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martes, 26 de noviembre de 2013

La sumisión os salvará a todas

Portada del libro 'Cásate y sé sumisa'. Así lo plantea Constanza Miriano, una italiana que se le ocurrió escribir en nombre de la Fe una serie de consejos que vienen muy bien en este momento en que millones de mujeres luchan contra la violencia machista. Esta señora, muy católica y amante de las tradiciones, aconseja a sus pares que deben elegir la estrategia de la sumisión en el matrimonio. Cada palabra, gesto u opinión del pater familias es casi como la palabra de dios, aunque un poco más devaluada, claro.

Veamos algunos de sus sabios consejos para que la mujer conserve la salud y los huesos sanos, o en el peor de los casos, no caiga sobre su cabeza el poderoso rayo divino.

“¿Alguna sabe que se puede ser feliz incluso con su marido? Pregunta astutamente la autora, cerrándole probablemente la puerta a la tentación del divorcio o del amante. Ahora es el momento de aprender la obediencia leal y generosa, la sumisión. Y, entre nosotras, podemos decirlo: debajo siempre se coloca el que es más sólido y resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo”, o sea a nosotros los hombres, pobres desvalidos, que sin una mujer sumisa a nuestro lado nos perderíamos irremediablemente camino del infierno.

Así es amigas, la solidez de vuestros hombros sostiene hasta un elefante, decía uno de los antiguos profetas. Lo más estimulante es que el arzobispo de Granada, Javier Martínez,  ha financiado la traducción del libro al castellano y su publicación en España con un precio de venta de 16 euros benditos. "Esposas, estad sujetas a vuestros maridos" habría afirmado San Pablo a los habitantes de Éfesos, según los escritos sagrados y citado muchas veces por contritos autores más modernos y no tan devotos historiadores. Según la prensa local andaluza que ha criticado duramente al arzobispo 
Martínez, este habría comparado la Ley del Aborto y el régimen de Hitler, asegurando que “los crímenes nazis no eran tan repugnantes” como los que permite cometer la ley del aborto en España. Bueno, si el arzobispo, que ha abrazado la doctrina del amor predicada por Jesús sin excepciones, incluso por los pecadores, es capaz de expresarse así, no podemos dudar de su buena fe cuando se apresuró a que se publicara el libro de la señora Miriano.

Pero sigamos con alguna cita más de esta prodigiosa obra, inspirada seguramente por algún rayo divino, en esta ocasión benévolo.


 “Si algo que él hace no te parece bien, con quien tienes que vértelas es con Dios”, porque “Dios te ha puesto al lado de tu marido, ese santo que te soporta a pesar de todo”. También aconseja sabiamente a sus amigas: “En caso de duda, sin embargo, obedece. Sométete con confianza”. Faltaba más. Y en otro pasaje, les dice: “Es verdad, todavía no eres una cocinera experimentada ni un ama de casa perfecta. ¿Qué problema hay si te lo dice? Dile que tiene razón, que es verdad, que aprenderás. Al ver tu dulzura y tu humildad, tu esfuerzo por convertirte, también él se convertirá”. Así es, tanto va el cántaro al agua que al final se rompe.

Bueno, como botón de muestra creo que basta.  Según los que han han leído todo el libro los consejos son todos en este tono, sin pausa, en una demostración ejemplar de los deberes de la mujer con respecto a su familia, y en particular hacia su marido. En Italia se dice que lidera el récord de ventas. En un país como España, con unas 60-70 mujeres asesinadas por sus maridos o sus parejas cada año según cifras oficiales, estos sabios consejos seguramente que aplacarán a los lobos que se convertirán en corderitos apenas sus mujeres hayan leído la obra. Ah! Y no olvidéis de introducir el libro en las escuelas, así las niñas van aprendiendo cual es la conducta a seguir en el futuro. Les ahorrará una serie de golpes propinados por el rayo divino de la ira del santo .

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martes, 19 de noviembre de 2013

Un rompecabezas para armar

La ciudad de Pontrémoli vista desde el hotel Golf
Comenzó con unos tímidos intentos por descubrir en qué lugar de Uruguay se encontraban aquéllos que llevábamos el apellido Lecchini a través de Facebook. Se creó un sitio común y con los meses fueron apareciendo como por arte de magia tantos "parientes lejanos" que aunque no somos muchos, vemos que tampoco somos tan pocos. Salto, Paysandú, Colonia, San José, Flores, Montevideo, Canelos, Maldonado, y seguro que muchos más, han sido los refugios donde se fueron afincando las pasadas y pressentes generaciones de los Lecchini. Mis abuelos paternos, Federico Lecchini y Luisa  Germano vivieron en Soriano y luego se mudaron a la cuarta sección del dpto. de Flores. Allí criaron a la mayoría de sus hijos, once hermanos que junto al abuelo producían en ese campo lo que podían para sobrevivir en un medio duro y con pocas satisfacciones. Julio, uno de mis tíos, me contaba que mi abuelo Federico los sacaba de la cama apenas amanecía a las tareas más duras en pleno invierno cuando uno desea estar debajo de las frazadas. Chicos adolescentes que cumplían con las tareas que se les ordenaba, y sin chistar.

