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jueves, 25 de junio de 2026

¿En camino a la IIIGM?


Tapa del libro Años sin Paz
de Peter Englund.
En estos intensos días de entretenimiento futbolero, las armas no dejan de golpear las infraestructuras, almacenes, fábricas, puertos, centros militares, viviendas civiles, y un largo etc. en diversas regiones del planeta. Algunas son mucho más distinguidas según el interés de los medios corporativos que las cubren.El mundo está dividido en dos, partido en dos bloques, con decenas de millones de espectadores en la tribuna o en el sofá (yo también), mientras la suerte de millones de habitantes en las zonas de combate tratan de sobrevivir a misiles, bombas y drones.


Esta humanidad, y principalmente sus dirigentes, no dejan de sorprendernos al elegir el camino de la guerra y el uso de la intimidación para obtener los fines y metas que buscan a través de la conquista colonial como en los mejores tiempos de le Europa occidental en expansión. Ahora todo ocurre más rápido, es más destructiva y perniciosa, sin maquillaje, sin las alharacas por la lucha de los derechos humanos, la democracia y libertades. Nunca les importó esto en realidad, pero es una buena excusa para la gente de pensamiento liberal, los ingenuos/as que genuinamente luchan por mantener o conquistar esos derechos y libertades conquistadas con mucho esfuerzo, y también cárcel y muertos. Pero los que son objeto de manipulación cuando estas potencias supremacistas prometen aquellas maravillas jamás vividas por esos otros pueblos, son como aquellas mismas cuentas de vidrio que los colonizadores mostraban a los indígenas cuando arribaban a las costas de los continentes que afirmaban haber “descubierto”. Eso les daba a sus reyes el derecho de afirmar que esos territorios les pertenecían, y que sus recursos y riquezas también. Esos ecos de otros tiempos suenan de nuevo en nuestros oídos cuando Venezuela, Groenlandia, Cuba caen o están amenazadas en caer en las zarpas del mayor depredador de lo que va del siglo, el presidente Donald Trump.


Cierto es que en tanto él recoge avergonzado, por ahora, la alfombra roja con la que creía iba a entrar en Irán, junto a su aliado Bibi Netanyahu, se retira con la mayor presteza y la cola entre las patas de allí, y en Bruselas se escuchan voces disonantes al cerciorarse, sin reconocerlo públicamente,  que la derrota de Ucrania por el Donbás y Crimea es inevitable. Lugansk y el noventa por ciento de Donesk están en manos del ejército de la Federación Rusa. Cuando tuvieron la oportunidad de evitar la guerra y la derrota, si hubieran aceptado firmar los acuerdos de paz acordados, el último en Estambul, en abril de 2022, esta tragedia que golpea ese pais y también a sus vecinos indirectamente, y a Rusia, por más de cuatro años, pudo haberse evitado. Hay un final que se está cristalizando y que los gobiernos europeos occidentales se niegan a admitir, acorralados en una narrativa y mentira colectiva de la que no pueden salir. Le han mentido a sus ciudadanos sin ningún pudor, lo siguen haciendo, y, además, siguen priorizando quitar recursos a la salud, educación, vivienda y servicios sociales para invertir en armas y fondos para esta guerra que es aparentemente de Ucrania, pero ya sin ninguna duda es de la OTAN, empeñada en debilitar y fragmentar a Rusia, como lo hicieron en el pasado Hitler, Napoleón y hasta un monarca sueco, Erik XI, cuyo ejército fue derrotado en la batalla a orillas del río Neva (1240) (*) Luego llegaron los germanos, que también mordieron, no el polvo, sino el hielo del lago Peipus (1242) donde una buena parte del ejército invasor (los caballeros teutónicos) se ahogaron cuando el hielo se resquebrajó al no soportar el peso de hombres, caballos y su intendencia. (El director de cine ruso, Eisenstein, lo plasmó en su película Alexander Nevsky, de 1938) en 1993 George Soros, uno de los principales globalistas y capitalista predicaba ya entonces en la necesidad de iniciar una guerra contra Rusia a través de un proxy, un país voluntario a sacrificar su población y sus hombres mientras Occidente ( la OTAN) le proporcionaría las armas y tecnología. Era la época en que Rusia estaba más débil que nunca. 


Ucrania y sus hombres han sido finalmente el instrumento de la Alianza Atlántica, el proxy, la carne de cañón y el medio que tienen para probar sus armas y tecnología contra un enemigo que odian desde hace siglos, como hemos visto. Eso es rusofobia, odio supremacista contra los eslavos a quienes consideran todavía como un pueblo bárbaro en su propaganda, una raza inferior para los neonazis. Pero no nos confundamos, ese es el discurso para inyectar en los pueblos europeos el odio a una sociedad y su gente que apenas conocen, y que, irónicamente cuando en 1991 la URSS se disolvió, sus nuevos líderes: Michail Gorbachov, Boris Jeltsin y hasta Vladimir Putin,  intentaron ser parte de esa Europa liberal e incluso de la OTAN. Pero la respuesta fue un rotundo NO. Tanto Bill Clinton como George Bush les dieron el portazo. ¿Cómo tener de aliado a una superpotencia nuclear que les quitaba el motivo de mantener viva la llama de la amenaza del malvado Putin y sus ejércitos de invadir a la inocente EU y a sus pueblos?


