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sábado, 25 de julio de 2026

Cuando la Paz es solo sinónimo de guerra.

Esta es una versión dulce del artículo que los censores o algoritmos me borraron la semana pasada, que olfatean todo lo que no conviene que se publique como contraargumento del discurso oficial. Veremos si esta versión es publicada u omitida como el artículo anterior, donde algunos nombres o hechos levantan todavía ronchas y no deben salir a la luz pública, aunque para muchos ya están quemados a la luz de las hogueras.


El tema de la guerra permanente en las regiones de Europa oriental, Asia occidental y otros continentes, despierta en algunas personas que analizan la situación, la idea de que estamos ya ante el escenario de la 3aGM. No puedo juzgarlo con mi experiencia y conocimientos de cuándo es que estamos ante ese terrible fenómeno. 


En todo caso, de ser cierto, es imposible dejar de pensar y constatar que tanto la guerra entre Ucrania y Rusia y EEUU con Irán, se recrudecen día a día. Bajo la línea de flotación de estos conflictos , hay otros países, organizaciones, empresas multinacionales y medios de comunicación corporativos con sus propios intereses, todos implicados e interesados en el desarrollo de esos conflictos porque ven su oportunidad de obtener eso que ambicionan todos ellos, más dinero y poder.


La enfermiza propaganda de que la guerra parece ineludible pude observarla en días pasados en el titular de una noticia en la radio pública, Sveriges Radio, (fue eliminada poco después) donde el reportero citaba a uno de los responsables de cierto ejercicio militar de la Defensa junto a la policía, donde simulaban defender el Parlamento de “ciertos invasores” que deseaban ocuparlo. El mensaje era el siguiente: ”Deténganse, observen y disfruten”. Ese era el mensaje a través de ese medio público de una acción en la que cualquier persona con dos dedos de frente se conmovería, y no para disfrutar, sino para horrorizarse ante la realidad de ver soldados y policías, helicópteros y quien sabe cuantas armas de todo tipo más en el lugar, simulando defender lo imposible. Irónicamente en la guerra de hoy no son los soldados enemigos los que golpearán al parlamento, sino los drones y los misiles supersónicos los que lo harán polvo en pocos segundos, junto a todos los que allí estén reunidos, civiles y soldados. Parece que algunos todavía no se han enterado de lo que va la guerra moderna.


Y no es raro, porque el índice de psicopatía que envuelven a políticos y funcionarios de algunos gobiernos europeos, es para desgarrarse las vestiduras ante tanto mensaje belicista sin responsabilidad alguna, cumpliendo, desgraciadamente, con la misión que les encargó el hegemón del Norte desde hace décadas: sacrificar a Ucrania y luego a toda Europa occidental, si es necesario (bueno, a su juventud), en una guerra sin futuro y que en el peor de los casos, puede significar el fin de esta  “civilización”. Porque la guerra es entre los civilizados y los pueblos bárbaros. Recuerden las paradojas de la Historia que no es como nos la han enseñado. No, ahora se entiende el mundo como Orwell lo entendió en 1984:

  Francia fue invadida por el zar ruso Nicolás I y el valiente Napoleón se vio obligado ya marchar con su ejército llegando hasta Moscú; Reino Unido salió en defensa de sus “legítimos  intereses” cuando invadió Crimea en 1853-56; Stalin invadió Alemania y Hitler atacó en defensa propia y de la Europa democrática de la amenaza permanente; la ultraderecha ucraniana, con respaldo de EEUU y la UE, defendieron la democracia y la libertad cuando dieron un golpe de estado en Kiev, en 2014 derrocando al presidente Víktor Yanukovich, prohibiendo el idioma ruso, la religión ortodoxa tradicional y sus rituales, y atacaron el Donbás, poblado mayoritariamente por ucranianos de etnia rusa e idioma ruso. Los demócratas neonazis usurparon el poder respaldados por la OTAN y la embajada de EEUU, con la ayuda de 5000 millones de dólares.

Si, pero no olviden que siempre son los cosacos, los tártaros y los mongoles que, a los largo de la historia, amenazan a la civilización nuestra, judeo-cristiana, tan limpia de genocidios y barbaridades. 

Si uno se asoma al abismo, corre el riesgo de convertirse en el mismo monstruo que te observa desde las profundidades, según Friedrich Nietzsche. 

