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viernes, 24 de junio de 2016

A propósito del Brexit

Un Brexit que pone patas arriba a Europa y al Reino Unido

Los ciudadanos británicos eligieron finalmente que el Reino Unido abandone la Unión Europea. Una decisión que hasta último momento se mostró incierta dado los resultados de las encuestas, que daban al SI por la permanencia ganador y otro día al NO. Finalmente el resultado fue un 52% por la salida de RU de la UE contra un 48% por su permanencia. Inmediatamente empezaron las especulaciones sobre las consecuencias políticas y económicas para el país y la UE.

En lo económico las reacciones como siempre fueron de pánico, bajando las bolsas de todo el mundo en picada, ya que en los días anteriores las perspectivas que RU continuara como miembro de la UE parecían confirmarse según las encuestas. El valor del pound también se derrumbó frente al dólar y al euro. O sea, el mundo financiero reaccionó como era esperado y nada hace prever que se estabilice rápido, pero conocido es también que en el mundo de la especulación financiera las enfermedades duran poco. Unos venden y otros compran y después al revés, sacándole jugo a las crisis. 
Sobre las relaciones comerciales la economía europea y británica están tan enlazadas que los nuevos acuerdos demorarán bastante en actualizarse, pero a ninguna de las partes le conviene cambiar los vínculos inmediatamente, ya que esto sí sería un serio golpe, principalmente para RU, con una quita en las inversiones y la disparada del desempleo.

El inicio de esta historia comenzó cuando David Cameron decidió hace tres años llamar a un plebiscito dada la crisis interna de su partido Conservador, cuya ala más derechista quería la salida de la UE. Cameron creía que un nuevo acuerdo con la UE podía poner en vereda a ese sector del partido. Pero los cálculos le salieron mal, y las fuerzas populistas y nacionalistas con el cuco de la inmigración y de que las decisiones políticas las toma Bruselas y no Londres, torpedearon el sueño político del primer ministro.

Ahora hay que esperar las consecuencias políticas que generalmente demoran en decantarse, y probablemente sean más imprevisibles para RU, salvo la renuncia del Primer Ministro David Cameron, que ya la anunció hoy mismo como un hecho a concretarse en el próximo mes de octubre cuando el Partido Conservador inaugure su Congreso. 

Pero este resultado deja también al desnudo la profunda brecha entre el SÍ y el NO, tanto dentro del partido Conservador como en el Laborista, cuyas dos facciones internas  en ningún momento pudieron ponerse de acuerdo. Cómo se resolverá esta crisis es una incógnita, y muchos vaticinan sobre la posibilidad de que haya un resquebrajamiento dentro de esos partidos políticos debido a la polarización de las opiniones. Sin embargo lo que aún podría ser más concreto, previsible y cuestionado es la  propia existencia de RU. Tanto Escocia como Irlanda del Norte se están movilizando por la independencia de Inglaterra, que es la que mantiene en el cepo a estos dos países constitutivos del llamado Reino Unido. Los líderes políticos de ambos países han declarado la intención de llamar a un referendo para la separación, por lo que David Cameron no sólo ha logrado, contra su propia voluntad, quitarle un ladrillo a la UE, sino que arriesga con su apuesta a arrasar con el techo del RU.

Pasará David Cameron a la historia de su país como un genio o como el  peor primer ministro de la historia del RU? La última alternativa parece más plausible.

En tanto en la UE también le tiemblan las rodillas a los políticos porque el creciente populismo y nacionalismo se mueve con la bandera de la antiinmigración, la porosidad de las fronteras, el desempleo y la xenofobia. En Francia ya Marine Le Pen hace sonar los tambores de la guerra. Este sacudón a los cimientos mismos de la UE exigirá de los políticos una revisión total de los acuerdos y normas que hoy rigen la convivencia de los 27 miembros de la UE. Su unidad depende de ello.
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