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lunes, 19 de marzo de 2018

Cuentos en la Nube LA INICIACIÓN

Las primeras experiencias sexuales de los varones pueden llegar a ser un complicado proceso enlazado con los prejuicios sociales, los tabúes, la protección justificada a las jóvenes, la ignorancia sobre el sexo y sus consecuencias; si el amor está implicado o no, y no menos importante si por el debut sexual se paga por el acto de acostarse con una mujer. El siguiente relato es una historia perteneciente a mi generación, aquella que se debatía entre "el amor libre" o ir al quilombo porque no había otra alternativa.

LA INICIACIÓN

El grupo de amigos iba subiendo por una calle empinada entre bromas, empujones y risas estrepitosas. Eran cinco y estaban alegres por el vino que habían tomado en el bar y parrillero del Cangrejo. Nacho era el más joven de todos. Apenas diecisiete años cumplidos y en realidad ya debía haber regresado su casa como los padres le habían ordenado desde que le permitían salir a reunirse con sus amigos un rato por la noche. Pero hoy Nacho se sentía más alegre que nunca en compañía de ellos. Eran bastantes mayores que él pero las tempranas inquietudes de Nacho por el cine, la literatura y la cultura en general, le había abierto las puertas al grupo. Julián, Miguel, Pocho y Humberto tenían entre veinte y veintinco años. Ellos le llamaban Benjamín, y él estaba feliz porque lo habían aceptado a pesar de la diferencia de edad. 
Julián y Pocho fumaban y todos bebían cerveza, vino si cenaban carne asada en algún parrillero, espinillar cuando salían de parranda. Nacho había empezado con las primeras pitadas, pero no compraba cigarrillos. No tenía plata para hacerlo y se conformaba cuando alguno de los dos fumadores le ofrecía un pitillo. O le alcanzaban una cerveza para que los acompañara cuando sentados en el bar preferido del Cangrejo pasaban las horas del sábado charlando con otros amigos.

Esa noche sabatina habían salido del bar y se encaminaban a otro lugar alejado del centro. 
Vamos a festejar tus diecisiete en lo de Alma - dijo Julián pasando el brazo por el hombro de Nacho.
Vas a entrar por primera vez a un quilombo a tomarte una cerveza con amigos- se rió Miguel mientras le daba una cachetada amistosa en la mejilla y le hacía una guiñada a los otros.
Y si no nos gusta el ambiente cruzamos a lo de Blanche, agregó Humberto. 

Nacho sabía que eran los prostíbulos legales del pueblo, pero nunca había pisado esos lugares porque era menor de edad. Alma y Blanche, las propietarias, regenteaban con mano dura los locales que estaban ubicados uno frente al otro. Había un bar en cada una de las esquinas con espacio para unas mesas y una pista de baile que los clientes usaban para bailar con las mujeres que ejercían la prostitución. Esa noche el bar de Alma estaba muy frecuentado y la música llenaba el salón. Un trío improvisaba milongas, tangos  y cumbias al son de una guitarra, un acordeón y un bajo. 

Te tenemos una sorpresa, Benjamín - dijo Pocho al llegar y detenerse en la puerta del local. En ese momento sonaba el tango Te acordás hermano” y dos parejas quebraban el talle muy concentrados en el baile. 
No me digas? Me van a invitar con un ron? - preguntó Nacho sorprendido y contento porque creía que iba a probar por primera vez la bebida fuerte que los amigos le habían prometido cuando una oportunidad propicia se presentara.
Ya verás, pero tenés que prometer que no te vas a arrugar, eh? 
Por supuesto que no - respondió con voz segura,  aunque no pudo simular que un temblor imperceptible tintineaba detrás de las palabras si alguien tenía el oído atento. Pero no fue así porque la música y las risas ocultaban lo matices de las voces. 

