Nadie podía imaginar que en la noche del 10 de agosto de 2019, en el Centro de Corrección de Nueva York, donde ocurrió lo que oficialmente se conoce como el suicidio de Jeffrey Epstein, la apertura posterior de los archivos de este “hombre de la isla”, provocaría un tsunami de escándalos que implican a las figuras más conocidas de la política, las finanzas, las monarquías, el espionaje, el mundo del espectáculo ( seguro que me faltan muchos más).
Tres millones de páginas, 180 000 imágenes, 2 000 vídeos y una lista de nombres de innumerables países que hace erizar la piel a quienes confiaban ciegamente en tales personajes. Solo como botón de muestra: Elon Musk, Andres Pastrana (expresidente de Colombia) Ehud Barack (exprimer ministro de Israel), Bill Gates y Mette Marit, princesa noruega; el expríncipe Andrew Mountbatten-Windsor; el político laborista británico Peter Mandelson, cuyo caso saltó a la luz pública cuando el parlamento debatió si era conveniente su nombramiento como embajador británico ante EEUU, conocido el contenido de los archivos. El tema sigue sin resolverse, al parecer.
Y por supuesto, Donald Trump. Como gato entre la leña se defiende el presidente de tales acusaciones sin convencer a sus rivales. Trump niega ser un pedófilo y haber abusado de menores en el paraíso de la isla. Los jueces y el partido Demócrata están interesados en que las pruebas sean contundentes y lo obliguen a renunciar. No por las víctimas, me atrevo a opinar, sino por las posibilidad de revertir sus políticas nacionales e internacionales.
Por lo expresado por la justicia, todavía es incierto si los correos electrónicos, fotos y videos significarían pruebas suficientes que lleven a una imputación a estos personajes con poder y dinero. Además, si no hay denuncias de las víctimas que testifiquen, la posibilidad de condenar es prácticamente imposible. Entre bomberos nadie se pisa la manguera y la posibilidad de sobornar con importantes sumas de dinero a las posibles víctimas no es improbable entre estos individuos con fortuna.
Volviendo al tema del suicidio, lo ocurrido aquella noche despierta muchas interrogantes porque casualmente la cámara de vídeo en la celda y corredor estaba fuera de servicio; los guardias estaban …¿durmiendo? y no realizaron las inspecciones programadas a las 03:00 y 05:00; la puerta de la celda sin… ¿cerradura? Solo podemos especular que aquel hombre con tantos contactos y poder por la información que manejaba, y que aprovechaba para vender a quien quisiera comprarla, era un peligro si abría la boca. Muerto, por mano propia o ajena, muerta la rabia… pero el ahorcado guardaba una carta en la manga. Veremos si es más peligrosa si él mismo abría la boca.

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