La movida de Moscú ante estos ataques a través del espacio aéreo de los países antes mencionados, le dio la oportunidad al Kremlin para publicar una lista de las empresas ubicadas en los países de la UE como Alemania, Reino Unido, España, Dinamarca, Países Bajos, Lituania, Estonia, Letonia, República Checa, Finlandia, Polonia, Turquía e Israel fuera de la Unión.
El ministerio de Defensa ruso ha manifestado que esas empresas fabrican componentes para drones y misiles en esos países europeos mencionados a las que consideran como potenciales objetivos de persistir en los ataques dentro del territorio ruso contra instalaciones industriales, energéticos y civiles. En pocas palabras, si los ataques se repiten Rusia se ha adjudicado el derecho a responder contra esas empresas, allí donde estén, que fabrican los componentes para los drones y misiles que golpean al territorio y traspasan las líneas rojas establecidas por el Kremlin.
No funciona
Putin ha estado enviando señales para que los miembros de la UE recapaciten y en vez de comprar hidrocarburos rusos por vías tortuosas para simular que cumplen con las sanciones que le impuso la misma UE (vaya hipocresía) restablezcan los vínculos comerciales y se firme un acuerdo de paz que contemple los intereses de seguridad de Ucrania y Rusia. Pero la UE y la OTAN han torpedeado tres o cuatro veces los tratados que estaban a punto de firmarse. Ahora la señal es otra y el segundero del reloj del Fin del Mundo se mueve unos segundos más hacia la hora Cero. Lamentable pero cierto, la rusofobia con la que se ha contaminado a una buena parte de la población de la Europa occidental y al Reino Unido, parece no tener límites y el odio y el miedo irracional crece en capas de la población sin sentido alguno, solo la propaganda del miedo ante la inminente amenaza de invasión del ejército ruso.
Los gobernantes más audaces y envalentonados hablan de que la UE estaría lista para un conflicto militar con Rusia para 2030, como si fuera posible llevar a cabo semejante despropósito ante la potencia nuclear que posee la mayor arsenal de armas que pueden destruir mil veces el planeta. No podemos pensar que hablan en serio, pero el ritmo febril que llevan comprando armas o fabricándolas, al mismo tiempo que financian la guerra en Ucrania para mantener vivo ese conflicto y mostrar al público como el pobre Zelensky y los ucranianos, que todavía no han abandonado el país, son víctimas del oso ruso. Estamos ante psicópatas nacidos entre plantas y flores tóxicas que les envenenaron la vida, de lo contrario no puede explicarse este camino hacia la autodestrucción, o es que creen que pueden salvarse una vez desatado un conflicto nuclear?
Como en épocas pasadas
El país germano se había autolimitado por medio de la Constitución gastar en armas no más del 1% del PBI, anualmente. Veamos ahora en concreto, como Alemania alimenta esa bestia de la máquina militar reformando la Constitución para permitir que la cámara baja (Bundestag) apruebe parcialmente un presupuesto de 500 000 millones! de euros para financiar el gasto en defensa, el que debe ser ratificado por el senado (Bundesrat). Así el CDU (demócratas cristianos), SPD (socialdemócratas) y los Verdes modifican la constitución que llevaba décadas limitando el gasto militar. Al mismo tiempo aquella famosa frase que resonaba por Europa al momento de crearse la OTAN en 1949, y atribuida a Lord Ismay, el primer secretario de la Alianza, y que rezaba así: “Mantener a los estadounidenses adentro, a los alemanes abajo y a los rusos afuera”. Pues Alemania le muestra el dedo mayor a Lord Ismay resurgiendo entre las cenizas y con ese jugoso presupuesto podrán otra vez tratar de sobrevivir a (si es que su maltrecha economía aguanta) un nuevo invierno ruso si es que una vez más eligen el camino de la guerra.
