A nadie se le escapa que vivimos en un mundo sin reglas ni tratados que se sostengan después de las repetidas acciones y ataques militares de EEUU contra los países que no quieren someterse. Solo la fuerza de las armas y las sanciones es el lenguaje que predomina hasta ahora en Washington, con algunos matices, según sea el presidente que esté en el poder. Con Donald Trump ya no hay freno. Ahora vemos una marcada y descarnada tendencia neocolonial en el proceder de Washington. La permanente y difusa diplomacia de USA, caracterizada por aparentes avances y acuerdos concretos, es suplantada de golpe por cruentos ataques militares con la intención de tomar desprevenido al rival. Puro simulacro ese gesto de dialogar y llegar a acuerdos, manto de niebla sobre las intenciones, un caballo de Troya que simula ser una ofrenda de paz a los dioses y solo contiene un mensaje de muerte.
El politólogo John Mearsheimer, profesor en Ciencias políticas de la Universidad de Chicago, nos recuerda que la táctica de la decapitación a la que es tan afín Israel, y que repitieron en Irán, no solo fue un fracaso, porque el régimen no cayó como creían, sino que provocaron un fenómeno adverso al eliminar al líder religioso y a los comandantes militares, (y a la familia de Jamenei), que eran los más abiertos al diálogo y, en particular, el ayatollah, que se negaba a la fabricación de armas nucleares a través de una fatwa. En la mayoría de las guerras no se asesinan a los dirigentes del enemigo porque es la contraparte con quien negociar cuando ambos bandos reconocen que es hora de finalizar la confrontación. Decapitar al enemigo lleva, como en el caso iraní, a que la nueva generación de líderes sean más radical, más intolerante y menos propensa a negociar y, en el peor de los casos, sus demandas serán mucho más drásticas e inapelables. Y es lo que está sucediendo sin solución de continuidad, es decir, sin interrupción. EEUU presentó un plan de quince puntos para el cese de las hostilidades. Irán las ha rechazado porque en parte son inaceptables como eliminar su programa de enriquecimiento de uranio y la eliminación de su programa de fabricación de misiles. A su vez, Teherán pone duras exigencias, cinco demandas sobre la mesa: fin de las agresiones y asesinatos selectivos, garantías de seguridad para que no se repitan las agresiones bélicas, soberanía sobre el estrecho de Ormuz, indemnización por los daños causados, conclusión de la guerra en todos los frentes y grupos de la resistencia. No parece claro que en esas demandas esté el retiro de todas las bases norteamericanas de Oriente Medio como se venía anunciando.
No hay dudas, sin embargo, que la arrogancia de la Casa Blanca desafía a pesar de el revés que significa esta guerra contra Irán, mientras se hunde en un declive que a muchos analistas geopolíticos les parece inevitable a pesar de sus últimos manotazos agresivos como en Venezuela, este último en Irán, y las amenazas de ocupar Groenlandia, Canadá y derribar a los gobiernos de Cuba y Nicaragua, ocupar el canal de Panamá para arrebatárselo a las empresas chinas que lo administran y, por supuesto, desmembrar a los BRICS y a su principal timonel, China. Recordar la teoría del 1%de Cheney. Todos ellos son enemigos de signo ideológico o comercial, el hemisferio occidental pertenece al hegemón del norte y mucho más, si las circunstancias lo permiten, con o sin la anuencia de esos países. Para eso existe la coerción y la corrupción que allana el terreno. En el caso de Trump, muy astuto el hombre, lo disfraza con el Consejo para la Paz y el Escudo de las Américas, dos grupos de asociados sumisos a sus directivas y órdenes inapelables. El vasallaje a la décima potencia.
Europa, en tanto, agoniza después que su antiguo ”padrecito” le diera una patada en el tobillo, por no decir en otro lugar que moleste al algoritmo, cortándole los beneficios a los que se había acostumbrado en el tema de defensa militar a través de la OTAN y la promesa de ”uno para todos y todos para uno” ante la amenaza del oso de la Estepa. La fragilidad de la Alianza, que sucumbe en Ucrania, después de haber provocado esta guerra, sacrificando a la población de este país en aras de debilitar y fragmentar a Rusia para apropiarse de sus recursos naturales, ha sido una estúpida ilusión sin perspectiva alguna. Lo único que trajo es la destrucción de ese país y la rápida desindustrialización de Alemania y la crisis energética para todos los integrantes de la UE. No solo eso, ahora hay que pagar por cada bala y misil que el complejo industrial militar norteamericano le venda a la OTAN para entregárselo a Ucrania, al mismo tiempo que hay que sostener al régimen de Kiev con miles de millones de euros, y ver cómo muchos de esos millones desaparecen en los bolsillos de sus dirigentes, porque ya nadie niega el grado de corrupción que socava, tanto como la guerra, los cimientos de esa sociedad.
Dolor a corto plazo ganancia a largo plazo. Esta es una de las máximas que se repiten a lo largo de los pasillos de la Casa Blanca y del Congreso en Washington. No obstante, ese dolor por las pérdidas e incluso derrotas que viene sufriendo el hegemón pueden ser definitivas sino reconsidera su estrategia. Hasta ahora lo vemos cambiar la táctica como el color de su peluquín. Un camaleón. En el caso de Irán pone un ultimátum de 48 horas y luego lo cambia a 120 horas o cinco días, en una especie de iniciativa de alto el fuego que no es tal, solo apariencia. Todo el tiempo define quiénes serán los comensales que estarán sentados a la mesa y quienes serán los que estarán en la lista del menú. Hasta ahora en el caso de Irán, solo Israel es su invitado. Pero no nos confundamos, en el salón de al lado están las corporaciones petroleras que con el bloqueo del estrecho de Ormuz ganan millardos, el complejo militar industrial, Silicon Valley, Wall Street, y muchos muchos más. Si, a los simples mortales nos ciega la niebla del humo de las bombas, pero detrás de esa niebla siempre hay intereses que son difíciles de discernir, pero que al final de las tragedias bélicas, se desnudan las verdades sobre quienes fueron los que se beneficiaron y quienes fueron las víctimas de la ambición y la avaricia.
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