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lunes, 10 de diciembre de 2018

Francia se debate sacudida por una ola de protestas

Foto: El País. Manifestantes incendian un auto cerca del
 Arco del triunfo en París.
Francia deja atrás otra semana de protestas contra la política económica del gobierno, en una ola de violencia que sacude a varias ciudades del país. El anuncio de la subida de los impuestos a los combustibles fue la gota de petróleo que provocó el incendio contenido hasta ese momento, movilizando a decenas de miles de personas que se echaron a las calles para protestar, vestidos con sus ”chalecos amarillos” (gilets jeunes) como símbolo que los identifica. Pasados las primeras semanas, y ante la reculada del gobierno de no poner en práctica el aumento de los impuestos a los combustibles por el momento, la mayoría de los manifestantes se fueron a sus casas. Pero quedó lo que los medios, sobre todo los que respaldan al gobierno, denominan ”casseurs”, es decir ”vándalos”. Muchos de ellos ya no usan los chalecos amarillos, sino que se visten de negro, están enmascarados, algunos con cascos, para no ser reconocidos por las cámaras policiales. 

También usan otra táctica, el de la guerrilla urbana, para dividir a las fuerzas policiales, concentrando sus protestas en los centros comerciales o históricos de las ciudades, y producir el mayor daño material posible. Generalmente no hablan con los medios, es la acción directa la que habla por ellos. Claro que a través de las redes sociales expresan sus pensamientos: anticapitalistas si son de extrema izquierda o anarquistas, anti-establishment, enfocado en el gobierno de turno, si son de la extrema derecha. Porque las protestas parisinas y de otras ciudades a unido a estos grupos de ambos extremos del abanico político francés. Su objetivo es debilitar a la ya tambaleante figura del presidente Emmanuele Macron, quien inició su gestión como un presidente con amplio apoyo popular y un programa de centro-liberal, pero que durante su período de gobierno se fue debilitando a causa de un estancamiento de la economía, suba del costo de la vida, impuestos y una actitud elitista que recuerda la época del presidente socialista Francois Miterrand, o aún peor, a un monarca autista. Ayer Macron rompió el silencio en el que estuvo recluido durante todo este período, pero con un twitter, felicitando la labor policial contra los manifestantes. Y se prepara para una conferencia de prensa en las próximas horas, según se ha anunciado.

Este fin de semana pasado fue tal vez donde la violencia cobró un punto aún más alto en su dinámica. La policía esta vez actuó con mayor represión, y según las cifras oficiales las detenciones llegaron a más de 1700,fueron 264 los heridos, 39 de ellos policías, incluidos también algunos periodistas que cubrían las manifestaciones. Los autos, motocicletas y negocios de todo tipo incendiados, fueron aún más que en ocasiones anteriores, debido a la táctica de los grupos de causar el mayor daño material posible bajo la consigna ”Macron demission”. Y el pillaje, porque aquí también van mezclados no solo los colores del arcoíris político, sino personas que aprovechan la oportunidad de hacerse con objetos de valor colocados en las vidrieras rotas. El domingo, decenas de camiones municipales cargaron los restos calcinados en las calles y veredas. 

El comercio navideño es el que sufre el mayor impacto económico por las manifestaciones y los ataques a las tiendas y negocios que se aprontaban para la avalancha de clientes en busca de los regalos navideños. El ministro de Finanzas, Bruno Le Maire, a través de los medios ya anunció que la ola de protestas ”ha sido una catástrofe para los negocios y la economía” agregando que ”esto es una crisis social y democrática que golpea a toda la nación”.

Y por si fuera poco con las protestas, desde la otra orilla del Atlántico, el desaprensivo y cínico presidente de EEUU, Donald Trump, le hace una zancadilla a su ”amigo” Macron, comentando en uno de sus ”trinos” matutinos, que ”el Acuerdo de París no le funciona muy bien a París. Protestas y disturbios en toda Francia”. A esta ”mojada de oreja” le respondió el Ministro de RREE francés, Yves Le Drian, que Donald Trump no se meta en los asuntos internos franceses, así como el gobierno francés no se mete en los asuntos internos de EEUU. Y para ponerle otra frutilla a la torta Yves Le Drian anunció que se está investigando la intervención de Rusia a través de 600 cuentas de twitter, conocidas por promover las opiniones de Moscú, las que han comenzado a usar el hastash: #giletsjaunes. No quiso agregar más detalles hasta que la investigación culmine, declaró.

La furia de muchos franceses es justificable no solo por la política económica del gobierno sino porque en estos años la rapiña financiera de algunos grupos dominantes, bancos y empresas financieras, han esquilmado durante años a la sociedad francesa (y las de otros países de Europa se descubrió recientemente). Miles de millones de euros, (ver en mi blog: Capitalismo Voraz) que le quitan a la sociedad recursos para mejorar la calidad de los servicios de salud, educación, salarios, etc, etc. A nadie, y menos a la clase media, le agrada que su nivel de vida se deteriore cuando tiene la expectativa de lo contrario. La clase obrera más sufrida, tampoco quiere que su salario pierda poder adquisitivo cuando su economía hogareña lucha como siempre para mantener un nivel decoroso para la familia. Además Francia tiene recursos para invertir en sus ciudadanos si redujera, por ejemplo, su gasto militar con tropas en el extranjero e inversión anual en gastos de Defensa por miles de millones de euros. 


Qué vendrá después, es una incógnita, aunque algunos expertos en la política del país galo, pronostican que la que saldrá ganando es Marine Le Pen, la ultraderechista líder del partido Front National. En estas semanas de protesta su figura política ha crecido sobrepasando a la de Macron en popularidad, según las encuestas. 
Ni corta ni perezosa, Le Pen fustiga a través de su cuenta de twitter a su rival, prometiendo un gobierno de orden en lo social y económico, con vagas promesas que nadie sabe cómo va a financiar, pero que calan en una buena parte de los ciudadanos, cansados del caos, la inseguridad y el deterioro económico. Sin dudas Francia se mueve peligrosamente al borde de caer en manos del populismo de la ultraderecha, con la única ventaja para Macron, si es que logra mantenerse en el poder, de que todavía tiene un plazo hasta 2021, para contrarrestar la ofensiva de la ultraderecha y el desafío de los casseurs, los sindicatos y demás partidos de la oposición que vienen mordiéndole los talones.

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