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jueves, 13 de junio de 2019

Brasil: Hay moros en la costa

El chorro del ”lavado a presión” (lava jato) parece haberse vuelto en contra del ministro de Justicia brasileño Sergio Moro. Su imparable carrera como juez al liderar la conocida operación policial Lava Jato, soñando tal vez con emular las Mani Puliti del juez Di Pietro en Italia, le hicieron olvidar o obviar que sus métodos eran de dudosa ética profesional al momento de juzgar al ex-presidente de Brasil Lula Da Silva.
Lo que antes eran certezas basadas en sospechas más que pruebas, hoy no cabrían dudas de que las pruebas existen al conocerse los mensajes de texto revelados por The Intercept Brasil, que intercambiaba Sergio Moro con Deltan Dallagnol, uno de los fiscales del caso, donde el fiscal pone en duda la consistencia de las pruebas, o la existencia misma si se juzga con más rigor.

Esta famosa operación Lava Jato que extendió sus tentáculos por numerosos países (1) de América y África, por la actividad que desarrolló la empresa constructora brasileña Odebrecht, la cual sobornó a decenas de políticos y funcionarios durante veinte años, sin que nadie viera el polvo que levantaba oscureciendo el cielo a medida que construían infraestructura y obras públicas, generando así un enorme poder económico y político. Actualmente hay 159 personas condenadas por corrupción, entre ellos el propio Marcelo Odebrecht, ex-presidente de la constructora.

En el caso de Brasil la investigación que levanta enormes ampollas es la que Sergio Moro llevó adelante contra Ignacio Lula Da Silva y que finalizó con la condena del ex-presidente a nueve años de prisión cuando según las encuestas se perfilaba a ganar las elecciones pasadas, que finalmente ganó Jair Bolsonaro al desaparecer de la contienda electoral el candidato más popular del PT. 
La acusación contra Lula se basaba en la aparente certeza de que había recibido de soborno un apartamento en una zona exclusiva de Río de Janeiro. Sin embargo no había documentos que realmente comprobaran que esto había ocurrido, por lo que esa vivienda nunca estuvo a nombre de Lula.Tal es así que hace pocos días se supo que su verdadero dueño la había puesto a la venta, lo que desvincularía realmente a Lula de toda responsabilidad, si es que la venta o intento de vender realmente ocurrió.

En cuanto a la actuación del antiguo juez y actual ministro de Justicia Sergio Moro es indudable de que interfirió en la investigación contra Lula influyendo en los fiscales y forzándolos a continuar con el proceso para él luego condenarlo. Esto a pesar de las dudas que ellos tenían ante la falta de pruebas concretas. Una conducta que en cualquier estado de derecho es un delito ya que los jueces no pueden influir en el trabajo de los fiscales rompiendo el principio de imparcialidad de la que debe estar impregnada la investigación.

La cuestión que ahora se plantea es si Sergio Moro se apartará de su cargo de Ministro o no, luego de conocidos estos mensajes de texto. En un país donde se respeten las leyes y principios democráticos nadie dudaría que debe renunciar, o como otros indican, tomarse una pausa en el ejercicio de ministro de Justicia, mientras se investiga lo ocurrido. Sin embargo Moro habría declarado que él no ve ”ninguna anormalidad” en ese intercambio de mensajes. Y el presidente Bolsonaro se hace el distraído.

Como no son muchos los que dudan -salvo aquéllos que por razones ideológicas aceptan que todo vale para permanecer en el poder -de que el régimen democrático brasileño hace agua por todos lados y es un lodazal de corrupción, y a eso le suman la certeza de que los ”moros” que están en la costa pretenden quedarse agarrados con uñas y dientes al poder. Porque,  &quién le puede garantizar mejor los privilegios a la élite del país norteño sino es un ministro permeable a la corrupción que afirma combatir, y un presidente que más se parece a una marioneta manejada por hilos invisibles? Uruguay, tan lejos de Dios y tan cerca de Brasil...




(1) Angola, Argentina, Brasil, Colombia. Ecuador, EEUU, Guatemala. México, Mozambique, Panamá, Perú, Rep. Dominicana y Venezuela.

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