| Google no me permite publicar mi propia foto sino acepto sus cookies. Así evoluciona la libertad de expresión en el mundo digital. |
Las elecciones en Perú y Colombia arrojaron resultados que de alguna manera estaban previstos según las encuestas. Serían muy parejas y con un resultado incierto hasta la última hora. Que la derecha más extrema se impusiera según los últimos informes conocidos, tampoco sorprende. Si el resultado es amañado como parte del entramado que algunos analistas sospechaban para evitar que el centro izquierda ganara la contienda electoral, es una incógnita por ahora, pero el asunto está bajo sospecha.
Hay que probarlo y a veces no alcanza. Si fuera al revés, tendríamos numerosas agencias e instituciones afirmando lo del fraude, aunque no tuvieran pruebas. Los perdedores, en este caso Roberto Sánchez en Perú y Abelardo Cepeda en Colombia, están buscando revertir los resultados a través de impugnar esos cómputos ante la justicia. Una Justicia que desde que existen las instituciones en esos países en este tipo de cuestiones, muchos dudan de su imparcialidad.
No obstante estas disputas legales no podemos dejar de preguntarnos lo hábiles que son estos estrategas y líderes políticos de la derecha que, a pesar de toda la historia de corrupción, asesinatos masivos, represión y empobrecimiento de vastos sectores de esos mismos grupos afectados por sus políticas de ultraderecha, logran que un buen número de ellos voten a su candidato. ¿Es la ignorancia de lo que ocurre más allá de su propia realidad que empuja al individuo a votar por el candidato que más allá de las promesas electorales de diverso tipo, llega más hondo a los sentimientos de esas personas? ¿Es el miedo a las represalias del patrón en los ámbitos más locales? ¿Es la desilusión sobre los cambios prometidos por los gobiernos progresistas apenas hechos realidad o ausentes que, simplemente, deciden el voto porque “a lo mejor este otro me cambia la vida”?
Dentro de la izquierda a menudo juzgamos negativamente a la gente humilde por votar al candidato equivocado. Creemos que un programa de gobierno con promesas y reformas populares de justicia social, cambios democráticos con más derechos para los ciudadanos y grupos marginados o discriminados, mejores condiciones y cambios para todos en las instituciones públicas de la educación y salud, vivienda digna, haciendo especial énfasis para los sectores más olvidados, más seguridad pública también ha sido incorporada en el programa porque es un tema recurrente en todas los países. Todas esa promesas deberían alcanzar para que la gente vea en ese partido y a su candidato o candidata una posibilidad de mejorar sus condiciones de vida. En Uruguay un programa de ese tipo alcanzó para que la izquierda progresista ganara otra vez el gobierno. Hoy la derecha con su narrativa anula la percepción de mucha gente sobre las múltiples reformas en beneficio de los sectores más humildes por carencias en la comunicación del gobierno con la gente. Y los medios corporativos no ayudan, por el contrario, los titulares y contenidos no se basan en un relato imparcial, sino sesgado y mal intencionado. Brasil y México mantienen todavía una resistencia a las presiones trumpistas inagotables. Cuba y Nicaragua en el horno, negándose a ser asados al spiedo pero bajo amenaza permanente. Son las excepciones en el continente que se va tiñendo del color pardo del fascismo a lo largo y ancho.
Venezuela parece haber sucumbido después del ataque que se llevó a Maduro y a su esposa Cilia Flores a las mazmorras de Nueva York bajo falsas acusaciones de ser el jefe de un cartel de la droga que, lamentablemente, muchos medios liberales y de la izquierda más light simularon que podía ser cierto o no lo desmintieron, creyendo además toda la melodía sobre el resultado de las elecciones. Nunca cuestionaron el informe de la Comisión Carter ni las afirmaciones de la Casa Blanca interesadas todo el tiempo en reafirmar esa narrativa. No destacaron nunca la versión de otras instancias y las del propio gobierno venezolano. De acuerdo, muchos opinan que la entrega de Maduro fue un pacto cuando el presidente venezolano vio que lo habían entregado sus propios aliados, si es cierta esta versión. Y pueden tener razón. Algún día sabremos la verdad, quizás.
La derecha tradicional, cada vez más libertaria y extrema, ha aprendido a resistir tales programas progresistas con campañas emocionales, de odio y miedo. Esto es esencial para comprender que la manipulación de la conciencia ciudadana es clave para cambiar gobiernos. Han aprendido lo fácil que es manipular las conciencia de la gente con baja o ninguna educación a través de los medios corporativos tradicionales, financiados o ser propiedad de esos grupos económicos cuyos programas siguen al pie de la letra los candidatos elegidos y contribuyen a difundir las noticias falsas. Ellos muestran quienes son los verdaderos enemigos que amenazan “tu libertad, tu familia y tu seguridad”. Asustar a la clase media con las subidas de impuestos y restricciones de la izquierda es fácil, es una”papa” diríamos en mi país. Aquellas reformas planteadas por el progresismo que parecen tan justas, son en realidad una carga impositiva que no aliviará tu pérdida de ingresos por la inflación, ni le sacará al más humilde de la pobreza ni de esa casucha de lata y cartón; o de las deudas que tiene la chacra o la granja del campesino; o del desempleo al obrero; “ni tus hijos se sentirán más seguros contra los delincuentes del barrio ni comerán más a la hora de la cena si apoyas a los comunistas”. Aquello de “que te robarán tus hijos y se los entregarán a Putin” funciona todavía en algunos países. Se afirma sin pestañear, “ que nuestras políticas sí que darán resultados inmediatos con más policías, cárceles y militares en las calles, mano dura como lo hace Bukele en El Salvador o lo hizo Bolsonaro en Brasil”. “Gozarás de la libertad que nunca tuviste para realizar tus sueños”. Esta palabra ”sueños por realizar” no puede faltar en los discursos y llega al corazón a los que está dirigido. Emociones y más emociones. No es mucho más complicado para ellos. Eso sí, millones de dólares para aceitar la maquinaria propagandística y las coimas necesarias para que sea posible sobornar a quienes se conforman con una bolsa de alimentos del supermercado, unas chapas para mejorar “la vivienda”, unos juguetes para los niños de la casa. Esa es parte de la dinámica, y seguro que hay mucho más en la caja de herramientas de esos estrategas. Han tenido oportunidad de aprender e ir afinando sus estrategias y tácticas para derrotar al progresismo o a la izquierda que se mueve dentro de los parámetros de la “verdad y la justicia”, sin advertir cómo los tiempos cambian y ambos conceptos han sido transformados por ideólogos que adoran lo que un ególatra y paranoico como Trump, vomita cada a vez que abre la boca. “Hacer America más grande” o “lo maravillosa y estupendas que son nuestras FFAA”; la consigna de Milei: “reventar a esos zurdos de mierda”; el de Bukele: “el dinero alcanza cuando nadie se lo roba”; la de Kast en Chile: “Chile se siente diferente”. Tan simple y estúpido al mismo tiempo, que da vergüenza ajena. Pero es la llave para muchas conciencias y su percepción para ver la realidad. No dudo que el precio que pagarán las próximas generaciones de estas sociedades será muy alto. ¿Reaccionarán a lo que las anteriores y la presente no supieron revertir?