![]() |
| Alice Weidel, lideresa de AFD |
Veamos que es lo que preocupa al canciller Friedrich Merz del CDU y a su aliado del SPD, Olaf Scholz.
Todo comenzó en las elecciones nacionales adelantadas por el entonces canciller Olaf Scholz en 2025, cuando el partido AfD acumuló un 20% de los votos en esa oportunidad y los tradicionales redujeron sus porcentajes que les hicieron tambalear a la hora de elegir al nuevo canciller Friedrich Merz en el parlamento, Bundestag. Merz recién consiguió los votos para su investidura en una segunda votación. Pasado el primer susto, y con Merz al timón del país, la economía que se encontraba en recesión por la mala gestión de Scholz y el SPD, continuó cuesta abajo por el mismo camino del declive económico y social, sin poder revertir la tendencia. Varias son las causas por la decadencia sostenida de la economía alemana, pero el principal, afirman los economistas, es el precio del combustible. El gas barato que llegaba de Rusia fue cortado por el atentado al gasoducto que sufrió Nordstream y las presiones del gobierno del entonces presidente de EEUU, Joe Biden, quien sin que se le torciera la sonrisa, había prometido acabar con ese comercio con Rusia y revertirlo a favor del gas licuado estadounidense. Algo que sucedió con un precio tres veces más caro. Ahí está ese elemento principal que agravó la crisis alemana, con decenas de miles de despidos al cerrar las fuentes de trabajo. La embanderada fábrica de automóviles Volkswagen, anunció hace un mes que su empresa reduciría en 100 000 los puestos de trabajo en sus principales fábricas, lo que conlleva la pérdida colateral en decenas de miles más de empleos en las empresas subsidiarias de Volkswagen. Miles de alemanes abandonan el país buscando instalarse en otros lugares donde afirman la carga impositiva, la amenaza de desempleo o la realidad del mismo, hace peligrar la seguridad que creían era firme y jamás en riesgo. 4 de cada 10 empresas están ya llevando su producción a lugares más baratos o lo están considerando. El rearme de las FFAA alemanas que demandó un gasto formidable en el presupuesto nacional con la ambición de crear el ejército más poderoso de Europa occidental. La ayuda al gobierno de Zelensky en Ucrania, le ha costado al país en gastos militares y humanitarios, más de 700 000 millones de euros, lo que significa que el estado ha dejado de invertir esos recursos en lo básico de un estado de bienestar, es decir la educación, la salud, el gasto social, vivienda, infraestructuras y otros rubros en la redistribución de los recursos que genera la sociedad y que ya no puede cumplir.
Estas razones y muchas más, son las causas por lo que AfD, muy critica a las medidas de Merz, especialmente el apoyo a Ucrania y la inversión en el gasto del rearme, con el mensaje agregado de que hay que restituir las relaciones con Rusia y comprar la energía barata que ofrece el Kremlin, ha volcado buena parte de la opinión de los alemanes a favor de ese partido que por su postura, también critica a la inmigración abierta. Su critica es que los sucesivos gobiernos han permitido una inmigración descontrolada donde los extranjeros viven de la ayuda social y parasitan al estado. Estas afirmaciones son típicas de la ultraderecha que acusan al inmigrante de una conducta que reclaman todos los partidos de derecha y más allá, e ignoran que millones de inmigrantes trabajan en los peores y más insalubres trabajos que los mismos alemanes no quieren hacer. Otro sector de AfD tiene un perfil aparentemente más democrático al reclamar más democracia directa (plebiscitos), restituir la energía nuclear cerrada por el SPD y los Verdes, no cerrar las minas de carbón, son aparentemente críticos con Israel y lo ocurrido en Gaza; rechazan la política agresiva contra Rusia del gobierno de Merz que arriesga entrar en un conflicto directo con el Kremlin. En AfD hay distintas corrientes ideológicas nos dice Lottaz, donde se mezcla la ultraderecha con una derecha más tradicional junto a soberanistas y antiglobalistas. El profesor Pascal Lottaz, en su investigación sobre este partido, con entrevistas a distintos militantes y activistas del AfD, concluye que AfD no es exactamente un partido decididamente de ultraderecha, sino un partido soberanista y nacionalista, pero cuya corriente ultra es un buen blanco para la CDU para atacarlo y desprestigiarlo frente al electorado. Si es cierto que AfD promociona la democracia directa con la participación de los ciudadanos a través de plebiscitos como en Suiza, significaría que dejaría en manos de los ciudadanos la decisión de temas muy importantes. Esa es su conclusión, pero como sabemos una cosa es estar en campaña y otra cuando se llega al poder. Nada nos dice que esa bella idea no sea borrada del programa de un plumazo por ese grupo de nazis que no dudan en pasar con la apisonadora por encima de tales ideas participativas. De todas maneras, esa forma de resolver temas que dividen a la sociedad a través del plebiscito es rechazada por los partidos que se dicen liberales, incluso los que gobiernan, porque afirman que la gente no está preparada para resolver sobre temas complejos, algo que parece estar bastante extendido en la opinión pública alemana, desgraciadamente. Lo confirma en parte el profesor Pascal Lottaz, cuando pregunta a sus alumnos en una Universidad alemana, si les gustaría tener el mismo sistema que Suiza de democracia directa, y la respuesta sorprendentemente es que “No, porque el nivel educativo del pueblo alemán es muy bajo”. Lo ha hecho durante cinco años y la mayoría de los alumnos responde siempre los mismo, afirma.
Todavía falta mucho para las elecciones generales alemanas, pero las regionales o estatales irán tomando el pulso de cómo en esos estados federativos se van decantando las simpatías de los votantes. En este mes de septiembre dos estados más votarán nuevos gobiernos donde se aguardan resultados similares que los de Sajonia-Anhalt. Alice Weidel , la lideresa de AfD, se restriega las manos esperando los nuevos resultados mientras el canciller Merz pone las barbas en remojo, y en Bruselas, Ursula von der Leyen tal vez esté preparando la herramienta que parece utilizó para apagar la llama de una tal Georgia Meloni, que prometía mucha candela en campaña, pero que tuvo que alinearse cuando desde Bruselas le mostraron el efecto de la poderosa manguera de los bomberos de la UE.
Como dijo el siempre presente don Quijote de la Mancha: “Veremos, Sancho, no puede impedirse el viento, pero hay que saber hacer molinos”.