Mi viejo decidió abandonar las sacrificadas tareas del campo y trabajar como mecánico en la agencia Ford (también él se llama Alberico), casándose con Olga Ojeda en  Trinidad, donde nacimos mi hermano Gustavo y yo. Finalmente casi todos los hermanos Lecchini y mis abuelos,  partieron hacia Montevideo donde se radicaron, se casaron, tuvieron hijos que a su vez también fueron padres y madres. Hoy los Lecchini entreverados con otros apellidos hemos ido emergiendo con la curiosidad y la necesidad de conocernos. De pronto tomamos conciencia que podemos tener un pasado común entre las magras parcelas  de escasos cultivos y el polvo de las minas de mármol de Carrara. La escasez, el hambre y otras necesidades elementales para ellos y sus hijos obligaron a los Lecchini a emigrar a nuevas tierras junto a millones de compatriotas. También en la tierra prometida la vida también iba a ser muy dura, pero siempre con la esperanza de mejorarla: "Mientras tenga dos brazos para trabajar nada es imposible" solían decir.

Los abuelos Federico y Luisa rodeado de los hijos y nietos
 a fines de los ´40
Después de muchos años de ignorarnos por la razón que fuera, las generaciones más jóvenes y las no tan jóvenes tomamos esta iniciativa de encontrarnos para reconocernos en el otro, contarnos las experiencias propias y de dónde venimos, quiénes son nuestros padres y abuelos y qué saben de aquéllos hombres y mujeres que abandonaron un día el puerto de Génova apretujados en camarotes insalubres en busca de un destino incierto. Y conocer a los hijos de los hijos de los hijos. Es hora de desempolvar los viejos daguerrotipos y fotos de color sepia. De contar anécdotas de aquélla época escuchadas en la niñez antes de que se olviden o las llevemos a la tumba. Antiguas pistas para armar ese rompecabeza, sería hermoso porque el ser humano siempre desea buscar dónde nace el río de sus propias generaciones, el lugar originario donde comenzó todo. Somos hijos, nietos y bisnietos de la emigración, de aquéllos que llegaron con una valija repleta de esperanzas y sueños. Desgraciadamente no estaré allí en el encuentro del próximo mes, pero la reunión logrará iniciar  seguramente dos cosas; comenzar a armar el rompecabezas y demostrar que aquéllos sueños de nuestros antepasados no fueron en vano.

viernes, 8 de noviembre de 2013

La cruz de ceniza de los Buendía todavía existe

Pertenecer en Suecia a la etnia romaní, o  gitana como se le llama comunmente en castellano,  me recuerda aquéllos personajes de Gabriel García Márquez en 100 años de soledad, los hijos del coronel Aureliano Buendía, que llevaban una cruz de ceniza imborrable en la frente, marcados para siempre por el destino y sus enemigos. En el caso romaní dentro de los más de 4000 registrados en los archivos policiales, se encuentran  cuatro de mis colegas con los que trabajamos en la misma redacción todos los días. También los nombres de sus hijos están compartiendo espacio con los padres, en el afán policial de establecer un archivo que encierre la mayor cantidad de miembros de esta etnia. Que en la policía hay racistas y xenófabos nadie lo pone en duda. Investigaciones académicas y periodísticas dan buena cuenta de ello.

La policía de la provincia de Scania donde se encuentra el archivo, se justifica repitiendo desde que se conoce el escándalo, que la lista no relaciona a mis colegas Ramona, Ricardo, Veli y Adam con grupos criminales, sino que es una labor de la inteligencia policial para detereminar el grado de vínculos y parentesco entre una y otras personas. La policía parte de la base que los romaníes integran clanes a los que se debe vigilar para determinar si cometen delitos, quiénes están implicados con quién, etc. Que los menores de edad de formen parte de ese archivo, así como los ancianos y personas fuera de toda sospecha, muestra lo extendido que están los prejuicios. Para la policía el clan es una organización cerrada y piramidal que protege la actividad delictiva de muchos de sus miembros. Pero que la hija de tres años de mi colega Adam forme parte de ese registro es realmente escandaloso, así como más de mil niños fichados.

Hasta ahora con la excusa de que no es una lista de personas con vínculos criminales, la policía de Scania sigue sin destruir el archivo a pesar de las críticas duras de las organizaciones de DDHH, los calurosos aplausos de la ultraderecha y los tibios reproches del gobierno y de un parlamento que no parece apurarse a debatir una ley que impida este fenómeno. Pero hasta ahora nadie mueve una pestaña para obligar a la policía a destruir ese archivo. Al contrario, ellos se afirman en la necesidad de conservarla por las dudas que alguno de los registrados cometa un delito, y aprovechando los vínculos familiares, ver quienes podrían ser los cómplices. Un verdadero ejemplo de lo que puede llegar a ser un estado de derecho en un país que se ufana de que sus ciudadanos gozan de plenos derechos constitucionales. Ante la pregunta si el registro es legal o ilegal, la respuesta es: "se esta estudiando". Sorprende que lleve tanto tiempo hacerlo cuando un episodio de este tipo si afectara, digamos a la etnia nórdica, hubiese sacudido los cimientos mismos de la sociedad. Somos todos iguales ante la ley?