No pasó mucho tiempo para que el ataque conjunto de Israel y EEUU contra Irán, apenas unos siete meses, se concretara con bombas y misiles, diseñado en todos sus aspectos, por los implacables generales del Pentágono y los colegas de Tel Aviv, abanderados, como sabemos, de aquellos principios y valores que siempre han defendido con tanto entusiasmo y euforia mística: el dinero y el poder.
El día miércoles 25 pasado, el avión de Iberia con el que iba a viajar partiría con cuatro horas de atraso hacia Madrid, y el transbordo al vuelo a Estocolmo, se frustró y debí esperar 24 horas para llegar a la capital sueca. Todos esos atrasos que afectaron a miles de vuelos, tenían su razón de ser: los preparativos de la acción criminal contra el país persa. Si Irán no tuviera tanto petróleo en el subsuelo y no controlara el camino de los hidrocarburos por el estrecho de Ormuz, este segundo intento por sustituir al gobierno de los ayatollahs no tendría lugar. Esta guerra no hubiera comenzado, Irán sería visto como un país con una sociedad cerrada, administrada por profetas de larga barba y mujeres oprimidas, pero qué más da, es su cultura y tradiciones, religión y costumbres. Nosotros, en Occidente, los pueblos civilizados, despreciamos tales sociedades, pero mientras no nos molesten, e incluso, quieran hacer negocios con nuestras mejores empresas, son bienvenidos. Arabia saudí es un buen ejemplo de esa alianza comercial y diplomática.
El cinismo y la hipocresía son dos características que se manifiestan estupendamente bien en la era Trump. Simula emprender negociaciones serias y manda a sus dos agentes inmobiliarios al frente de esas negociaciones, es decir Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes viajan sin interrupción entre Ucrania, Bruselas, Omán, Ginebra y Washington, como parte de la farsa que monta su patrón, amagando siempre estar dispuesto a negociar, pero listo para darte la puñalada “por abajo el poncho”, al decir de los rioplatenses.
Una acción preventiva, así llama Israel todas sus operaciones militares, mientas los antes mencionados simulan negociar, y en el momentos de las mayores expectativas de un posible acuerdo, se produce lo que muchos ya habían previsto: un ataque sorpresa para decapitar a la élite gobernante de los persas. Como siempre, para protegernos de esas personas despiadadas y terribles, como el mismo Trump los definió en su discurso la pasada noche, al iniciarse el ataque. Con adjetivaciones que demonizan a los líderes iraníes y sus acciones, mientras que cerró los ojos cuando ocurrió el genocidio del pueblo palestino en Gaza. El cinismo de un psicópata le chorrea por debajo de los pantalones. Las académicas Monica Daffy Toft y Sidita Kushi, publicaron un libro, Dying by the sword, “Morir por la espada, la política exterior norteamericana”, donde hacen un recuento de las intervenciones militares en todo el mundo desde 1798 a 2022: 460! Otro dato para los que no lo saben o sólo lo sospechan, hoy EEUU tiene 877 bases militares a lo largo y ancho del planeta.
Las bombas y los misiles de estos dos aliados inseparables, impactaron en varias ciudades y regiones iraníes, una de ellas en una escuela de niñas en el condado de Mandab, al sur de Irán, donde causaron por lo menos 60 víctimas mortales, otros hablan de más de 80 y unas 90 heridas. Consultado un vocero militar estadounidense por CNN, este manifestó no tener información que confirmara esta tragedia en una escuela primaria. La pregunta es si CNN no tenía otra fuente más independiente que consultar, ellos que siempre están en el meollo de lo que ocurre, por lo menos es lo que acostumbran a cacarear. Pero la reacción iraní no se hizo esperar, y los misiles y drones impactaron en por lo menos varias bases militares norteamericanos de la región, donde según información no confirmada, habrían muerto soldados norteamericanos estacionados allí. Según Trump, Irán representa una amenaza para EEUU, como lo hizo Irak en su momento y sus armas de destrucción masiva, o Libia con el malvado de Gadafi. Si, todos los que no comulgan y se arrodillan, son simplemente malvados, sedientos de sangre blanca norteamericana y de la Coca Cola, hambrientos de sus valores y principios, y de la hamburguesa de MacDonald, y por supuesto, desesperados por robarles el envidiable modo de vida.
La cuestión es si esta guerra se ampliará y no será de doce días como la anterior, sino por meses o años, con otros países de la región involucrados. Lo patético en esta situación es el papel de la ONU, un gatito desvalido que maúlla cada vez que desde Washington, ruge el león de cabello dorado. Estamos en el horno, la pregunta es si lograremos escapar de este infierno.