Los cinco amigos entraron finalmente en el bar, saludaron a Alma que estaba sentada detrás de la barra del mostrador, aparentemente semidormida. No obstante todos sabían que detrás de esa apariencia vigilaba con ojo de halcón todo lo que pasaba a su alrededor. Los que bebían, los que bailaban y los que se iban a las habitaciones acompañados con las chicas. Nadie conocía su edad. Al igual que su rival al otro lado de la calle, había llegado siendo niña del Líbano cuando el Imperio Otomano comenzó a perseguir a los cristianos, había leído Nacho en un libro. Eran inmigrantes sirios-libaneses que huían de la guerra y la miseria entreverados con armenios y otras nacionalidades. Todos les llamaban turcos” indistintamente, porque tenían pasaportes de aquél país. Nacho trató de leer en aquél rostro marcado por profundas arrugas, donde una nariz prominente dominaba como un peñón circundado por una cabellera negra y crespa que ensombrecía aún más su severo aspecto. Huellas que  hablaban de las penurias pasadas durante la huida junto a su familia con destino a Montevideo, pensó Nacho, cuyos pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Julián.
 Sírvanos espinillar a todos -pidió Julián al barman que sonrió levemente al mirar fijamente a Nacho. 
No te preocupés, que está con nosotros y solo lo vamos a invitar con una copa -agregó Julián mientras levantaba el vaso y pronunciaba las tres palabras del ritual.
Salud, Amor y Fortuna!
Sea! - dijeron todos a la vez.

En eso se acercó al grupo una mujer de mediana edad, algo entrada en carnes pero con los vestigios de una belleza 
pasada que con el tiempo se había ido apagando entre los destellos que todavía relucían en sus ojos y la dura vida de 
prostituta en los lupanares.
 Esta es Pati, la sorpresa que teníamos para vos, Benjamín - dijo Humberto que había conversado con la mano derecha de Alma, la tana Rosario, una cincuentona con brazos de luchador. Nacho dio un respingo y un paso atrás cuando Pati se acercó él sonriendo y abrazándolo le dió un beso tronante en la mejilla. Se puso colorado contra su voluntad y quedó rígido frente a la mujer. Sin embargo Pati siguió sonriendo y con voz dulce le dijo:
Que pintún que sos nene. Tengo ganas de comerte todo… Vení, vamos a divertirnos juntos -y Pati lo tomó de la mano y lo arrastró fuera del local. Él se dejó llevar porque en ese momento no sabía que hacer.

Vení guachito con mami. Te voy a enseñar algunas cosas que todavía no has aprendido -dijo ella riendo bajito y algo coqueta.

Nacho sintió que aquéllo estaba escapando de su control porque había creído que era una broma de sus amigos en connivencia con Pati. Pero no era así. Ella seguía arrastrándolo a través de un patio de baldosas blancas y negras, sombrío y lleno de susurros provocados por otras parejas, quizás discutiendo algún precio o hablando simplemente sobre temas de los que Nacho no tenía la menor idea.

Dale nene, caminá más rápido que tengo clientes esperando - mencionó con voz urgente Pati que de todas maneras no había perdido el tono cariñoso. Entraron en una habitación iluminada levemente. Una cama de dos plazas prolijamente tendida ocupaba el centro de la habitación. La sobrecama de color rosa viejo hacía juego con dos lámparas cuyas  pantallas expandían una luz roja en las paredes. En un rincón había un tocador con dos botes de cremas y dos frascos de perfumes baratos, y elevándose sobre ellos, un espejo que reflejaba la cama y los almohadones de pluma. En el otro rincón una palangana de porcelana con agua tibia descansaba sobre un trípode de hierro forjado.

Vamos, bajate los pantalones y sacate los calzoncillos. Vamos a lavar el pito, nene. No te quedes ahí parado. Vení te digo
Está bien, ya voy - respondió Nacho en voz baja y atragantándose, mientras con paso vacilante caminaba hacia la palangana donde Pati removía el  agua con sus dedos llenos de anillos. Ella se enjabonó las manos y tomó el desfallecido miembro y empezó a lavarlo con cuidado. 

Ves nene? Esto hay que hacer cuando estés con tu novia antes de coger. Siempre bien limpita la verga, sabés? Mirá 
que la tenés bastante grande, atorrante. Las mujeres tienen la concha muy sensible a las enfermedades que los hombres pueden transmitirles, claro que a veces sin saberlo, ta? Por eso tenés que usar condón. Es lo más seguro. 
Ta? Tomá, ponételo.
Sí, Pati - balbuceó Nacho mientras se secaba la entrepierna con la toalla que le había acercado la mujer y trataba de ponerse el forro como le llamaban sus amigos. Pati se dio cuenta que era la primera vez que lo hacía y lo ayudó a ponerlo en su lugar. 
Ahora vení a la cama, que vamos a follar como dicen en España. Conocías esa palabra?
No, no sabía que decían así.
Nosotros decimos coger, pero en otros países usan otras palabras, algunas muy divertidas - le decía Pati de espaldas mientras se desnudaba sentada en la orilla de la cama.

