La insistente negación de que estamos ante un mundo multipolar y la ceguera de querer ver la nueva realidad desde Washington, y no solo por los republicanos, también la mayoría de los los demócratas lo niegan, lleva al país a un callejón sin salida diplomática y racional, sino a un camino de decadencia económica y política, cultural y social nunca visto en estos últimos cincuenta años. El derrumbe de la URSS como la de Cartago, envolvió a las elites norteamericanas en una nube de arrogancia donde no podían aceptar otra postura que no fuera la propia en asuntos geopolíticos, dando impulso además a lo que se llamaría el proceso de globalización. Hubo voces, pocas voces, que advertían que esa visión del mundo llevaría a EEUU a equivocar el camino porque imponer, amenazar y sancionar a quien no está de acuerdo con sus políticas, tarde o temprano tendría consecuencias negativas incalculables. Pues los distintos presidentes desde 1991, tal vez con la excepción de Obama, y no en todos los aspectos geopolíticos, porque Libia es una piedra en su zapato, trabajaron insistentemente en derrocar gobiernos que no eran obedientes y ampliar la OTAN en las narices de Rusia. Uno de los nuevos miembros, sería Ucrania y tambien Georgia, había decidido la Alianza en 2008 con incorporarlos en el futuro cuando se dieran las condiciones.
Finalmente Rusia, según su propia versión, no pudo l continuar esperando pasivamente que los gobiernos occidentales detuvieran su permanente expansión de la OTAN para rodear a la Federación Rusa y si Ucrania y Georgia se unían, la posibilidad de instalar misiles nucleares en esos territorios con un recorrido de no más de 5-7 minutos, lo que eliminaría la posibilidad de defensa y respuesta rusa en caso de un ataque sorpresa. Tampoco hay una amortiguación natural geográfica, solo llanuras que tanto Napoleón como Hitler aprovecharon en sus invasiones archiconocidas.
Se cumplieron cinco años de guerra entre Rusia y la OTAN, con Ucrania por delegación, o proxy como se la llama también, en una guerra de desgaste que está destruyendo no solo la población joven de Ucrania entre los muertos en combate y las víctimas colaterales, el exilio y un futuro oscuro y nada promisorio. Europa, que debería ser la que impulse una salida diplomática, a pesar de la frustración rusa por el fracaso repetido tres veces por haber roto Kiev los acuerdos de paz alcanzados en Minsk (2014-15) y en Estambul (2022) debido a presiones de los gobiernos occidentales, EEUU y la UE, continúa el camino belicista donde la realidad muestra que la caída de nuevos territorios y ciudades del este de Ucrania en manos de Rusia es inapelable.
El futuro de toda Europa es incierto y muy, pero muy atroz si no se frena este proceso que llevará a una confrontación con otros países de la OTAN, que permanente mente se jactan de proporcionar armas cada vez más agresivas contra la retaguardia rusa en su propio territorio, con el resultado de que Rusia responde simétricamente, y más, destruyendo infraestructura y logística ucraniana sin parangón, el militar que es altísimo, junto a la pérdida de soldados diariamente que es pavoroso. Como el gobierno de Zelensky, investigado nuevamente por una profunda corrupción de su miembros encarcelados, o huidos del país, puede seguir sacrificando vidas humanos. Solo se entiende por la fusta de gobiernos del Reino Unido, Berlín y París, los más belicistas en este contexto, donde la rusofobia, el ansia de revancha y la ambición de fragmentar la Federación rusa están detrás de sus ambiciones. Es imposible dilucidar si hay una salida diplomática a esta situación, pero como están las cosas y los intereses detrás de estas dos guerras, es difícil ver un final, sino peor aún, una intensificación que sólo puede traer más desgracia y calamidades a nuevos millones de personas. La realidad es que el comercio entre las naciones se ve interrumpido, el precio de los combustibles sube sin pausa y la inflación repercute en los otros productos de consumo, reduciendo la llamada canasta familiar, además del costo de la salud, la educación, la vivienda, entre otros posibles rubros de consumo, sin contar que el estado suba impuestos para financiar sus gastos. Una cadena insoportable para la economía de los habitantes de los países que vemos ya afectados en todos los continentes. Y recién empieza. Hoy en Estocolmo se celebra una manifestación por el clima y espero que también sea por la Paz. Es lo que se necesita, gente en la calle, por miles, millones exigiendo que los gobiernos recapaciten y se esfuercen por encontrar los caminos diplomáticos.

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