El tema de la guerra permanente en las distintas regiones del mundo siguen sacudiendo a los pueblos que pagan con sus vidas y posesiones materiales el desastre que provocan las decisiones de políticos y militares arrogantes e indiferentes al sufrimiento humano. La soberbia es la madre de esos errores que están envolviendo en el fracaso al hegemón del Norte y a sus sumisos aliados al otro lado del charco, que como soldaditos de plomo afirman estar preparándose para la guerra con Rusia. Bueno, ya están en ella usando a los ucranianos como carne de cañón y algunos de los suyos cuando están en el lugar y en el momento menos adecuado.
Algunos de los expertos geopolíticos que analizan la situación, afirman que estamos ya ante el escenario de la 3aGM. No puedo juzgarlo con mi experiencia y conocimientos de cuándo es que estamos ante ese terrible fenómeno. En todo caso, de ser cierto, es imposible dejar de pensar y constatar que tanto la guerra entre Ucrania y Rusia, y EEUU con Irán, se recrudecen los conflictos día a día. Bajo cuerdas, hay otros países, organizaciones, empresas y medios de comunicación corporativos con sus propios intereses involucrados en el desarrollo de esos conflictos.
La enfermiza propaganda de que la guerra parece ineludible, pude observarla hoy en el titular de una noticia en la radio pública sueca Sveriges Radio, donde el reportero citaba a uno de los responsables de prensa de la Defensa y la policía. Ambas fuerzas simulaban en esas acciones en el centro de la capital, defender al Parlamento de ciertos invasores que deseaban ocuparlo. El mensaje al público civil que se desplazaba por el lugar era el siguiente: ”Deténganse, observen y disfruten”. Ese era el mensaje a través de ese medio público local de una acción militar en la que cualquier persona con dos dedos de frente se conmovería, y no para disfrutar, sino para horrorizarse ante la realidad de ver soldados y policías, helicópteros y quien sabe cuantas armas más en el lugar, simulando defender lo imposible. Irónicamente en la guerra de hoy no son los soldados enemigos los que golpearán al parlamento, sino los drones y los misiles supersónicos los que lo harán polvo en pocos segundos, junto a todos los que allí estén reunidos, civiles y soldados. Parece que algunos todavía no se han enterado de lo que va la guerra moderna.
Y no es raro, porque el índice de psicopatía que envuelven a políticos y funcionarios de algunos gobiernos europeos, es para desgarrarse las vestiduras ante tanto mensaje belicista sin responsabilidad alguna, cumpliendo, desgraciadamente, con la misión que les encargó el hegemón del Norte desde hace décadas: sacrificar a Ucrania y luego a toda Europa occidental si es necesario (bueno, a su juventud) en una guerra sin futuro y que en el peor de los casos, puede significar el fin de esta ”civilización”(1). En realidad el sacrificio de Europa occidental ya se inició cuando renunció al comercio de los combustibles baratos de Rusia, petróleo y gas, y siguió el consejo de La Casa Blanca de comprarles a ellos esos recursos energéticos. Después de tres-cuatro años de guerra, este obligado comercio está desmantelando la industria nacional alemana, francesa y de otros países que dependen del comercio con estos países, una reacción en cadena que a su vez hacen resonar con más fuerza los tambores de guerra.
Porque somos los civilizados frente a los pueblos bárbaros. Recuerden que la historia que nos cuentan es en realidad al revés: Francia fue invadida por el zar ruso y Napoleón se vio obligado y fue en su defensa llegando hasta Moscú; Gran Bretaña y Francia y el Imperio Otomano se reunieron en defensa de sus "legítimos intereses" cuando invadieron Crimea para expulsar a los rusos de allí en 1853-57, porque el zar ruso quería desplazar a los turcos de la península; Stalin invadió arteramente Alemania y Hitler atacó en defensa propia y de la Europa democrática llegando hasta las puertas de Moscú; la ultraderecha ucraniana, con respaldo de EEUU y la UE, defendieron la democracia y la libertad cuando dieron un golpe de estado en Kiev, en 2014, derrocando al presidente Víktor Yanukóvich, prohibiendo el idioma ruso, la religión ortodoxa tradicional y sus rituales, y atacaron matando a 15 000 habitantes de esos Óblast en el Donbás, poblado mayoritariamente por ucranianos de etnia rusa y que hablan el idioma ruso y profesan la religión ortodoxa tradicional, porque no aceptaban la usurpación del poder de los neonazis, las prohibiciones impuestas por Kiev, respaldados por la OTAN y la embajada de EEUU detrás de las bambalinas, disfrazando la acción como el levantamiento del Maidán para provocar y justificar el golpe de estado. Si, siempre son los cosacos, los tártaros y los mongoles que, a los largo de la historia, amenazan a nuestra civilización judeo-cristiana, tan limpia de genocidios y barbaridades. Las primeras declaraciones del nuevo comandante en jefe de las FFAA de Ucrania Mijailo Drapati no deja dudas hacia dónde se orienta su ideología cuando afirma que “ Rusia no tiene derecho a existir”, según la misma prensa ucraniana. Los halcones rusos que presionan a Putin para que abandone la línea blanda de guerra simétrica y use todos los medios para aplastar a Ucrania y sus aliados de la OTAN, incluso armas tácticas nucleares, es una clara señal de cómo todo empeorará, definitivamente.
Si uno se asoma al abismo, corre el riesgo de convertirse en el mismo monstruo que te observa desde las profundidades, según Friedrich Nietzsche. Suena trágico, y lo es, porque son millones los que todavía abren los ojos ante el monstruo del abismo que se acerca por el capricho de los nuevos capos de las tecnologías de Silicon Valley, del complejo militar industrial, de los magnates del petróleo, de las finanzas en EEUU, cuyo presidente no renuncia a lo que el ADN de ese país los tiene acostumbrados: han visto tantas películas de Hollywood que los ha convencido de que los héroes buenos norteamericanos nunca pierden. Si son de fantasía mejor, como Superman, Batman, Capitán America. Aquí se juega la oportunidad de lo que Brzezinski describía como recursos naturales, estratégicos y humanos de Eurasia, mientras sirvan a sus fines y mantener la supremacía mejor que mejor.
El resto, somos prescindibles.
(1) En 1997 Zbigniew Brzezinski, quien ocupó altos cargos de gobierno en los organismos de seguridad bajo diferentes presidentes norteamericanos, elaboró su obra más conocida, una estrategia de cómo mantener la supremacía mundial a través de su libro El Gran Tablero Mundial de 1997, donde plasmó las ideas de que Eurasia es el centro clave del poder global, era el territorio continental que concentraba la mayor parte de la población, los recursos naturales y la actividad económica del planeta. Para ello había que gestionar, es decir apoderarse de esas instituciones y dominar las relaciones de poder en Europa, Asia y Oriente Medio. Los jugadores claves en ese tablero eran Rusia, Ucrania, Irán, China y Europa occidental. Si miramos lo que hoy ocurre en Ucrania, y cómo se la ha usado para provocar a Rusia, la guerra de desgaste y los intentos de resquebrajar la unidad del territorio ruso en tres partes: la Rusia occidental, la asiática con sus vecinos al sur de los Balcanes, y la siberiana en Extremo Oriente, es imposible ignorar que los propósitos de Brzezinski todavía siguen siendo muy actuales, aunque la ecuación está resultando cada vez más humillante y fracasada, porque un imperio en declive siempre sabe dar manotazos y patadas de ahogado.
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