Suena trágico, y lo es, porque son millones los que todavía miran al abismo y se contagian con la mirada del monstruo y comulgan con sus ideas y acciones, elaboradas en los talleres digitales de los nuevos capos  de la llamada Guerra Mental, de las tecnologías de Silicon Valley, del complejo militar industrial, de los magnates del petróleo, de las finanzas, cuyo fin es el control total de los recursos naturales, materiales y humanos de todo el planeta, mientras sirvan a sus fines. El resto, somos prescindibles.


      

viernes, 10 de julio de 2026

La cumbre de la OTAN en su mejor versión

 

Esta semana tuvo lugar la reunión de los miembros de la OTAN en Ankara, Turquía, donde los 32 países miembros  (eran 7 en 1991) discutieron y hasta se pelearon por los asuntos referidos a los actuales conflictos en curso, la financiación de las nuevas inversiones del aparato militar y de la poca colaboración de Europa con el consternado Donald Trump y su guerra sagrada contra Irán.


Si bien las conversaciones y los discursos entre esos miembros giraron como no podía ser de otra manera,  principalmente, sobre  la guerra en Ucrania y la situación en Oriente Medio, Irán, Líbano, Israel, etc. la consigna es atacar y atacar, la guerra se convertirá en la paz tan deseada, según Marco Rubio, secretario de estado norteamericano. El espíritu de Alaska en el basurero.


La humillación que sufre la Alianza atlántica a través de su fracaso en doblegar la voluntad de Rusia que sigue avanzando meticulosamente en el frente de guerra del Donbás y en otras regiones como Zaporiya y Karkiv, es notable y la desesperación por cómo hacer para revertir esa situación es desesperante para los generales ucranianos.

Rusia a su vez intensificó significativamente los bombardeos con misiles y drones sobre Kiev y sus objetivos está siendo las plantas industriales militares de ensamblaje, fabricación y plantas de producción energética. El tema es que Ucrania ha ubicado depósitos de armas y fabricación de material bélico en la zona urbana vecina a Kiev que, al ser atacadas, producen efectos secundarios demoledores en los edificios vecinos donde se alojan civiles que de no alcanzar a refugiarse, son posibles víctimas colaterales de esas explosiones. Explosiones mortales como

en el caso del suburbio capitalino de Vyshneve,(foto) donde explotó un depósito de municiones cargadas con uranio empobrecido. Las consecuencias no sólo provocaron muertos y heridos entre los civiles, sino que el polvo radioactivo expandido en el lugar tendrá efectos a largo plazo.


De todas formas, la Alianza atlántica que, para seguir apoyando y  financiando a Ucrania, tiene que seguir poniendo incontables recursos, es decir miles de millones de dólares y euros que no existen en realidad, en esta ocasión se prometieron 70 000 millones de dólares para 2026 y la misma suma para 2027. Ese dinero, en realidad, no existe en las cajas fuertes de los otanistas, sino que tendrán que ser fruto de préstamos onerosos para los países miembros. Préstamos que pesarán en los bolsillos de los contribuyentes europeos que, por ahora, parecen estar reaccionando tímidamente con alguna excepción, como Florian Philippot, líder del derechista partido francés Le Patriot quien ha dicho Basta!,  avistando las consecuencias sociales y políticas de tales promesas que se pierden en el pozo negro de la corrupción ucraniana y en la burocracia europea.

Pero como han dicho algunos generales y políticos más audaces, “hay que luchar hasta el último ucraniano”, los mandatarios más dóciles callan y obedecen. La caída der Konstantinivka y el asedio que se acerca de Kramatorsk y Sloviansk, dos importantes ciudades y las últimas del Donetsk, demuestra cómo se resquebraja el frente militar ucraniano. La Alianza atlántica parece cada vez más a la deriva en este tema, cuyo liderazgo  cuestionado por la Casa Blanca ,en particular algunos de sus miembros, como España significativamente, lo que produce ronchas en la piel de Europa que, a pesar de todas esas humillaciones, sigue dejándose maltratar por el presidente norteamericano y, al final, en la foto de familia,  todos sonríen y terminan a los abrazos. Otro ejemplo, “Groenlandia estará mejor en manos de EEUU”, dijo una vez más Trump a quien quisiera oírlo. Toda esa realidad es un tembladeral mientras la guerra continúa en Irán a pesar del Memorando de un alto el fuego declarado entre EEUU y la nación persa. Por un lado el estrecho de Ormuz bajo fuego iraní contra los barcos que no siguen las reglas impuestas por Teherán y que forman parte del Memorando; la repuesta los bombardeos de los norteamericanos como excusa por el daño a esos barcos “protegidos” por la marina estadounidense. Esos ataques fueron contra objetivos iraníes ubicados en la costa y la respuesta iraní con los misiles contra las bases norteamericanas. En la región causando daños sobre los que se guarda el hermetismo de siempre. La guerra eterna pronosticada por la novela de Orwell sigue tercamente vigente.


