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domingo, 15 de agosto de 2010

Se nos marchó Benigno Torres

Benigno se nos fue por la puerta grande del recuerdo. Nuestro apreciado colega de Panorama radicado en la ciudad de Malmö, falleció el 10 de agosto rodeado por su familia más cercana, su compañera Luisa y sus hijas. Personalmente lo conocí muy lejos de los largos corredores de la Casa de la Radio en Estocolmo donde lo encontraría después. Ocurrió una fría noche de invierno de 1972 cuando lo vi aparecer por primera vez caminando por el corredor ( "la planchada" como le decían los presos en su jerga) que separaba las celdas en el Penal de Punta de Rieles, donde los militares nos habían alojado provisoriamente a los presos políticos antes del traslado al Penal de Libertad.
Con su andar tranquilo y aquél cuerpo voluminoso, además de su altura, Benigno dominaba aquél corredor ya a los pocos días de haber sido alojado allí, y repartía aquéllas melladas hojas de afeitar que nos entregaban los soldados, conversaba con unos y otros a través de las rejas, entregaba cartas, pasaba mensajes y dialogaba con los soldados de guardia de igual a igual. Su personalidad transmitía confianza y su voz aterciopelada y sonora, pero firme al mismo tiempo, hipnotizaba y hacía olvidar a los uniformados cualquier pretensión de quitarle lo que ya "El Gordo" les había ganado con su siempre bien afinado discurso.

Luego lo vi caminar junto a otros presos alrededor de la cancha de fútbol del Penal de Libertad, destacándose no sólo por su volumen y altura, sino porque era el único preso que no portaba el uniforme gris con un número en el pecho, ya que la talla de Benigno estaba por arriba de las que los militares habían diseñado para los uniformes de los presos. Así el gordo tuvo la suerte de zafarse de vestir aquél repugnante uniforme, aunque no se salvó de que le raparan el pelo como al resto de todos nosotros.

Pasaron muchos años hasta que la vida nuevamente nos puso en el mismo camino. La redacción de Panorama, el informativo en castellano de Radio Suecia lo descubrió allá por la primera mitad de los 90 y se convirtió en nuestro corresponsal en Malmö durante muchos años. Desde allí nos hacía llegar las novedades y acontecimientos que ocurrían en el cosmopolita puerto sureño sueco.
Era un placer escuchar su voz que dibujaba y le ponía color a las cosas que pasaba allí, desde la perspectiva del uruguayo, que radicado en uno de los suburbios de la ciudad (separada de la capital danesa Copenague por el estrecho de Öresund), poco a poco iba deshilvanado los códigos de la nueva sociedad e interpretando los hechos con su análisis perspicaz y no pocas veces cargados de humor.

A comienzos de este año me enteré que la salud de Benigno no estaba muy bien. Entonces le escribí un email al gordo para saber si era cierto que estaba muy jodido o no.En esos días había asumido el Pepe Mujica como nuevo presidente deUruguay, algo a lo que hice mención en el email, comentando las perspectivas que se habrían ahora para nuestro país. Conociendo el interés por la política de Benigno, me sorprendió su respuesta, pues no mencionaba en absoluto lo que ocurría allá en Uruguay.
Su respuesta fue en cambio una larga misiva con una detallada descripción de sus males. Al principio me pareció que era en serio, pero después por el mismo tono de la respuesta, creí que estaba bromeando. Le respondí dándole aliento aunque no muy convencido que todo no era otra cosa que esas bromas que el gordo le gustaba gastar. Pero no recibí ninguna otra respuesta. Un silencio de semanas hasta que después pregunté a otros amigos si sabían algo de Benigno y me dijeron que no sabían nada. Luego llamé por teléfono a su casa y no tuve respuesta ya que no había nadie en la casa ni contestador automático donde dejar un mensaje. Llegó el verano con las vacaciones y aquél email se me olvidó.

Pero el otro día me llegó finalmente la noticia de que Benigno se había despedido definitivamente. Aquélla descripción de sus males no había sido una broma, sino que el estilo había estado cargado de ironía ante un fin que él seguramente avizoraba ya como irreversible.

El gordo vivió intensamente, desde muy joven quedó huérfano y comenzó a recorrer solo "la planchada" de la vida. Sé que fue afortunado en el amor, y cómo no serlo con su capacidad de seducción. Fue locutor de radio desde muy joven, y conoció a todos, estrellas y estrellados, dentro de la vasta población de gente de la cultura y la política -y de otros tantos campos- que había por conocer en aquélla época de los 60 en Radio El Espectador. Sé que en esa emisora se lo recuerda con mucho aprecio y admiración por los veteranos de la radio.

 Nosotros, una generación un poco más joven, recordaremos siempre a ese gordo bonachón, de cuerpo grande (una vez me rompió una silla en la cocina de mi casa) pero de corazón entrañablemente más grande.
Y como casi todos los gordos, Benigno era un gran cocinero, cosa que pude comprobar en más de una ocasión. Por eso, como un buen hedonista y epicúreo que fue, quiero saludarlo desde este otro lado de la costa del río Estigia, ese que Caronte cruza a los muertos en la mitología griega y romana, con una copa de vino, de ese que él ya no podía beber por causa de los daños y los años, pero que más da ahora, así que querido amigo SALUD!!... y hasta siempre.
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