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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Los muros de la inseguridad

El domingo pasado se celebraron los 25 años del aniversario de la caída del muro de Berlín. Una emotiva celebración, especialmente para los que perdieron a seres queridos en su intento de cruzar al Berlín occidental. Y para los que contra todo pronóstico pudieron superar la barrera construida durante la guerra fría. Kilómetros tras kilómetros de hormigón, alambre de púas y terreno minado no quebraron la voluntad de un pueblo en busca de una libertad que había desaparecido del mapa socialista y que solo provocaba frustración en la gran mayoría. No sólo por la escasez material, sino por la misma opresión, la delación entre los ciudadanos como eficaz sistema de control, y la persecución contra los disidentes que exigían que el régimen les permitiera pensar libremente y no ser tratados como contrarrevolucionarios o traidores por el hecho de no estar de acuerdo con el partido. Al final el muro se derrumbó así como el régimen de Honecker cuando la válvula de escape se abrió y miles y miles de personas asombradas todavía por el cambio pudieron cruzar "al otro lado". Muchos pagaron sin embargo un alto precio por los cambios, otros  encontraron lo que buscaban en la sociedad capitalista que los esperaba. Y no pocos estaban también arrepentidos y hablan todavía del "muro invisible" que  existe entre ambas Alemanias.

 El muro de Berlín no es el único muro a lo largo de la historia que ha separado a los pueblos o a una población en particular, si bien por razones bien distintas. Mientras el de Berlín pretendía retener a toda costa a los ciudadanos de la RDA, la muralla china defendía sus fronteras de las invasiones de los mongoles hace más de 2000 años. 7300 kilómetros atraviesan el territorio chino como una larga serpiente de piedra. El muro de Adriano construido por los romanos en el siglo III en lo que hoy es Inglaterra fue también un muro defensivo contra las tribus celtas y otras que luchaban contra el imperio romano. Hoy todavía existen once barreras "activas", algunas de ellas olvidadas o ignoradas. Israel construye uno que supera en altura y extensión al de Berlín contra los palestinos a pesar de las protestas de la comunidad internacional y de los propios perjudicados, claro. También entre las dos Coreas existe un largo muro, entre México y EEUU otro, donde el vecinos del norte intentan frenar la ola migratoria de los que buscan cumplir el sueño americano. Marruecos levanta la suya contra el pueblo saharaui. Y las de Ceuta-Melilla pertenecientes a España,  sustituyeron el hormigón por  altas barreras de alambre con cuchillas.

Y hay más barreras que quedan sin mencionar, pero las mencionadas bastan para dar un panorama de hasta dónde están dispuestos a llegar los gobiernos, sean del pelaje político que sean, demostrando en realidad con esas barreras el grado de intolerancia y las pocas ganas de ganar la paz negociando, buscando soluciones acordadas con el apoyo de la comunidad internacional o regulando una migración que se hace incontenible. La presencia de esas barreras parecen imbuir a la gente y sus gobernantes, policía y fuerzas armadas de una  falsa seguridad frente a la incontenible migración. Muros que en realidad son frágiles y muchas veces inefectivos como si estuvieran construidos con terrones de azúcar.  Porque la voluntad humana de sortear barreras siempre será más fuerte que la intención de impedirlo. Muchos quedan por el camino, es cierto, pero siempre hay quienes contra todo pronóstico llegan "al otro lado" en una frágil patera, por un túnel o desgarrándose la piel. El muro es uno solo, las formas de sortearlo numerosas.



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