Más armas y soldados para machacar
Más allá de esta gigantesca inversión para su propia fantasía bélica, Berlín firmó recientemente con el presidente de facto ucraniano V. Zelensky, 10 acuerdos, entre ellos el suministro y producción de misiles y drones. Además, un paquete militar por valor de 4000 millones de euros, 300 millones de euros adicionales para aumentar la producción de armamento ucraniano de largo alcance. Alemania alimenta así la guerra contra Rusia por delegación, o sea a través de Ucrania, quien es la que pone los muertos en el campo de batalla. Al mismo tiempo, el gobierno y el parlamento (Reichstag) aprobaron una ley que insta a los ucranianos refugiados en Alemania a volver a su país de origen para garantizar su “capacidad de defensa e integridad”. Podemos suponer quiénes serán los primeros en ser puestos del otro lado de la frontera. Para tal proyecto se asignarán 11 500 millones de euros con el fin de entusiasmar con estímulos económicos a los ucranianos a que regresen al sacrificio a través de esos fondos públicos que los ciudadanos alemanes ven desaparecer en perjuicio de su propio bienestar. Con razón la popularidad del canciller Merz sigue “cuesta abajo en la rodada” como dice el tango, más allá de los millardos que tiene ahora para alimentar al complejo militar industrial. Donald Trump, probablemente, se relame junto a sus compinches del sector que fabrica esos juguetes. En todo caso, en los planes de Zelensky para contentar a sus aliados de la OTAN, está la reducción de la edad de reclutamiento, incluyendo a las mujeres, según medios ucranianos. Como contrapartida se abrirán para Alemania la explotación de los recursos naturales que Kiev puede ofrecer a sus aliados una vez finalizada la guerra, si es que queda algo para ofrecer una vez firmado el tratado de paz.
Los vaqueros de teclado apuestan duro
En Finlandia el disidente político Armando Mema denuncia que desde que Finlandia se sumó a la OTAN, la política de confrontación con Rusia ha ido aumentando a hasta tal punto que el presidente Alexander Stubb ha dicho que la guerra de Ucrania es “su guerra personal”. Otro vaquero de teclado que está dispuesto a seguir sacrificando las vidas de ucranianos para lograr que la guerra siga viva con el propósito de desgastar a Rusia.También encarcelar a los que protestan contra esa política de seguridad que lo que le trae al país es lo contrario. Finlandia, un país que después de la 2aGM mantuvo con la URSS y luego con la Federación Rusa, relaciones diplomáticas, comerciales y culturales entre otras, de forma estable y satisfactoria para ambas partes, actualmente prefiere caminar por el filo de la navaja, arriesgando cortarse las piernas si se descuida en cualquier momento.
Los esfuerzos de los intereses extranjeros y un nuevo liderazgo político nacional, volcó la balanza a favor del proyecto de la Alianza Atlántica para debilitar a Rusia como está en los planes, y someterla a los proyectos de los consorcios que hoy dominan el mundo occidental, y a los que nos referimos constantemente porque son los que verdaderamente detentan el poder: la familia Soros y su Open Society Foundation, Black Rock con Larry Fink como su CEO que maneja 10 billones de dólares para financiar proyectos de toda índole en todo el planeta y que le sean rentables manipulando gobiernos y políticos. Vanguard; JP Morgan Chase; Goldman Sachs; Jeff Bezos; Amazon; Elon Musk con Tesla, SPace X, PayPal, etc. A eso hay que agregarle las fundaciones como la de Bilderberg que reúne a los magnates de todo el mundo y diseñan las estrategias geopolíticas para que nadie se desvíe del camino.Todos con ese fin, y si bien pueden ser rivales en algunas ocasiones, son también de la misma calaña, bailando en la misma pista, repartiéndose el planeta donde pueden y manejando los títeres y marionetas que gobiernan, siempre atentos a no fallar, siempre respondiendo al llamado de la jungla. En el caso de Finlandia, de ser un país neutral y no alineado durante décadas bajo la política diseñada por Urho Kekkonen durante la última mitad del siglo XX, pasó a aliarse con la UE y luego con la OTAN, aprobando todas la iniciativas de Washington contra la Federación Rusa. Ahora deberá enfrentarse a una realidad que puede ser muy dura para los 5 millones de habitantes que bajo este gobierno de A. Stubb mira sin mayor sorpresa que el desempleo roza el 10%, la inflación se come los salarios y las pensiones, las industrias se desmantelan, pero este presidente, convertido en vaquero de teclado, galopa rumbo a un infierno y todavía no se dio cuenta.