Nacho vio la desnudez de la mujer iluminada por las luces rojas de la habitación y reflejada en el espejo que devolvía la imagen de sus senos protuberantes de pezones oscuros, el vientre con dos pliegues que subían hasta sus pechos, los muslos todavía firmes y en medio de ellos un bosque oscuro donde palpitaba el sexo con el que había soñado infinidad de veces en sus fantasías de adolescente mientras se masturbaba. De rodillas en la mitad de la cama Nacho sintió entonces que lo invadía un calor gratificante y que su sexo comenzaba a cobrar vida, ya no estaba laxo como antes, sino que empezaba a crecer y a endurecerse. Pati se acostó de espaldas y tomó entre sus manos el miembro del chico y jugó con él un momento.

Vamos, vamos! - dijo imperativamente al ver que la caricia no daba todo el resultado esperado. 
No pensarás que te la voy a chupar, no? - murmuró Pati mirándolo desconfiada.     
No, es que no estaba preparado para esto. Me gustás pero todo ocurre tan rápido que me cuesta hacerme la idea que realmente vamos a coger - dijo Nacho con voz cada vez más desamparada. Sentía que el deseo de poseerla  se le escapaba nada menos que a través de su sexo, como un globo que se desinfla cuando se suelta la atadura. Se acostó de espaldas zafándose de las manos de Pati, y por primera vez vio las manchas de humedad en el techo de la habitación disimuladas por la tenue luz. 

Que te pasa gurí? Dale! No me hagas perder el tiempo, ya te dije que tengo más clientes esperando, carajo!
El tono cariñoso y sensual había desaparecido de la voz de Pati. Ahora lo urgía y Nacho sintió que la angustia subía por su pecho y lo paralizaba.

Lo siento Pati, no puedo. Me siento extraño contigo y en este lugar - pudo responder con la voz ahogada.
Tus amigos ya me pagaron. Así que si querés vestite y regresá con ellos - dijo fríamente Pati, indiferente.

  Nacho se incorporó de la cama cabizbajo, se vistió y antes de abrir la puerta se dio media vuelta y miró a Pti todaví
recostada en la cama.
Adiós Pati, lo siento.
No lo sientas nene. Para mi fue un ratito divertido y de descanso. Además tus amigos me pagaron, jajaja! - rió con 
alegría fingida. No le gustaba que un cliente se marchara sin que ella hubiera logrado que la penetrara y provocarle un orgasmo. Podía difundirse la noticia del fracaso del chico y convertirse en publicidad negativa para sus intereses. Y se las tendría que ver con Alma.. 
Mirá gurí, no digas a tus amigos que no pudiste coger conmigo. Que quede solo entre nosotros. Ta? 

Nacho solo afirmó con su cabeza que estaba de acuerdo. Cerró la puerta, caminó unos pasos y se detuvo en el patio que ahora estaba vacío. Podían sin embargo escucharse gemidos y suspiros desde los cuartos que tenían las ventanas abiertas, y la música del bar. Dudó si marcharse directamente a su casa o ir hasta el bar donde sus amigos lo estaban esperando.  Hizo un poco de tiempo, y pensó que de todas maneras debía agradecer el regalo que le habían hecho. Habían tenido buenas intenciones con el regalo. Querían que debutara sexualmente con una profesional. Y casi lo logra, pero se sentía vacío y humillado, aunque le costaba reconocerlo.  Entró en el bar para encontrarse con ellos, allí estaban todavía. Pocho bailaba con una de las mujeres mientras los otros bebían cerveza parados frente al mostrador.

Aquí viene el machocabrío, el sátiro poronguero! -dijo Julián al verlo entrar.
Epa! qué rápido que pegó la vuelta, amigo! Cómo fue eso? - preguntó Humberto.
Te gustó la experiencia, Benjamín? - martilló Miguel en los oídos de Nacho que todavía dudaba que iba a decirle a sus amigos.
Sí, fue muy bueno. Pati es maravillosa -mintió mirando el piso.

Los amigos callaron por un momento. El silencio puso aún más incómodo a Nacho que no sabía qué decir. Al final se le escapó un suspiro y atinó a decir:
Tiene las tetas grandes como melones! Un coro de carcajadas apagó por unos segundos el bullicio del local. Después Nacho y sus amigos regresaron calle abajo en silencio, mientras la música se iba apagando a sus espaldas. Y Nacho juró para sí mismo que no visitaría jamás un quilombo, allí donde estuviera.



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