Tal vez el que se retiró más contento por el resultado fue Volodomir Zelensky, presidente de facto de Ucrania, con motivo de la promesa de los miles de millones de dólares y euros que recibirá si se cumple la promesa, sino que también hizo nuevamente  buenas migas con Donald Trump, quien le habría prometido la licencia de construir en Ucrania las baterías de los misiles tierra-aire Patriot. Así gira la rueda del infierno, el círculo que se retroalimenta en las trincheras con nuevos cuerpos de una juventud sacrificada y perdida que sucumbe en el barro al que los condenaron los pretendidos líderes que siguen apostando por la fórmula de que no hay mejor forma de ganar La Paz y una fortuna inagotable que fabricando armas, donde antes se fabricaban autos, lavarropas o tractores. Alemania es el mejor ejemplo de reconversión industrial como en épocas pasadas. La historia no se repite, pero rima.



jueves, 2 de julio de 2026

Resultados que no sorprenden


Las elecciones en Perú y Colombia arrojaron resultados que de alguna manera estaban previstos según las encuestas. Serían muy parejas y con un resultado incierto hasta la última hora. Que la derecha más extrema se impusiera según los últimos informes conocidos, tampoco sorprende. Si el resultado es amañado como parte del entramado que algunos analistas sospechaban para evitar que el centro izquierda ganara la contienda electoral, es una incógnita por ahora, pero el asunto está bajo sospecha. 

Hay que probarlo y a veces no alcanza. Si fuera al revés, tendríamos numerosas agencias e instituciones afirmando lo del fraude, aunque no tuvieran pruebas. Los perdedores, en este caso Roberto Sánchez en Perú y Abelardo Cepeda en Colombia, están buscando revertir los resultados a través de impugnar esos cómputos ante la justicia. Una Justicia que desde que existen las instituciones en esos países en este tipo de cuestiones, muchos dudan de su imparcialidad.


No obstante estas disputas legales no podemos dejar de preguntarnos lo hábiles que son estos estrategas y líderes políticos de la derecha que, a pesar de toda la historia de corrupción, asesinatos masivos, represión y empobrecimiento de vastos sectores de esos mismos grupos afectados por sus políticas de ultraderecha, logran que un buen número de ellos voten a su candidato. ¿Es la ignorancia de lo que ocurre más allá de su propia realidad que empuja al individuo a votar por el candidato que más allá de las promesas electorales de diverso tipo, llega más hondo a los sentimientos de esas personas? ¿Es el miedo a las represalias del patrón en los ámbitos más locales? ¿Es la desilusión sobre los cambios prometidos por los gobiernos progresistas apenas hechos realidad o ausentes que, simplemente, deciden el voto porque  “a lo mejor este otro me cambia la vida”?


Dentro de la izquierda a menudo juzgamos negativamente a la gente humilde por votar al candidato equivocado. Creemos que un programa de gobierno con promesas y reformas populares de justicia social, cambios democráticos con más derechos para los ciudadanos y grupos marginados o discriminados, mejores condiciones y cambios para todos en las instituciones públicas de la educación y salud, vivienda digna, haciendo especial énfasis para los sectores más olvidados, más seguridad pública también ha sido incorporada en el programa porque es un tema recurrente en todas los países. Todas esa promesas deberían alcanzar para que la gente vea en ese partido y a su candidato o candidata una posibilidad de mejorar sus condiciones de vida. En Uruguay un programa de ese tipo  alcanzó para que la izquierda progresista ganara otra vez el gobierno. Hoy la derecha con su narrativa anula la percepción de mucha gente sobre las múltiples reformas en beneficio de los sectores más humildes por carencias en la comunicación del gobierno con la gente. Y los medios corporativos no ayudan, por el contrario, los titulares y contenidos no se basan en un relato imparcial, sino sesgado y mal intencionado. Brasil y México mantienen todavía una resistencia a las presiones trumpistas inagotables. Cuba y Nicaragua en el horno, negándose a ser asados al spiedo pero bajo amenaza permanente. Son las excepciones en el continente que se va tiñendo del color pardo del fascismo a lo largo y ancho. 

