Desafiando las olas del océano Indico se desliza el portaaviones norteamericano Abraham Lincoln, cargando a bordo decenas de aviones F35 y rodeado de una importante escolta de buques de guerra con rumbo a la región del estrecho de Ormuz, es decir Irán. La misión, al parecer, no es otra que una nueva aventura bélica con el objetivo de decapitar al gobierno iraní de los ayatollahs. ¿.Cierto o no?
Los medios corporativos occidentales apenas nombran o ignoran esta nueva movida en el tablero de ajedrez en que se ha convertido el mundo, salvo en EEUU, donde de todos modos las tormentas de nieve, el frío y el asesinato de un enfermero por ICE en Massachusetts distraen a la gente de este tema.También las bases terrestres norteamericanas en Oriente Medio están rearmándose con más aviones, tropas y misiles antiaéreos Patriot. En un artículo anterior mío se preveía, según datos de medios y analistas independientes, que EEUU e Israel estaban planeando un nuevo ataque contra Irán al fracasar otra “revolución de colores” a la que la Casa Blanca ha sido tan aficionada en las últimas décadas, y que muchos liberales e incluso la izquierda tibia ha abrazado como si realmente derrocar a Hussein en Irak, Assad en Siria, Gadaffi en Libia y Yanukovich en Ucrania, solo por nombrar algunos de los “procesos democráticos” que trajeron tanta libertad y bienestar a esos pueblos que hoy podemos observar y compararlos sin titubeos con sociedades del primer mundo. Está bien, disculpen la ironía, pero me pregunto qué piensan los ingenuos de siempre, cuando se prestaron a ser carne de cañón o estúpidos útiles y aplaudieron esas revoluciones de colores, financiados y dirigidos por la CIA estadounidense y el MI6 británico, etc. que pensarán hoy de aquel futuro brillante que les prometieron. Ningún país afectado por el pincel de Washington ha salido del caos, la inseguridad, los combates entre distintas facciones, y se han convertido en verdaderos estados fallidos.
La farsa con la que Washington y Bruselas nos han alimentado por medio de esos medios corporativos en manos de multinacionales o de las élites y plutócratas que hoy dominan el mundo occidental, nos hace creer que todo está bien, o bien no informando sobre esas realidades o simplemente manipulando la información. Pueden hacerlo porque está en su interés ocultar la miseria y precariedad en que han sumergido a esas comunidades. ¿Quien escucha o ve algo sobre lo que pasa en Palestina hoy día? Hay miles de niños y mayores sufriendo de enfermedades a los que se les niega los medicamentos según Médicos sin Fronteras. Así de simple. Recuerden que el 1% de la población mundial posee más riqueza que la que tiene nada menos que el 95% de la población mundial combinada, según las estadísticas de Oxfam International. También hay otras estadísticas que elaboradas por institutos como Credit Suisse, etc (*) que matizan esas cifras pero no son menos impactantes, aún cuando el interés de estas fuentes desee aplacar el impacto de las cifras porque conviene mostrar menos desigualdades. Esas élites no desean compartir con nadie esas inmensas riquezas que acumulan, ya sean en recursos naturales, financieras, industriales, agropecuarios, servicios, etc. Están prendidos con uñas y dientes y temen perderlos cuando el imperio del norte comienza a resquebrajarse y entra en declive pretendiendo, a través de la violencia, sostener todo lo posible de su influencia y dominios, que poco a poco se les escurre entre los dedos. Venezuela es un claro ejemplo de esa agresividad.
Pasaron 500 años desde que el mercantilismo, el colonialismo y el industrialismo fueron irrumpiendo a través de distintas épocas y en distintas regiones del planeta para someter a otras culturas y explotar sus recursos humanos y naturales. Después de la 2aGM hubo una sola potencia que, finalmente, sustituyó a todos las otras potencias europeas que habían luchado por la predominancia. EE.UU se impuso con su insuperable desarrollo industrial y tecnológico al Reino Unido, el principal competidor. Sin embargo, en el siglo XXI, surge otra potencia que hace cuarenta años nadie creía podía desafiarlos. Se equivocaron, la China de Xi Jing Ping emergió como un dragón oculto entre las montañas, y el toro de Wall Street corre desesperado para detener algo que que se esfuma entre las nubes. No obstante, una confrontación directa con China es demasiado arriesgado por motivo del poderío militar que hoy tiene Pekín, aunque menor al de EEUU, pero tecnológicamente igual o superior, y con cientos de armas nucleares que alcanzan para exterminarnos a todos. Por eso, es un juego peligroso el que mantiene Donald Trump. Atacar a Irán para estrangular la Franja y la Ruta china es un comienzo de esa estrategia que busca cercar el comercio marítimo chino con Occidente, África y America Latina. Esta iniciativa se apoya también en la necesidad que tiene Israel para establecerse como la potencia regional y llegar a construir el Gran Israel con el que sueñan los sionistas, tanto en Tel Aviv como entre los financistas de republicanos y demócratas en la “ciudad luminosa sobre la colina”. Solo hay que escuchar a senadores como el republicano Lindsey Graham para comprender cuáles son las intenciones de esa élite que desea destruir todo lo que le impide seguir siendo el único hegemón en el mundo.
Ciertos analistas geopolíticos como los norteamericanos, fuera de toda sospecha, Larry Johnson, un exanalista de la CIA y el coronel Douglas MacGregor, quienes opinan que Washington desea conducir esta vez el enfrentamiento con Teherán. Por un lado, para lograr lo que antes mencionamos sobre la guerra comercial con China y, en segundo lugar, para que Israel no se inmiscuya directamente y arriesgue recibir otra paliza misilística como la de junio pasado, la llamada guerra de los 12 días. Pero una guerra decapitación, dicen estos analistas, significa para Irán, en caso de tener éxito, que los líderes eliminados sean sustituidos rápidamente como ocurrió cuando el Mossad eliminó una buena parte de la cúpula militar y civil en el pasado conflicto. Probablemente esta vez estarán preparados y alertas ante los cantos de sirena de Washington que buscaban negociar mientras preparaba el ataque. La respuesta fue tan demoledora que Netanyahu tuvo que pedirle oxígeno y algo más a Donald Trump para sobrevivir cuando su cúpula de hierro se transformó en mantequilla. En todo caso, la pregunta parece ser cuándo sucederá esta conflagración bélica y no como o por quien la protagonizará. Eso estaría claro según quienes siguen de cerca ese desarrollo en caso que fracasen unas negociaciones que estarían ocurriendo y que Teherán desea fervientemente para evitar una catástrofe regional. Si el sentido común predomina tal vez se logre evitar otra guerra feroz. Todo está en manos del Emperador del Norte, ahora empeñado en crear un Consejo para La Paz, todavía en pañales (sin c…..) donde él podrá borrar con el codo a la ONU cuando se le antoje. Además será el presidente honorario con derecho a veto, y cada país integrante deberá convertirse en vasallo y abonar 1000 millones de dólares si desea integrarlo. El agente inmobiliario no olvida su antiguo oficio. Money, only money, my dear”.
(*)
- Credit Suisse / UBS da una cifra técnica: ~45 % de riqueza total en manos del 1 %.
- Oxfam usa esa y otras cifras para resaltar desigualdades comparando el 1 % con el 95 % inferior.
- World Inequality Lab ofrece análisis más detallados por región y percentil, mostrando variación significativa.
- Informes ligados al G20 pueden medir la riqueza creada en un período, que es distinto de la riqueza total acumulada.







