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sábado, 22 de diciembre de 2018

Hungría se rebela contra "ley de la esclavitud"

Hungría y su capital Budapest están que arden. La razón es un par de leyes que por un lado modifican las reglas de juego en el mercado laboral, y por otro, la estructura del poder judicial. El rechazo de la oposición a estas reformas han ido aumentado contra las políticas del primer ministro Viktor Orbán y su partido ultranacionalista Fidesz (Unión Cívica Húngara). Es que una inusitada ley, denominada por la gente que protesta, ”ley de la esclavitud” y una nueva legislación judicial han aumentado las posibilidades de control de parte del gobierno de Viktor Orbán sobre los ciudadanos que ahora reaccionan diariamente con multitudinarias manifestaciones. El autoritarismo del gobierno húngaro sigue avanzando.

Repetidas manifestaciones contra la Ley de la Esclavitud
se suceden diariamente en Budapest, la capital de Hungría.
La llamada ”ley de la esclavitud” establece que los patrones podrán solicitar a sus trabajadores que aumenten sus jornadas laborales hasta 400 horas extras obligatorias al año, cuando en la actualidad trabajan un máximo de hasta 250 horas. En la práctica un patrón puede obligar a su empleado a trabajar seis días a la semana en vez de los cinco días que normalmente trabaja, y esporádicamente algún día más. Los sindicatos también se han manifestado en contra de la ley que obligará a las personas a aumentar su estrés y poner en riesgo su salud en los sectores cuyos trabajos exigen más del esfuerzo mental y/o físico para realizarlo. No obstante no solo se establece este cambio, también los patrones dispondrán de hasta 36 meses para pagar al empleado esas horas extraordinarias, afirma la oposición. 

El Primer Ministro Orbán y los responsables de la nueva legislación argumentan que de esta forma la gente aumentará su salario y niegan que la ley permita ese atraso en el pago y aseguran que los asalariados cobrarán mensualmente las horas extras trabajadas, algo que los sindicatos y la oposición desmienten basándose en el texto de la ley aprobada, según dicen.

Detrás de esta medida de Orbán y su gobierno, se esconde un palpable fracaso debido a factores como el continuo envejecimiento de la población de este país; la cerrada negativa de permitir la inmigración de fuerza de trabajo de otros países, así como cerrarle la puerta a miles de refugiados que llegan a su frontera desde 2015. Por el contrario, una constante corriente migratoria de húngaros que se marchan a otros países europeos para buscar mejores ingresos y condiciones laborales debido a los bajos salarios que se pagan por parte de la patronal, tanto en el sector privado como público.


En cuanto a la nueva legislación judicial se crea un sistema de tribunales que estarán bajo el control del gobierno con el palpable riesgo de que los jueces sean un instrumento del poder político de turno en los casos de la administración pública. La independencia de la Justicia está en entredicho así como la función informativa de los medios de comunicación públicos, radio y televisión, que son acusados de tergiversar la información, convirtiéndola en pura propaganda a favor del gobierno.

También existe otro fenómeno interesante en la pulsada entre el gobierno y la oposición. Se trata de las acusaciones de Viktor Orbán de que es el multimillonario George Soros quien está detrás de las protestas, financiándolas. Todavía no se habían apagado los ecos de una similar acusación de parte del presidente de EEUU, Donald Trump, de que Soros era el responsable de la caravana de inmigrantes centroamericanos a la frontera del país para desprestigiar a su gobierno, cuando Orbán también lo usa como conspirador, convirtiéndolo en un moderno Macchiavello.


En todo caso el Primer Ministro Viktor Orbán, está sentado tranquilo y muy seguro en su silla, ya que está respaldado por los dos tercios de legisladores de su partido Fidesz en el parlamento. Una segura mayoría reafirmada este año por tercera vez consecutiva que le permite desde 2010 transformar  a Hungría en un país cada vez más autoritario con una débil oposición, que esperanzada por las protestas contra las últimas medidas del gobierno, pone sus esfuerzos en mantener la movilización ciudadana, aunque las fiestas navideñas juegan en su contra cuando llega el momento de reunir a la familia y amigos. Con las tradiciones no hay quien pueda.

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