Esta es una versión dulce del artículo que los censores o algoritmos me borraron la semana pasada, que olfatean todo lo que no conviene que se publique como contraargumento del discurso oficial. Veremos si esta versión es publicada u omitida como el artículo anterior, donde algunos nombres o hechos levantan todavía ronchas y no deben salir a la luz pública, aunque para muchos ya están quemados a la luz de las hogueras.
El tema de la guerra permanente en las regiones de Europa oriental, Asia occidental y otros continentes, despierta en algunas personas que analizan la situación, la idea de que estamos ya ante el escenario de la 3aGM. No puedo juzgarlo con mi experiencia y conocimientos de cuándo es que estamos ante ese terrible fenómeno.
En todo caso, de ser cierto, es imposible dejar de pensar y constatar que tanto la guerra entre Ucrania y Rusia y EEUU con Irán, se recrudecen día a día. Bajo la línea de flotación de estos conflictos , hay otros países, organizaciones, empresas multinacionales y medios de comunicación corporativos con sus propios intereses, todos implicados e interesados en el desarrollo de esos conflictos porque ven su oportunidad de obtener eso que ambicionan todos ellos, más dinero y poder.
La enfermiza propaganda de que la guerra parece ineludible pude observarla en días pasados en el titular de una noticia en la radio pública, Sveriges Radio, (fue eliminada poco después) donde el reportero citaba a uno de los responsables de cierto ejercicio militar de la Defensa junto a la policía, donde simulaban defender el Parlamento de “ciertos invasores” que deseaban ocuparlo. El mensaje era el siguiente: ”Deténganse, observen y disfruten”. Ese era el mensaje a través de ese medio público de una acción en la que cualquier persona con dos dedos de frente se conmovería, y no para disfrutar, sino para horrorizarse ante la realidad de ver soldados y policías, helicópteros y quien sabe cuantas armas de todo tipo más en el lugar, simulando defender lo imposible. Irónicamente en la guerra de hoy no son los soldados enemigos los que golpearán al parlamento, sino los drones y los misiles supersónicos los que lo harán polvo en pocos segundos, junto a todos los que allí estén reunidos, civiles y soldados. Parece que algunos todavía no se han enterado de lo que va la guerra moderna.
Y no es raro, porque el índice de psicopatía que envuelven a políticos y funcionarios de algunos gobiernos europeos, es para desgarrarse las vestiduras ante tanto mensaje belicista sin responsabilidad alguna, cumpliendo, desgraciadamente, con la misión que les encargó el hegemón del Norte desde hace décadas: sacrificar a Ucrania y luego a toda Europa occidental, si es necesario (bueno, a su juventud), en una guerra sin futuro y que en el peor de los casos, puede significar el fin de esta “civilización”. Porque la guerra es entre los civilizados y los pueblos bárbaros. Recuerden las paradojas de la Historia que no es como nos la han enseñado. No, ahora se entiende el mundo como Orwell lo entendió en 1984:
Francia fue invadida por el zar ruso Nicolás I y el valiente Napoleón se vio obligado ya marchar con su ejército llegando hasta Moscú; Reino Unido salió en defensa de sus “legítimos intereses” cuando invadió Crimea en 1853-56; Stalin invadió Alemania y Hitler atacó en defensa propia y de la Europa democrática de la amenaza permanente; la ultraderecha ucraniana, con respaldo de EEUU y la UE, defendieron la democracia y la libertad cuando dieron un golpe de estado en Kiev, en 2014 derrocando al presidente Víktor Yanukovich, prohibiendo el idioma ruso, la religión ortodoxa tradicional y sus rituales, y atacaron el Donbás, poblado mayoritariamente por ucranianos de etnia rusa e idioma ruso. Los demócratas neonazis usurparon el poder respaldados por la OTAN y la embajada de EEUU, con la ayuda de 5000 millones de dólares.
Si, pero no olviden que siempre son los cosacos, los tártaros y los mongoles que, a los largo de la historia, amenazan a la civilización nuestra, judeo-cristiana, tan limpia de genocidios y barbaridades.
Si uno se asoma al abismo, corre el riesgo de convertirse en el mismo monstruo que te observa desde las profundidades, según Friedrich Nietzsche.
Suena trágico, y lo es, porque son millones los que todavía miran al abismo y se contagian con la mirada del monstruo y comulgan con sus ideas y acciones, elaboradas en los talleres digitales de los nuevos capos de la llamada Guerra Mental, de las tecnologías de Silicon Valley, del complejo militar industrial, de los magnates del petróleo, de las finanzas, cuyo fin es el control total de los recursos naturales, materiales y humanos de todo el planeta, mientras sirvan a sus fines. El resto, somos prescindibles.






