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domingo, 24 de octubre de 2010

La ceguera del Tío Sam

Una vez más Wikileaks ha demostrado con el material del propio transgresor, unos 400 000 documentos calificados de secretos por el Pentágono, qué ocurría con muchos de los sospechosos o culpables que caían en las cárceles del nuevo régimen iraquí. Si las violaciones a los DDHH por parte de Saddam Hussein eran una vergüenza para la humanidad, las que han cometido sus sucesores no son de menor calibre. Y los que podían haber detenido ese desenfrenado apocalipsis contra civiles e incluso combatientes, no sólo miraron para el costado, sino que alimentaron con su indiferencia una máquina de triturar que no ha conocido límites.
Se afirma que contra los fanáticos islamitas no cabe otra forma de actuar para que confiesen sus presuntos o reales  crímenes, pero la tortura no sólo denigra al torturado, también a quiénes la ejecutan.

La guerra, cualquiera que sea, lleva a un grado de deshumanización a los que la ejecutan por órdenes de sus superiores y gobernantes, y su impacto posterior en el ejército norteamericano se refleja en el índice de suicidios de que los están o estuvieron allí, lo presenciaron y probablemente actuaron por órdenes o por iniciativa propia. Esos soldados que decidieron quitarse la vida, por más entrenamiento que hayan tenido y por más intentos de lavarles el cerebro antes y después de su misión, esconden en sus conciencias valores que aprendieron en su niñez y juventud, y muchos no pueden cargar con esa culpa. De los más de 30.000 suicidios que se producen en este país cada año, 20 por ciento, es decir 6000 son de ex combatientes, según el departamento para Asuntos de Veteranos (AV) de EEUU.

Irak es un ejemplo más de cómo la "democracia" instaurada desde arriba, termina siendo un lodazal donde invasores e invadidos salen embarrados hasta las orejas. Nunca sabremos la total y verdadera dimensión de la tragedia de Iraq desde que Bush y su gobierno decidieron que Saddam estaba involucrado en los atentados del 11-S. Y no sólo por la cantidad de muertos. El retroceso que ha sufrido la sociedad iraquí en su tejido social después de la invasión la ha llevado a tener que enfrentar el riesgo de nuevas guerras civiles entre los diferentes grupos que la conforman, constantes intentos de desestabilización y más represalias y torturas contra culpables e inocentes.

El hecho que las propias tropas de EEUU estuvieran involucradas en esas torturas a prisioneros como ha quedado demostrado en documentos y juicios posteriores a los culpables, o en esos frecuentes tiroteos con víctimas civiles inocentes cuando las tropas norteamericanas disparan sobre ellos por no obedecer órdenes que muchos seguramente no comprenden, aumenta aún más la sensación de que estamos ante una de las tragedias más detestables provocadas por los propios seres humanos en los últimos tiempos. Las bombas que hacen explotar los miembros de la resistencia iraquí contra mercados o mezquitas, con el alto número de víctimas como resultado, es el otro lado de la moneda del terror en que ha estado inmerso ese país.

Eran pocos los que podían creer que esa aventura bélica terminaría bien, más allá de lo que Bush, Blair y Aznar creyeran y desearan.
Tampoco eran muchos más los que creían que esa guerra desatada no le haría pagar al pueblo iraquí un altísimo precio por los intereses geopolíticos y económicos de EEUU. El resultado está a la vista. Y el presidente norteamericano, premio Nobel de la Paz 2009, ha tratado de cerrar un capítulo afirmando que sus tropas comenzarán a retirarse y la misión está terminada, y busca desesperadamente una salida decorosa del otro pantano donde está metido: Afganistán.
¿Pero la habrá realmente?

Si la historia la contaran sólo los vencedores, probablemente quedaría esa invasión a Iraq y la posterior a Afganistán como capítulos de la lucha por la "democracia" en el mundo de una nación occidental. Por suerte no es así, y en la historia de EEUU quedará la guerra de Irak, junto a la de Vietnam y la que se lleva a cabo en Afganistán, como tres repudiables episodios bélicos de las últimas décadas donde el ideal de la democracia se ha teñido con los peores colores de las dictaduras corruptas y sanguinarias.

De la La Pax Americana deben cuidarse todos los pueblos. El precio a pagar por una "democracia" instalada desde arriba tiene un efecto letal. La Casa Blanca actualmente parece estar dando manotazos de ahogado en un mundo que cambia aceleradamente, y donde su predominio se viene debilitando inexorablemente por los nuevos actores emergentes que desafían su rol, no sólo de policía internacional, sino en su papel de primera potencia económica.
Wikileaks a puesto al descubierto una vez más hasta dónde están dispuestas a llegar las autoridades norteamericanas para ocultar la dimensión de sus aventuras bélicas y conseguir sus objetivos. De lo contrario habría que esperar 50 años para que se desclasificaran esos documentos según las rutinas del Pentágono. Todo el honor a Wikileaks, a los que se atrevieron a filtrar esos documentos, y a la prensa que a pesar de las presiones, se atreve a difundirlos.
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