senté al lado del chico más joven, que estaba ocupado con su computadora portátil, a esperar la llegada del tren. En el banco pegado a nuestras espaldas, mirando hacia el andén 5 estaba sentada un pareja joven. Diez minutos antes de la partida llega un tren al andén 4. Con el chico sentado a mi lado empezamos a intercambiar miradas interrogantes, sospechando que podía haber ocurrido un cambio de andén que no había sido avisado por los altoparlantes. ”Vas a Cefalú?” le pregunté. ”No, viajo a Messina” - respondió. Pero los dos viajaríamos en el mismo tren que a mí me dejaría a mitad de camino en el balneario de la costa norteña de la isla.

El cartel electrónico estaba muy lejos para distinguirlo y poder leerlo. Noté su nerviosismo y no pudo esperar más, se levantó y se dirigió hacia el comienzo del andén donde estaba el cartel. Hasta ese momento la gente ya había descendido del tren en el andén 4 y subían los nuevos pasajeros. Faltaban 7 minutos para la hora de partida. Yo también comencé a inquietarme porque el tren podía estar atrasado, nada raro en Italia, pero como era la estación terminal era menos probable. Entonces veo al chico, al que no había dejado de observar, que me hacía señas con los brazos y me señalaba el tren del andén 4 como el correcto. Faltaban 5 minutos, así que levanto mi equipage y me dispongo a caminar hacia allí cuando veo que la pareja joven está despreocupada mirando un mapa. Les pregunto si viajan a Messina y me dicen que a Cefalú. Les cuento que el tren nos espera en el binario 4 y no en el 5 como creíamos. Así que los tres emprendemos una rápida caminata, casi una carrera para llegar antes de que partiera. El andén era largo y después había que caminar otro trecho por el andén 4 para llegar al último vagón. Subí al tren agitado por el esfuerzo, y me ubiqué en un asiento para cuatro personas después de acomodar la valija y la mochila en el portaequipajes encima del asiento. Estaba solo y me senté aliviado por haber llegado a tiempo. Faltaban dos minutos para la partida. En eso veo que una chica muy joven se sienta frente amí y suben también muy agitados los miembros de una familia francesa que ocupan los asientos restantes. Unos segundos después parte el tren. Nos salvamos por un pelo. Buongiorno Italia.