Basta con echar un vistazo alrededor del mundo para que muchos consideremos que las reglas y acuerdos internacionales entre naciones no sólo se deterioran, sino que estallan en mil pedazos.
Uno de esos fenómenos es el tratado sobre medidas para una mayor reducción y limitación de las armas nucleares estratégicas, New Start, entre EEUU y la Federación de Rusia, firmado en 2010, por los presidentes Medvedev y Obama. Rusia lo suspendió en 2023 (no se retiró ) porque acusó a EEUU de seguir desarrollando nuevas armas nucleares, y Rusia haría lo mismo se afirmó en ese momento. Este tratado fue dinamitado finalmente el 5 de febrero pasado por el presidente Donald Trump, al no aceptar prolongarlo un año más como le propuso el presidente ruso Vladimir Putin, plazo para negociar un nuevo acuerdo. Según el expresidente Joe Biden y sus secretario de estado Anthony Blinken, Rusia con la suspensión del Tratado, había sido “muy irresponsable”. Sin embargo atrás de las bambalinas, los norteamericanos eran, según el Kremlin, los que socavaban el acuerdo. Además, si China no se sumaba a la dupla, no “había tu tía”, advertía Trump. Y China levantó el dedo corazón y no se sumó a ningún tratado porque aquí no solo vale la calidad, según Beijing, sino también la cantidad. China se calcula posee unas 600 ojivas nucleares frente a unas 5000-6000 de Rusia y EE.UU, cada uno. Sin alternativas por ahora.
Cuando la Casa Blanca decide atacar a Venezuela y secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, la parlamentaria Cilia Flores, nadie se acordó del artículo 3 del principio de defensa TIAR, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca o Tratado de Río, entre justamente el gobierno de EEUU y los países americanos de los tres continentes, similar al articulo 5 de la OTAN, “uno para todos y todos para uno”. En el caso de las Malvinas, cuando Argentina decide recuperar la soberanía sobre las islas, Reino Unido atacó con su Armada a los ocupantes, y este tratado no se activó tampoco. Si bien algunos países se han retirado, en los papeles este tratado todavía está vigente para vergüenza de sus miembros, que probablemente ni se acuerdan que alguna vez existió. En realidad el director de la orquesta, el hegemón del norte, decide, y nunca contra sí mismo como es lógico.
La prolongación de la guerra llamada Operación Militar Especial por la Federación de Rusia, que combate a las fuerzas ucranianas por delegación de la OTAN y la Unión Europea, lleva cuatro años de combates a lo largo del frente oriental de Ucrania, con más de un millón de muertos entre ambos bandos, algunos calculan que son dos millones, sin alcanzar un tratado de paz que ponga fin a este complicado conflicto, a pesar de que ya existieron instancias como Minsk I y II (2015) y Estambul (2022), que Ucrania y sus aliados rompieron, cuando parecía que era posible un acuerdo de paz, incluso con las rúbricas de las partes, pero que el británico exprimer ministro Boris Johnson, se las arregló para rescindirlo por mandato del entonces presidente de EEUU y Reino Unido. Tanto los primeros acuerdo como el segundo fueron rechazados finalmente porque había que seguir luchando y derrotar a la malvada Rusia y a Putin. Actualmente nuevas negociaciones están en marcha, pero hay serias dudas de que Kiev y la OTAN terminen aceptando las consecuencias de su derrota militar, es decir que los oblast de Crimea, Lugansk, Donesk y probablemente los de Jerzón y Jarkiv, se sumen, como ya lo hicieron las tres primeras, como repúblicas populares, miembros de la Federacion de Rusia.
La otra amenaza bélica que corona parte de esta torta es la amenaza de una guerra en Oriente Medio cuando una vez más Washington acude con su Armada, dos portaaviones y varios buques de guerra, cientos de aviones y otras sofisticadas armas al océano Indico y bases en países vecinos para amenazar a Irán y, probablemente, atacarlo para derrocar el régimen teocrático de los ayatollahs, pero por supuesto que no por las democracia y las libertades tan mentadas hipócritamente, que Trump no respeta en su propio país, sino por El Oro Negro, ese que contamina el ambiente del planeta y enriquece a las “cinco hermanas”, las multinacionales petroleras insaciables por extraer petróleo, cuya energía mueve al mundo de hoy. Aquí se juntan las ambiciones del presidente Trump y los planes del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que desea quitar del medio a Irán, su rival estratégico en la región, con el que se enfrenta desde hace décadas, intentando, junto a la Casa Blanca, balcanizar este país para adueñarse,como hacen siempre los imperios, de su riquezas naturales, su población como fuerza de trabajo y desarrollo tecnológico, que siempre lo hay, en este caso avanzado en muchos aspectos, el militar es uno de ellos. Lo curioso que los medios predominantes en Uruguay, país que visito en estos días, ante semejante acumulación de fuerzas militares no informan nada, es como no existiera tal amenaza de una guerra que puede llegar a extenderse por todo el planeta. Aquí la mayoría de la población vive en una falsa seguridad, entre la playa, el carnaval y el mate amargo.
Seguir aumentando las perlas a este collar que tenemos enfrente es frustrante e inútil, porque si bien tenemos todo los elementos delante de nuestras narices, los que originan el caos, los que están detrás de los personajes en el rol de presidentes y primeros ministros, parlamentarios, cabildantes y servicios de inteligencia, todos reunidos, son solo el instrumento de fuerzas e intereses más poderosos, como Black Rock, Vanguard, Open Society, que nunca se detienen: poderosos y multimillonarios individuos moviendo los hilos del poder, que regulan en estos tiempos, con algoritmos y polarización extrema, la marcha de estos acontecimientos. Uno de los que mejor expone este desarrollo en Occidente, es el italiano Giuliano da Empoli, que escribió un ensayo con el título: “Los ingenieros del caos”, un libro que hoy tiene una gran difusión en muchos países. Son los emprendedores de la ira, los que explotan el descontento de los ciudadanos a través de nacionalismos populistas, los forjadores del rencor “contra la casta”, esa difusa élite de la que quieren deshacerse, pero que al final de la carretera, son los mismos que constituyen una nueva élite dominante o fortalecen la que existe . La base es el control de lo que se narra, la batalla cultural contra el liberalismo, el progresismo, el wokismo y la izquierda en general. No importan la verdad ni la realidad, afirma da Empoli, lo que cuenta es la percepción de la realidad, y esta es manipulada con los algoritmos de los ingenieros a través de las redes sociales y la complicidad de los consorcios que se adueñan de los medios de prensa, ambos explotan las emociones de los individuos para conducirlos de la nariz al fin que se han propuesto. Es un mundo distópico, donde por ejemplo, en casos muy llamativos, grupos de adolescentes y adultos se sienten “bestias humanas”, se disfrazan de lobos o gatos y de lo que se les ocurra, tratando de escapar de ese mundo que no pueden controlar ni los contempla. Vamos sin rumbo previsto, aparentemente, y esa es la finalidad del caos. Pero si los que lo manejan se salen con la suya, no traerá nada bueno, solo más sumisión y opresión. Argentina es un maravilloso y espectacular ejemplo, parafraseando al señor del copete rojo.

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