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viernes, 6 de noviembre de 2026

“¡Qué me hiciste, Bibi!”



Cuando el 77% de los votantes estadounidenses respondieron que la guerra de Irán y sus consecuencias habían sido el motivo para votar a favor de los candidatos demócratas al Congreso, y en contra de los republicanos, terminó de cerrarse el “círculo de tiza caucasiano”. Ambos bandos se disputaron al “niño” de la obra de Bertold Brecht, tironeando de los brazos del electorado hasta que ganó el partido que logró presentar alternativas que, en algunos casos, parecía imposible que ganaran: un musulmán, un homosexual, una afroamericana, una mujer “hispana”, y así, rompiendo prejuicios  y campañas apoyadas por los billonarios de Silicon Valley y las corporaciones financieras e industriales. Porque en EEUU la democracia se basa en el grueso colchón de billetes con el rostro de George Washington en uno de sus costados (Elon Musk donó 470 millones de dólares para la campaña de los candidatos republicanos segun la agencia EFE y otros medios ) . 


De vez en cuando ese fenómeno es derrotado por una indignación monumental contra las consecuencias de las políticas de la Casa Blanca. En este caso, contra la administración  de Donald Trump que acompañó la fatal decisión de Benjamin Netanyahu de iniciar una guerra de decapitación contra los iraníes y su gobierno.  Trump, siempre sediento de petróleo, gas y lo que venga agregado de “yapa”, agradece con los ojos cerrados. Fatal error, los resultados para Washington y sus aliados fueron todo lo contrario a lo esperado, y el acto final en el territorio del imperio en declive, fue un golpe en el “arco de triunfo” de Trump.

Todavía faltan dos meses para que las mayorías cambien en ambas cámaras del Congreso y en las gobernaciones, así que Trump tiene todavía tiempo de seguir hundiendo su administración en el pantano de las guerras sin fin, o tratar de desatar los nudos que lo atan a Israel en Oriente Medio.

Entre los analistas y politólogos que buscan en los rincones más oscuros de esta administración, ven con poco o ningún optimismo un golpe de timón en la política exterior de EEUU. Por el contrario, un animal acorralado puede enfurecerse aún más y multiplicar sus zarpazos para que “si me hundo, nos hundimos todos”. En fin, estas son especulaciones y hasta que no lo veamos no hay porqué creerlo.

No obstante, no debemos olvidar quienes son las élites y corporaciones que se mueven detrás de las bambalinas del despacho oval y de las paredes del Congreso. Si, amigos/as/ues lectores, las figuras que se mueven detrás del escenario son las que sobornan a los representantes del senado y la cámara baja, a los partidos con los que se alían para beneficiar sus intereses independientemente de las cualidades y aspectos raciales, éticos, intelectuales y estilos de vidas. Es cierto, muchas y muchos de ellos despiertan simpatía, pero en la lógica de las guerras eternas que la Casa Blanca ha impuesto después de la 2aGM para consolidar su poder, a muy pocos no les temblaron la mano para votar en contra de las guerras decididas por sus presidentes. La de Irán no tuvo la anuencia del Congreso, esta vez Trump ignoró la opinión de los congresistas y financió la guerra con recursos de la secretaría de Guerra  del señor Hegseth, quien con mucho entusiasmo sigue los dictados de Tel Aviv y de la AIPAC ( la American and Israel Public Affairs Committes), y por eso ahora está en la mira de muchos que desean un chivo expiatorio para culpar del fracaso. Si, este narcisista que tiene dibujada la cruz de los cruzados medievales en el pecho, probablemente sea uno de los primeros en caer para lavarle el rostro a la administración Trump durante los dos años que le quedan al gobierno. Pero detrás de esos cuellos a cortar, quedan los principales responsables de estas guerras que a tanta gente le cuesta entender, pero que tienen sus lógicos motivos: seguir fabricando armas para el complejo militar industrial, buscar nuevos territorios ricos en hidrocarburos para las petroleras, minerales de todo tipo para las extractivas, capitales y riquezas para las financieras. La ambición y la avaricia son dos fuerzas que gobiernan las conductas de la plutocracia que actúa detrás de los Trump, los Macron, los Netanyahu, los Merz, las Meloni. Sin embargo, mucha gente prefiere cerrar los ojos y negarse a comprender las causas de tales situaciones porque, además, viendo o escuchando a los medios que son propiedad de esas plutocracias que manipulan la opinión pública, poco a poco se convencen de que hay una sola verdad, y los disidentes o críticos a la verdad oficial, son traidores, quinta columnas, sobornados por el enemigo.


A Trump, paradójicamente lo hundió esa plutocracia que lo llevó por el camino de la derrota disfrazada de “victoria” en el Golfo Pérsico. Al provocar la escasez de combustibles en el planeta, la consecuente suba de los precios por la escasez de combustible que afecta directamente al transporte y luego a la logística de cada país y su distribución, como efecto rebote, el mismo repercutió con la inflación en las carteras y bolsillos del consumidor. Un factor que en algunos casos es lo más decisivo para ir en contra de quien o quienes toman las decisiones en los gobiernos. Por esa a razón, y otras de diverso orden, pierden  elecciones Donald Trump, Benjamin Netanyahu, Flavio Bolsonaro, Aleksander Vucic y en el futuro otros candidatos que ya muestran los estertores políticos de sus partidos, sobre todo en Europa, donde crece la protesta callejera y en las urnas regionales como las de Alemania. Tal vez los esfuerzos por construir caminos  hacia sociedades más democráticas tengan éxito, o las plutocracias mencionadas logren imponer sus condiciones. Un final abierto para esta humanidad que busca en las tinieblas del presente una luz que nos conduzca por el sendero de la paz y la tolerancia.

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