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viernes, 10 de noviembre de 2017

Una América de Segunda

La visita en días pasados del presidente de EEUU  Donald Trump a China había despertado altas expectativas teniendo en cuenta el desafío que el presidente norteamericano había lanzado al gigante asiático durante la campaña electoral pasada. América Primero sería su objetivo primordial y sencillamente quería poner  en su lugar a las pretensiones de Xi Jinping y su país de convertirse en China Primero. 

Sin embargo el análisis de la visita de Trump a China muestra a un presidente bastante sumiso, muy lejos de aquél que prometía llevar a China ante los tribunales por su política comercial, literalmente por "violar" la economía de su país aprovechando las políticas permisivas de Obama. Y para reforzar esta estrategia aplicaría aranceles  a los productos chinos y presionaría a nivel financiero la moneda china para evitar que tuviera más ventajas competitivas. Prometió además renegar de aquélla política establecida por Nixon de reconocer Una China que aceptaba que Taiwán es parte de China. Pues bien, el presidente que saca pecho y estira su copete como punta de lanza nada de esto mencionó al parecer al encontrarse con Xi Jinping. Y si lo hizo nada trascendió. Al contrario, el hombre se desinfló e incluso comentó que "no culpaba a China" por el desequilibrio comercial.

También en los temas referidos a Corea del Norte no aparecieron contradicciones sino una aceptación de la política de sanciones pero a ritmo de bossa nova y no de rock and roll como se vocifera desde la Casa Blanca. Y China no renuncia a su plan de defensa que implica según los expertos en el tema, un desarrollo de sus fuerzas navales y la defensa activa de sus intereses marítimos, tanto en su litoral como en aguas abiertas, desafiando así abiertamente la presencia norteamericana en la región.

Tal vez el mejor análisis sobre las intenciones de un presidente norteamericano y el de su colega chino la hizo Tony Blinken, un funcionario del período de Obama como presidente, que adelantó que mientras Trump construye muros Xi construye puentes; mientras Trump repudia el multilateralismo Xi le da la bienvenida; mientras Trump se abraza al carbón y al petróleo Xi y su país han establecido un programa de tres décadas para que China predomine en la economía global, incluyendo nada menos que la tecnología de la información, la robótica y la inteligencia artificial, así como cambios radicales en sus métodos de producción industrial, con serios planes para contrarrestar el cambio climático con energías renovables.

Todo esto hace pensar que la estrategia del hombre del copete hundirá más a su país hacia un segundo lugar en un corto tiempo, montado en su populismo barato, su repudio a los que califica de "perdedores",  con expresiones claramente con tintes racistas cuando pretendió igualar los métodos de organizaciones neonazis con las protestas en contra de ellas; porque él por supuesto es un "ganador". Pues a un año de haber ganado las elecciones generales su partido perdió estrepitosamente en días pasados las elecciones de gobernador en Virginia y Nueva Jersey, a las que agregarle otros resultados positivos para los demócratas a nivel de condados, ciudad y estado.

Otra derrota , esta vez "moral",  es descubrir en los Papeles del Paraíso que uno de sus más cercanos colaboradores, el ministro de Comercio, Wilbur Ross, es accionista de Navigator, una empresa que hace negocios con Rusia y el yerno de Putin, que para evitar pagar impuestos está registrada en los paraísos fiscales.
A un año de haber sido elegido presidente de EEUU Donald Trump aparece como un neto perdedor, con múltiples escándalos de funcionarios y otros consejeros que se marcharon por la puerta de atrás al estar implicados en turbias manipulaciones durante la campaña electoral, contactos con Rusia, mentir, y en algunos casos beneficiarse económicamente.
De todas maneras no hay que menoscabar la capacidad de reacción y cambios de estrategias del presidente norteamericano, porque parafraseando a un presidente de mi país de origen, a lo mejor hace uso de aquélla famosa expresión: "como te digo una cosa, te digo la otra". 
Tal vez Trump es más camaleón de lo que parece.













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