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lunes, 16 de febrero de 2026

El naufragio de Cardama

El desenlace que tuvo la compra de las embarcaciones patrulleras oceánicas (OPV) contratadas con Cardama S.A., la empresa española gallega y la actual rescisión del contrato, era como una “muerte anunciada”.


Ese contrato plagado de irregularidades e incumplimientos en los plazos establecidos, garantías truchas impresentables que los exministros de Defensa: Javier Garcia y Armando Castaingdebat, ambos del PN,  siguen tozudamente defendiendo a rajatabla,  a pesar de todas las advertencias que recibieron durante la gestación de la adquisición y,  posteriormente, cuando los plazos no se cumplían para el tema del aval de la garantía por una empresa que no existía, ni la marcha a paso de tortuga de la construcción de la mismas OPV. Hasta un diputado blanco con experiencia de chapista, según su propia versión, visitó el astillero para sacar unas cuestionables fotografías y conclusiones de la marcha del trabajo, como si esas fotos fueran prueba de algo más allá de la supina ignorancia de quien cree que con supercherías puede engañar a la opinión pública.


Salvo al PN y su coro de ranas coloradas y de otros colores, croando al unísono,  untados con la grasa de las planchas horriblemente soldadas, defienden lo indefendible y anuncian graves consecuencias para el estado si el astillero recurre la medida. ¿En serio? Entiendo en que les va la vida si no disparan hacia adelante, acusando al gobierno de querer destruir todo lo que construyó con tanto “ahínco y sacrificio” el expresidente Luis Lacalle y su gobierno. Sin embargo, al momento de hilar fino, las mallas de las redes con las que trataron de coser un manto de mentiras y falsedades, vemos como se deshilachan rápidamente y dejan al descubierto una posible trama de corrupción que la justicia investigará en una causa penal abierta.


Todo el mundo se cuida de apuntar con el dedo a los posibles responsables de este fraude que ya le costó al estado uruguayo unos 30 millones de euros, pagados según las reglas del contrato.  La sangría se detiene ahora al rescindirse el contrato con Cardama S.A., que deberá enfrentar un juicio por su intento de fraude y probablemente resarcir a Uruguay por daños y perjuicios de resultar favorable el veredicto a favor de las autoridades del país. Lo bizarro de todo este escenario montado por la oposición republicana es que a pesar de las investigaciones del gobierno uruguayo, apoyado por las propias inspecciones de ministerio de Defensa y últimamente por las investigaciones del Bureau Veritas, que demuestran las carencias y riesgos que conlleva de seguir adelante con el proyecto. Porqué la oposición republicana usa los argumentos de Cardama para criticar la decisión del gobierno? La denuncia penal pone en el tapete no solo lo que digan los exministros sino también los gallegos responsables de firmar el contrato, o sea el director general del astillero y quién sabe qué otros implicados. Y si dicen la verdad o parte de ella, a quienes creen que salpicará esa posibles declaraciones cargadas de correos-e,  grabaciones, vídeos, documentos secretos etc.? Es una buena razón para algunos para estar nerviosos y defender lo indefendible ya que están con la espada de Damocles sobre su cabeza. Hasta amenazan con las consecuencias para el estado uruguayo de seguir adelante con esto. Les falta gritar: ¡Paren! Una diáfana actitud e intención por la defensa de los intereses del pueblo uruguayo, dicen. 


Seguir el rastro del dinero es un principio fundamental para levantar las piedras donde intentan esconderse los alacranes que entre otras cosas, firmaron el contrato del puerto de Montevideo con Katoen Natie por sesenta años; las escandalosas maniobras para beneficiar a ciertas mutualistas en perjuicio de ASSE y la salud pública; aquel famoso pasaporte express al narcotraficante más buscado en América Latina: Sebastián Marset, detenido entonces en Dubai, solo por nombrar algunas perlas dejadas por el buque insignia del capitán Pompita de jabón. 

Llegó la hora de la verdad, y están desesperados por cubrir con ese manto de falacias la realidad, impulsan la versión de ese fraude de las lanchas OPV de Cardama, mostrando en sus argumentos los mismos defectos de construcción que las soldaduras, las planchas, los escalones de las escaleras y la seguridad de esas patrulleras. Insisten en no reconocer que se equivocaron feo. Algunos piensan que está en su ADN, como aquel alacrán que le pide a la tortuga que lo cruce a la otra orilla del río. ¿Será verdad? 

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