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miércoles, 16 de mayo de 2018

Gaza: El precio de la desesperación

Es imposible no referirse a lo ocurrido en los últimos días en la frontera de Gaza con Israel.
Las violentas protestas palestinas por lo ocurrido hace setenta años al crearse el estado de Israel, lo que inició el gigantesco exilio de este pueblo, la  Catástrofe, como la llaman ellos,  a países vecinos y parcialmente terminó en este enclave, en este "corral" para humanos llamado Gaza. ¿Porque de que otra manera llamar a esta franja de tierra donde se hacinan más de medio millón de habitantes en 45 km2.

La violencia con la que respondió Israel a las protestas dirigidas por Hamás que gobierna el enclave, habla claramente del cheque en blanco que le ha dado el presidente de EEUU Donald Trump a su colega Benjamín Netanyahu, presidente de Israel. Ahora Israel puede bombardear objetivos militares en Siria impunemente y alardear que si les lanzan algunos cohetes esa llovizna será respondida "por un aguacero", cosa que sin dudas han hecho. ¿Se acuerdan de aquello de que "Yo tengo el botón más grande" lanzado por Donald T con respecto a las amenazas de una guerra nuclear con Corea del Norte? Pues es el mismo lenguaje, ya sin ambages, duro y crudo. El antiguo Testamento vigente: Ojo por Ojo y Diente por Diente. Bueno, ahora es más que algunos órganos amputados,  se trata de matar decenas de palestinos desarmados, o con algunas molotov que al parecer nunca llegaron a dañar a un soldado israelí en esas escaramuzas. Con suerte en algunos casos salían heridos de las refriegas cuando trataban de atravesar la barrera que separa a ambos territorios, y han llenado los hospitales de la franja. La desesperación palestina, sobre todo entre los jóvenes, incluso niños,  dispuestos a ofrendar sus vidas por el simbólico gesto de intentar recuperar lo que en el pasado les perteneció, dice mucho de lo que están dispuestos a sacrificar quienes gobiernan Gaza e Israel. Vidas jóvenes que terminan acribilladas por balas reales en su vano intento.

Hay que preguntarse hasta donde valen las vidas humanas en este lugar que tan fácilmente se ofrecen y se apagan. Hasta dónde las políticas de gobiernos e individuos sin escrúpulos, con tal de conseguir sus objetivos, están dispuestos a caminar sobre miles de cadáveres.

El hecho que justo ese día, el 15 de Mayo, Donald T haya decidido inaugurar la embajada de EEUU en Jerusalem dándole el simbólico status de capital de Israel, fue otro ingrediente más que incendió el polvorín de Gaza, una provocación más de quien se cree tan todopoderoso que usa los tratados y esfuerzos por obtener la paz en las zonas de conflicto como papel higiénico. Solo el lenguaje de las armas y la violencia, o la amenaza de la misma, es el lenguaje de estos dos presidentes que están decididos a ir hasta las ultimas consecuencias con tal de que sus políticas de control y dominación sean las que predominen y frenen a países como Irán que se disputa con Arabia Saudita los retazos del antiguo imperio Otomano que dejaron Francia, Inglaterra y Alemania, y que según sus criterios les dibujaron los límites y les llamaron "países".

Salvo gobiernos como el de Honduras y Guatemala y unos pocos más, parecen decididos a seguir el ejemplo de Donald T de mudar su embajada a Jerusalem, lo que no es de extrañar de estos dos gobiernos centroamericanos. Sus presidentes están desesperados de que EEUU les proteja a ellos acusados de corrupción entre otros delitos. Sin embargo son muchos más los países y organizaciones de DDHH que criticaron y repudiaron la violencia desmesurada del ejército israelí. Hasta la ONU lo intentó, pero el veto estadounidense bloqueó la iniciativa.

Hasta que no cambien los gobiernos de EEUU e Israel, así como las posiciones intransigentes de Hamás con respecto a la existencia de Israel, las posibilidades de paz estarán bloqueadas. Sin compromisos los palestinos de Gaza seguirán viviendo en el limbo de un territorio que hace miles de años (ver la historia de Gaza) existe convulsionado, dominado y explotado por los centros de poder regionales y de otras geografías que no han ahorrado munición para someter a quienes se resisten.
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