Todo el tinglado montado se comienza a agrietar. La primera víctima es el Primer Ministro del Reino Unido Keir Starmer, quien ha renunciado a su cargo, en cámara lenta,  luego de que la aprobación de su mandato sea cuestionado dentro y fuera de su partido, donde la vida para la mayoría de los ciudadanos se ha hecho insoportable por el encarecimiento del costo de vida, debido a que Starmer y sus aliados, siguen apostando grandes recursos para mantener viva la guerra de Ucrania junto a los otros países de la OTAN, quitándoselos a sus propios ciudadanos. Si no es en las calles, tal vez a la hora de votar muchos ciudadanos europeos expresen su rechazo a esta política belicista y suicida de los países de la UE que implica cercenar a sus propios ciudadanos bienestar, paz, confianza en el futuro. Solo miedo y sumisión, mayores restricciones a la libertad de opinión, y una feroz campaña contra el demonio de la estepa. Si la apuesta de la UE y la OTAN es ir a la guerra contra Rusia, con una agresiva retórica, entre ellas de Alemania, la tragedia del siglo XX con sus guerras será un pálido reflejo de lo que nos espera.


(*) Según los registros históricos las guerras de Suecia y Rusia fueron frecuentes en siglos pasados. Siete reyes suecos estuvieron envueltos en batallas por territorios rusos desde Finlandia, que fue colonia sueca, durante siglos, donde los contraataques rusos llegaron en algunas ocasiones  hasta las costas de Suecia misma, principalmente en 1719-21, después de la derrota sueca de Poltava, en Ucrania, para mayor karma).


viernes, 19 de junio de 2026


     

Comenzó el mundial de fútbol 2026 y las expectativas crecen o se apagan en cada país que tiene a su selección entre los clasificados que cerraron la primera ronda con algunos resultados sorprendentes que derrotaron los pronósticos. Primeros resultados positivos para algunas selecciones que estaban dadas por eliminadas antes de iniciar el campeonato, equipos de ”relleno” con los que la FIFA quiso ampliar la competencia, pero que en el fondo no se trata de otra cosa que ampliar el negocio.

Mis expectativas están, como no podían ser de otra manera, en los resultados de la Celeste y de la  Auriazul (Suecia) que también disputa el torneo, un poco a impulsos de los malos resultados de sus rivales en las clasificatorias. Pero ahí están las dos selecciones, y pelearán por buenos resultados porque a pesar de los contratiempos, han superado al parecer los altibajos por los que pasaron. Suecia ganó 5 a 1 en su debut y Uruguay empató contra Arabia Saudí 1 a1.


Uruguay tuvo, como todos coinciden, un pálido primer tiempo, como el color celeste de la nueva camiseta, e incluso fueron al descanso perdiendo 1 por 0. 

Afortunadamente, la recuperación con los cambios hechos por Bielsa cambiaron la dinámica del juego y Maxi Araújo pudo empatar el partido, y si no hubiese sido por el arquero saudí, el triunfo era más que merecido.

Argentina, Colombia levantaron el ánimo junto con Mexico entre los equipos latinoamericanos que venían mal alineados con las expectativas de su público: Paraguay goleado por EEUU y Ecuador derrotado por Gana y Brasil con un empate ante un Marruecos infatigable. 


Más allá de los resultados hay que destacar la asquerosa comercialización que la FIFA de Infantino está realizando junto con su nuevo compinche, Donald Magno, el emperador del Norte, para la gloria y las finanzas de ambos, porque todo lo que tocan desean convertirlo en moneda sólida. Claro, siempre hay un remanente para los árbitros que amañan partidos. Un ejemplo, el tano Maurizio Mariani que no sacó la roja Al-Harbi por el planchazo al muslo contra Canobbio, y tampoco cobró penal contra el mismo Canobbio cuando perdió el zapato dentro del área por un pisotón de un defensa saudí. No, Mariani se tragó el pito también en otras ocasiones, pero fue la falta de acierto o suerte de los delanteros celestes que lo intentaron, pero el gran mérito se lo llevó el destacadísimo trabajo de Al-Owais en el arco.


España, rival de Uruguay en la serie, también pinchó con Cabo Verde que le empató 1 a 1 y resistió al juego anodino de la roja que también falló en acertarle al arco o el arquero Vizinha, en estupenda actuación, ahogó el grito de gol.

Se han visto a los largo de estos días actos de humillación de parte de los burócratas del imperio que por órdenes de sus altos jerarcas y de su prepotencia prácticamente expulsaron a los iraníes de California, no por su seguridad sino porque sospecharían que podían causarle un daño irreparable a la seguridad del imperio de los psicópatas. O al árbitro somalí Omar Artan a quien se le negó ingresar a territorio imperial donde estaba destinado a dirigir partidos del Mundial. Estas son las políticas de un gobierno arrogante, violento y sin rumbo conocido, donde solo vale la fuerza bruta para seguir creyéndose que son los mejores del planeta

En cuanto a los cálculos de quien será el próximo campeón mundial de fútbol, cabe preguntarse de qué sirven las  estadísticas de los resultados anteriores, más allá de influir en la confianza propia o en el temor al rival si se desconfía de sus propias fuerzas a la hora de iniciarse el partido. No me extrañaría que Trump e Infantino se las ingenien para que la camiseta de las barras y las estrellas se lleven por primera vez la copa Mundial de la FIFA revestida en oro para que el negocio sea redondo como se desea en el Palacio Blanco de las conspiraciones y las guerras. No debería extrañarnos, porque en las condiciones actuales en que se encuentra Occidente, “el que no llora no mama”, como dice el tango, y las reglas se las pasan por el Arco del Triunfo. Infantino y Trump, un solo corazón, y no tengo muchas dudas que la selección norteamericana verá allanada el camino a la Copa, como un insumo más ante las elecciones de medio término de noviembre. Muy subjetivo todo esto que escribo, pero si no hubo Premio Nobel de La Paz en Oslo, porqué no una Copa del Mundo de Soccer de la FIFA?