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viernes, 15 de mayo de 2026

El dragón atrapa al águila desplumada

 

Con alfombras rojas, marchas militares, soldados con uniformes impecables e envidiable disciplina, y niños vitoreando, así fue el recibimiento de China al presidente Trump y a su comitiva. Un escenario que Beijing preparó meticulosamente antes de pronunciar las amables palabras diplomáticas y los brindis por la futura cooperación entre ambos países.

Algunos detalles, sin embargo, no pasaron desapercibidos: Xi Jinping no recibió al pie de la escalerilla del avión a su colega norteamericano, sino que el vicepresidente Han Zheng fue el encargado de darle la bienvenida. Algunos interpretan como la primera advertencia. No eres tan importante como te lo crees, muchacho. Otros le quitaron importancia, pero rechinando los dientes.


Las condiciones que Beijing le puso delante de las narices al presidente Trump en la mesa de las negociaciones es que, si quieren evitar la guerra,  no continúen  vendiendo armas a Taiwán y dejen de tratar de expandirse por la esfera de influencia en el mar de China. Al parecer, Trump estaria aceptando esas condiciones, y dijo a su regreso a EEUU, que el estrecho que separa Taiwán de China continental no es importante para EEUU, y que está de acuerdo con la reunificación pacífica de la isla con China  y en favor de la paz , la concordia… y los negocios.


 La contrapartida es que Beijing habría prometido dialogar con Teherán para que el estrecho de Ormuz sea abierto y fluyan el petróleo, el gas, los fertilizantes, el helio y otros suministros que están golpeando las economías de los países de todo el mundo. Eso está, sin embargo, por verse si Teherán recibe garantías suficientes y finalmente Washington acepta la mayoría de las condiciones que pone Teherán para liberar el paso por el estrecho de Ormuz. Para que se cumpla esa premisa, debe cesar el bloqueo militar de EE.UU. al golfo Pérsico; que la presencia de las bases militares en los países del Golfo sea mínima o desaparezca; que se firme una paz duradera y confiable; que las investigaciones sobre desarrollo nuclear siga negociándose, etc.  

Así lo afirman los principales analistas geopolíticos que siguen de cerca este nuevo orden mundial. Al parecer, el conflicto ruso-ucraniano no fue considerado entre ambos mandatarios, pero durante esas horas Moscú envió un mensaje de más de mil drones y misiles que golpearon a lo largo y a lo ancho el  territorio ucraniano, con un anuncio, “no se olviden que Rusia también está sentada a la mesa, aunque no la vean”. Algo que ocurrirá en los próximos días cuando el presidente Putin visite Beijing, lo que indica que Xi Jingping continúa tejiendo su alfombra de seda para poner orden donde el presidente Trump derriba los objetos como elefante en un bazar. No obstante, y hay que mencionarlo, esta estrategia del desorden tiene un sentido que hasta ahora se ha obviado porque esconde un cambio radical en ese nuevo orden mundial: el ascenso de la Nueva Roma, es decir Moscú, como lo pronostica Alexander Dugin, el filósofo ruso que viene anunciando cómo se verá el mundo en el futuro y que trataremos en el próximo artículo.


Hay que señalar que Trump no solo desembarcó con una parte de su gabinete sino que lo acompañaron los principales representantes de las corporaciones tecnológicas, financieras y (pocos) industriales, con el propósito de hacer negocios, o por lo menos tratar de romper el muro que protege el mercado chino de las exportaciones estadounidenses. Trump pretende introducir en el mercado chino los productos que su país necesita vender para fortalecer las empobrecidas finanzas y pagar la deuda infinita que empobrece cada vez más a la mayoría de sus ciudadanos, no a las élites por supuesto. Para eso se hizo acompañar a último momento por el aliado más importante de estas corporaciones privadas acomodadas en el avión presidencial: Jensen Huang, el CEO de Nvidia, productor de los chips más avanzados del planeta y que Washington le había prohibido a China importar. Ahora habría vía libre, a su vez que Xi Jingping destrabaría la venta de tierras raras a las empresas tecnológicas que están desesperadas por esos minerales para producir su avanzada tecnología.


En el artículo anterior destacábamos la importancia de estos nuevos “Reyes filósofos de Silicon Valley”, y en esta visita vemos todo su poderío real para darle respaldo al poder político cada vez más debilitado de EEUU. Veremos si esta visita realmente termina como Trump anuncia a los medios de su país, “histórico, fantástico, maravilloso, impecable”, toda esa verborrea de la que no puede desprenderse porque sabe, que lo que dice es mayormente puro humo.


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