Venezuela parece haber sucumbido después del ataque que se llevó a Maduro y a su esposa Cilia Flores a las mazmorras de Nueva York bajo falsas acusaciones de ser el jefe de un cartel de la droga que, lamentablemente, muchos medios liberales y de la izquierda más light simularon que podía ser cierto o no lo desmintieron, creyendo además toda la melodía sobre el resultado de las elecciones. Nunca cuestionaron el informe de la Comisión Carter ni las afirmaciones de la Casa Blanca interesadas todo el tiempo en reafirmar esa narrativa. No destacaron nunca la versión de otras instancias y las del propio gobierno venezolano. De acuerdo, muchos opinan que la entrega de Maduro fue un pacto cuando el presidente venezolano vio que lo habían entregado sus propios aliados, si es cierta esta versión. Y pueden tener razón. Algún día sabremos la verdad, quizás.


La derecha tradicional, cada vez más libertaria y extrema, ha aprendido a resistir tales programas progresistas con campañas emocionales, de odio y miedo. Esto es esencial para comprender que la manipulación de la conciencia ciudadana es clave para cambiar gobiernos. Han aprendido lo fácil que es manipular las conciencia de la gente con baja o ninguna educación a través de los medios corporativos tradicionales, financiados o ser propiedad de esos grupos económicos cuyos programas siguen al pie de la letra los candidatos elegidos y contribuyen a difundir las noticias falsas. Ellos muestran quienes son los verdaderos enemigos que amenazan “tu libertad, tu familia y tu seguridad”. Asustar a la clase media con las subidas de impuestos y restricciones de la izquierda es fácil, es una”papa” diríamos en mi país. Aquellas reformas planteadas por el progresismo que parecen tan justas, son en realidad una carga impositiva que no aliviará tu pérdida de ingresos por la inflación, ni le sacará al más humilde de la pobreza ni de esa casucha de lata y cartón; o de las deudas que tiene la chacra o la granja del campesino; o del desempleo al obrero; “ni tus hijos se sentirán más seguros contra los delincuentes del barrio ni comerán más a la hora de la cena si apoyas a los comunistas”. Aquello de “que te robarán tus hijos y se los entregarán a Putin” funciona todavía en algunos países.  Se afirma sin pestañear, “ que nuestras políticas sí que darán resultados inmediatos con más policías, cárceles y militares en las calles, mano dura como lo hace Bukele en El Salvador o lo hizo Bolsonaro en Brasil”. “Gozarás de la libertad que nunca tuviste para realizar tus sueños”. Esta palabra ”sueños por realizar” no puede faltar en los discursos y llega al corazón a los que está dirigido. Emociones y más emociones. No es mucho más complicado para ellos. Eso sí, millones de dólares para aceitar la maquinaria propagandística y las coimas necesarias para que sea posible sobornar a quienes se conforman con una bolsa de alimentos del supermercado, unas chapas para mejorar “la vivienda”, unos juguetes para los niños de la casa. Esa es parte de la dinámica, y seguro que hay mucho más en la caja de herramientas de esos estrategas. Han tenido oportunidad de aprender e ir afinando sus estrategias y tácticas para derrotar al progresismo o a la izquierda que se mueve dentro de los parámetros de la “verdad y la justicia”, sin advertir cómo los tiempos cambian y ambos conceptos han sido transformados por ideólogos que adoran lo que un ególatra y paranoico como Trump, vomita cada a vez que abre la boca. “Hacer America más grande” o “lo maravillosa y estupendas que son nuestras FFAA”; la consigna de Milei: “reventar a esos zurdos de mierda”; el de Bukele: “el dinero alcanza cuando nadie se lo roba”; la de Kast en Chile: “Chile se siente diferente”. Tan simple y estúpido al mismo tiempo, que da vergüenza ajena. Pero es la llave para muchas conciencias y su percepción para ver la realidad. No dudo que el precio que pagarán las próximas generaciones de estas sociedades será muy alto.  ¿Reaccionarán a lo que las anteriores y la presente no supieron revertir?