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lunes, 12 de octubre de 2026

¿Mujeres al frente?



La manifiesta escasez de hombres en las filas del ejército ucraniano viene despertando las opiniones de la necesidad inevitable de llamar a las armas a las mujeres. Desde los diversos rincones,  las élites occidentales y desde los mismos vasallos ucranianos, lanzan voces de alarma porque ven como, poco a poco, sus recursos humanos se deterioran. La alarma la anuncia entre otros medios, el canal ABC de EEUU. Ya no basta con los mercenarios que llegan de Europa y las Américas, ahora desde la Duma (parlamento) ucraniano, la diputada Maryana Bezuglaya, envía un urgente mensaje que estaría preparando el terreno para que ocurra y masivamente. Es que ya muchas mujeres están involucradas, pero a una escala menor en la guerra en tareas menos expuestas. Es decir, manipulan drones, conducen vehículos, piezas de artillería, etc. 


La cuestión es que las fuerzas armadas terrestres de Kiev sufren desde el inicio de la guerra un desgaste muy importante, no solo en el frente por la lenta y meticulosa ofensiva rusa, sino por el número de desertores que castiga a las brigadas en el frente de batalla. Las cifras  extraoficiales que muestran la severa reducción del número de soldados en el frente a causa de los combates, sino por la deserción de los que quieren escapar de la carnicería causada por los drones, los misiles y las bombas FAP de hasta 3000 kilos. 200 000 soldados han abandonado el frente y huido del país o se han escondido porque saben que son carne de cañón ante la indiferencia de la OTAN y de las élites de la UE. Ambas organizaciones libran una guerra por delegación o proxy, no declarada contra Rusia, pero empleando a Ucrania como aliada informal para sacrificar. Sí, en nombre de la democracia y las diversas libertades que cada vez son menos reales en estos países, incluida la misma Ucrania donde se prohiben hablar idiomas, el ruso en particular, la enseñanza en las escuelas como antes de la guerra y religión tradicional ortodoxa. Pero la desgracias no viene solas para los propios ucranianos, sino también para el resto de pueblos europeos. Esas élite político-militares desean mantener esta inútil guerra porque se benefician financieramente como grupo chupando los recursos que reciben a través de las diversas cargas impositivas directas o indirectas, socavando las ayudas públicas a los grupos más vulnerables, salud, educación, etc. y distribuyéndolas al complejo industrial militar, al propio gobierno de Kiev que nunca devolverá un centavo, porque una buena parte de esa élite local está forrando a sus dirigentes y a otros grupos cómplices. Los 90 000 millones! de euros presupuestados para 2026-27 ya se agotaron y Kiev exige 27 000 millones de  euros más. Todo este torrente de divisas para mantener la guerra no significa otra cosa que un oneroso sacrificio material para los mismos pueblos europeos que ven como las afamadas sociedades del bienestar se derrumban poco a poco, pasito a pasito, y donde los gobiernos como el de Alemania y Francia hacen equilibrio sobre la cuerda floja y sin red que los ampare, mientras la paciencia de la población estalla en las urnas o en las calles como lo estamos observando. Tal vez la estrategia rusa sea justamente esta buscando el deterioro material de los países OTAN sin necesidad de ataques directos, solo golpeando en Ucrania sus bases y ayudas, mientras que los estados se resquebrajan por las crisis financieras y sociales. 


Este muy probable llamado a filas de las mujeres jóvenes a vestir el uniforme, armarlas y enviarlas a las trincheras, de cumplirse, multiplicará el desastre  de natalidad presente en la ya disminuida a la mitad de la población del país. De 45 millones habitantes antes de la guerras, hoy Ucrania no tiene más de 25 millones, algunos cálculos registran menos, por la emigración de más de 7-10 millones oficialmente refugiados en otros países, las bajas en el frente y quién sabe dónde fueron a parar el resto que no aparece en las estadísticas. Este fenómeno pone en duda una recuperación inmediata de la sociedad, ni a mediano ni largo plazo, sino una larguísima dependencia de quien finalmente tome las riendas de la conducción del país. Si a eso de le agrega las bajas que los combates y bombarderos a los que somete Rusia a las tropas de Kiev, con pérdidas de miles de vidas cada semana, el aporte masivo de mujeres al frente causaría aún más una reducción del índice de natalidad futura que teóricamente hoy pudiera calcularse. La señal inequívoca es que si la diputada de la Duma, Maryana Bezuglaya, como mujer y en la edad de ser reclutada (hipotéticamente, claro) no deja dudas de que la decisión ya está tomada, solo es una cuestión de tiempo, del momento oportuno para que se implemente. Hace poco una mercenaria colombiana, Daniela Zapata Aquirre tuvo la suerte de caer prisionera y no muerta en manos de los rusos. Probablemente estas sean las primeras pruebas para ver cómo se comportan en el frente las mujeres cuando la violencia más extrema sacude la tierra y a los que allí están esperando la muerte en las trincheras.

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