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jueves, 5 de febrero de 2015

La intolerancia madre de todos los males

El otro día el jefe del Gabinete del gobierno argentino Jorge Capitanich realizó una acto que los medios de prensa a nivel mundial resaltaron con grandes titulares. Romper ante otros periodistas un ejemplar del diario Clarín fue la estupidez (no tiene otro nombre) más grande que se le puede haber ocurrido a este alto representante del gobierno de Cristina Kirchner. Su gesto, que si no fue estudiado habla mucho del carácter impulsivo y la falta de control de sus emociones de Capitanich, pinta de negro a todo un gobierno necesitado de ofrecer más transparencia y rigor frente a una tragedia como es la muerte del fiscal Nisman.

Capitanich le sirvió en bandeja más agua para su molino a la oposición y a la prensa que diariamente fustiga al gobierno y así seguir machacando la gestión de Cristina Fernández que cada vez pierde más apoyo dentro del país. Incluso cuando después se confirmó lo que Clarín había publicado, es decir que el fiscal Nisman había sopesado en uno de sus borradores la alternativa de mandar a detener a la presidenta, algo que al parecer desechó finalmente. Lo extraño de todo esto es que ya hay pocas dudas que a pesar de los indicios, no hay pruebas concluyentes que la presidenta argentina protegiera a los sospechosos de haber participado del atentado contra el AMIA. Sólo grabaciones telefónicas que no mostrarían nada más que insinuaciones donde no habría más que sospechas de que la presidenta podría estar implicada. Por eso se hace más incomprensible la reacción de Capitanich.


En realidad las reacciones del gobierno son una muestra más de la intolerancia que reina en la sociedad argentina, fruto de una división que persiste desde hace mucho tiempo, sin dudas desde el inicio mismo de este país como nación. Y que los sucesivos gobiernos no han sabido soldar. Al contrario, con los años parece que se profundiza esa brecha incluso en democracia, por eso para los que miramos de afuera lo que allí ocurre no deja de sorprendernos.
Lo que sí vemos es la intolerancia frente al rival político y la falta de respeto en esa historia llena de conflictos entre intereses económicos, políticos, reivindicaciones sociales, gremiales y otros ocultos bajo la superficie. Los compromisos son algo impensable en ese escenario? Hay un detrás de cada político embanderado con la tradición peronista un oportunista o un pichón de dictador como dice la oposición? Son solo "gorilas" los que cuestionan al peronismo y sus planteos referentes a la economía, las libertades y la transparencia?

Sólo los argentinos pueden responder a esas preguntas, los de afuera somos de palo, solo podemos esperar que en algún momento cese la intolerancia, las fisuras históricas y nazca en cambio una sociedad tolerante donde el ciudadano realmente pueda sentirse orgulloso de su país. Porque cuando escuchamos los comentarios de los argentinos sobre lo que ocurre allí, solo percibimos frustración, desilusión y un profundo rencor. Como la del propio Capitanich cuando rompió el periódico en forma provocativa mostrando la peor cara de la intolerancia.

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