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miércoles, 19 de agosto de 2026

Una derrota con aires triunfalistas

 

Hace tres días cesó lo que fue un parto de elefanta, basado en un presunto alto el fuego de 60 días, con el respaldo de un “acuerdo” entre EEUU e Irán. Sin embargo, lo que estaba firmado con puño y letra del presidente Donald Trump, se rompió en varias ocasiones hasta que las luces rojas se encendieron en el Pentágono. “Nos estamos quedando sin municiones. Tanto las reserva de misiles Tomahawk como los Patriot de defensa antiaérea” avisaban los carteles luminosos en Washington. 

Porque Irán, además, puso condiciones para abrir el estrecho de Ormuz sino se cumplía lo establecido en el llamado Memorando de Entendimiento firmado en junio de este año, tales como levantar el bloqueo marítimo en el mar Arábigo impuesto por Washington; liberar los activos congelados y un reclamo de 300 mil millones de dólares por los daños causados por los ataques conjuntos de EEUU e Israel, producidos por una guerra ilegal no provocada; retirar las sanciones petroleras; cesar las amenazas y operaciones militares en Líbano,Gaza, Irak y Yemen; cumplir con el resto de las condiciones del acuerdo de entendimiento. Por su lado, la Casa Blanca exigía levantar el bloqueo del estrecho de Ormuz, levantar el minado del estrecho y el compromiso de no construir armas nucleares. Todo había sido acordado con la mediación de Pakistán en Islamabad.


Al mismo tiempo, luego de vencido el plazo de dos meses, el presidente Trump a través de su red Truth Social, alardeaba de que efectivamente no había más conversaciones con Irán; el bloqueo naval del mar Arábigo seguía vigente; el estrecho de Ormuz estaba finalmente abierto; todas las minas acuáticas habían sido retiradas o detonadas. Simultáneamente, el presidente norteamericano mandaba un mensaje muy contundente afirmando que prácticamente el estrecho de Ormuz era territorio de EEUU e instaba a Irán a rendirse, afirmando “que son buenos jugadores de póquer pero se están muriendo”. Bueno, los que se están muriendo de hambre y desesperación son los marineros del portaaviones Abraham Lincoln, donde algunos miembros de la tripulación intentaron suicidarse, o alguno lo logró, no sabemos con certeza, según fuentes del mismo buque y familiares de los marinos, algo que se repite en otras naves de guerra norteamericanas, según la prensa del país que desafía la versión oficial. 


No obstante las bravuconadas a la que nos tiene acostumbrados el presidente Trump, la realidad campeaba sobre las aguas del Golfo Pérsico cuando se comprobaba que solo poco más de diez buques petroleros habían pasado con el permiso de Irán. Cuando se trató de evitar el control y pago del peaje iraní, un buque fue atacado e incendiado, obligando a otros a dar la vuelta para no recibir el mismo tratamiento.

Para mayor karma en la sala oval de la Casa Blanca, los hutíes del Yemen intensificaron sus ataques en el estrecho Bab Al-Mandeb del mar Rojo, bloqueando los barcos cargados de petróleo de Arabia Saudita con rumbo a EEUU o Israel. También fue atacada la mayor planta industrial petrolera Aramco en Jizan, en el mismo corazón de Arabia Saudí. Este país había emplazado, además,  tropas mercenarias en la frontera con Yemen para atacar a los hutíes, pero el ataque resultó frustrado. 

Si será grande la desesperación de los estrategas de la bandera de las estrellas y las barras que la excongresista Marjorie Taylor Greene afirmó, en días pasados, que entre algunos congresistas estaban discutiendo el uso de armas nucleares contra Irán. Habrá que tomar con pinzas esa declaración que puede ser parte de una táctica de guerra psicológica con motivo disuasorio, pero no sería raro que entre los senadores más entusiastas por poner fin a la “civilización” persa, existan estas ideas.

Analistas norteamericanos como John Mearsheimer y Scott Ritter afirman que EEUU ha perdido esta guerra inútil y sin perspectiva, pero que nunca lo reconocerá porque esa ha sido su conducta oficial después de Vietnam, Afganistán e incluso Irak y Libia, países que han dejado en el caos y como estados fallidos, sin la democracia y libertades prometidas, una falacia repetida en todos lados donde ponen la bota.

Tampoco hay que confiarse de que no tratarán una vez más de conseguir el propósito por medios militares y derrocar al gobierno iraní y apoderarse de los recursos energéticos y minerales del país persa que es lo que buscan sin ocultar esos propósitos. No hay nada más delicioso que brindar con petróleo para los vencedores…aunque pueden morir ahogados en una piscina de hidrocarburos… veremos cual de los pronósticos se cumplen.


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