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sábado, 20 de mayo de 2017

Días de Cine EL EFECTO MACRON



Souvenir es la simple historia sobre "Laura" (Isabelle Huppert) una cantante que después de ocupar el segundo lugar después de ABBA en el Eurovision Song Contest 1974 aterriza en un limbo con forma de fábrica de pâté, lejos de los escenarios, las luces y los aplausos. Pero la casualidad en ese mundo rutinario lleva al encuentro con el joven Jean ( Johan Leysen) boxeador amateur,  quién a pesar de ser muy joven, 22 años, sospecha y luego confirma que está frente a la gran cantante que hace tres décadas atrás había casi ganado para Francia el premio de más prestigio de la canción europea, y que desde entonces habia vivido en el anonimato.

El mundo de Laura, su nombre artístico, porque en realidad se llama Liliane, es el sueño de J.D. Perón cristalizado en aquella famosa frase "del trabajo a la casa y de la casa al trabajo" si es cierto que alguna vez la pronunció. En todo caso Laura parece haber aceptado ese triste destino de adornar el pastel asado con hojas de laurel y frutas del bosque, en un triste y rutinario medio ambiente laboral que culmina en el sofá de su casa con una botella de Calvados y un programa de entretenimiento en la TV.

Jean, que finalmente comprueba que ella es la Laura, admirada también por su padre,  rompe el hielo en el corazón de la olvidada artista, y el de su rostro de cera, algo que la Huppert es experta en poner frente a la cámara, indiferente a lo que pasa a su alrededor. Sus personajes,  muchas veces dramáticos, tienen ese rostro de esfinge, impenetrables y misteriosos.
 Y comienza una relación amorosa con Jean (desaprobada por la madre del chico, celosa de Laura) que lleva poco a poco a que Laura inicie otra vez el camino del éxito, convencida por Jean de que su voz todavía llega a tocar mágicamente el alma de los franceses. El inicio no es muy glamoroso,  canta en los hogares de ancianos, en los cuarteles y en otros ambientes hasta presentarse en el nuevo concurso nacional para participar de nuevo en Eurovision.

El final podría haber sido un cliché, pero el director Bove Defurne (Bélgica 1971)  rompe con las normas sociales y sorprende cuando parecía que las ilusiones de los protagonistas entraban en las apartadas órbitas designadas por los prejuicios y las convenciones. Simple pero conmovedora, con una cuota de optimismo de que el amor no tiene edades. El síndrome Macron  parece estar de moda.



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